UN SEMILLERO DEL PENSAMIENTO CRISTIANO: PALABRAS DE LEÓN XIV A LA COMUNIDAD DE VILLA NAZARETH (30/05/2026)
Gracias. Gracias a todos.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
[Saludo del Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin)
Queridos hermanos y hermanas, buenas tardes y bienvenidos:
Saludo a Su Eminencia el Card. Pietro Parolin y le agradezco por sus palabras de bienvenida e introducción a la hermosa realidad de Villa Nazareth, así como a Su Excelencia Claudio Maria Celli, a los sacerdotes y religiosos presentes. Saludo a los representantes de los distintos componentes de Villa Nazareth – a la Fundación Sagrada Familia de Nazareth, la Asociación Comunidad Domenico Tardini, la Fundación Comunidad Domenico Tardini – y a los estudiantes del Colegio, testigos de un camino que ha visto a esta realidad crecer y cambiar, como lo requiere la caridad, para responder en el tiempo a las exigencias siempre nuevas de la formación juvenil. Quisiera recordar, al inicio de este encuentro, a algunas figuras significativas de su historia: el Cardenal Domenico Tardini, Fundador, el Cardenal Antonio Samorè, su primer sucesor, y el Cardenal Achille Silvestrini, facundo y autorizado intérprete del proyecto inicial; pero nuestro reconocimiento se dirige también a numerosos estudiantes, exalumnos, amigos y familias que han dado una contribución valiosa.
Villa Nazareth nació en 1946, después del final de la Segunda Guerra Mundial, como signo e instrumento de educación y paz. El Fundador había entendido que, para promover una paz duradera, era necesario formar a jóvenes convirtiéndolos en líderes en hacer el bien, dándoles instrumentos adecuados para vivir los valores del Evangelio en familia, en el estudio, en el descanso y el ejercicio de la profesión. Por eso inauguró en Villa Nazareth una realidad formativa de amplio alcance – espiritual, intelectual y moral –, con el objetivo particular de volver dicha oportunidad accesible a quienes, ricos en talentos y buena voluntad, les faltaron los medios necesarios para tener acceso a un curso de estudios.
Villa Nazareth tiene la intención de proponer caminos educativos animados por una profunda inspiración cristiana y humana, con una especificidad de método, es decir el camino comunitario, acompañado por expertos formadores y realizado a través de la participación de todos, según lo deseado en la Constitución apostólica Veritatis gaudium (cf. n. 4).
Sé cuánto y cómo el Cardenal Silvestrini ha sido maestro y guía en el camino formativo de muchos de ustedes, y como su enseñanza inspira todavía muchos proyectos realizados por la comunidad de Villa Nazareth. Su propuesta formativa, que en definitiva contiene las líneas guía del camino humano y espiritual de cada uno de ustedes, contempla algunos íconos bíblicos: que ellos puedan ser siempre fuente inspiradora de su acción. En particular, el episodio evangélico del Lavatorio de los pies y la parábola del Buen samaritano ayudan a comprender cuál debería ser el estilo de vida de un discípulo del Señor: estamos llamados no para ser servidos sino para servir, atentos a cada hombre o mujer que encontramos en nuestro camino, para ofrecerle gestos concretos de amor.
En esta perspectiva, es bueno recordar lo que escribía el Papa Francisco: «llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios conducirnos más allá de nosotros mismos para que lleguemos a nuestro ser más verdadero» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 8). En efecto, como quise subrayar en la Encíclica apenas publicada, «lo que salva al ser humano no es la autosuficiencia potenciada, sino una relación que libera, una comunión que transforma» (Magnifica humanitas, 128). Hoy la humanidad se encuentra «ante una elección decisiva: alzar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad en donde Dios y la humanidad vivan juntos […] en la cual la dignidad de cada persona sea custodiada, la justicia sea promovida y la fraternidad se haga posible» (ibid., 1). Y estos dos iconos nos recuerdan cómo actuar para responder a los desafíos que tenemos frente a nosotros.
A la luz de todo esto, quisiera, sin embargo, recordar y animar un último aspecto de su trabajo: la intención de hacer de Villa de Nazareth un hogar y un semillero de pensamiento cristiano, en el cual la confluencia de los esfuerzos intelectuales, Morales y económicos de hombres y mujeres pertenecientes a distintas generaciones y ambientes de vida contribuye a la profundización, el crecimiento y la difusión de una cultura cada vez más iluminada por las enseñanzas del Evangelio.
En ocasión de la visita por el 50º aniversario de fundación de la Comunidad, San Juan Pablo II los animaba a asimilar y transmitir esa Sabiduría que «purifica, integra, lleva a la plenitud de los esfuerzos más nobles de la inteligencia y la laboriosidad humana, sustrayéndolos de la prisión del orgullo y de la lógica del dominio y abriéndolos a la perspectiva del amor y del servicio» (Discurso a la Comunidad de Villa Nazareth en el 50º aniversario de fundación, 8 de junio 1996).
El Papa Benedicto XVI, pocos años después, reiteraba la invitación a Villa Nazareth para «formar a sus jóvenes para la valentía de las decisiones, en una actitud de apertura al diálogo, con referencia a la razón purificada en el crisol de la fe» (Discurso a la “Comunidad Domenico Tardini”, 11 de noviembre 2006). Y recordando el diálogo entre el diácono Felipe y el etíope, narrado en los Hechos de los Apóstoles (cf. 8, 26-40), agregaba: «Es, entonces, importante que alguien llegue junto a quien se encuentra en camino y le anuncie “la buena nueva de Jesús” cómo hizo Felipe. Se encuentra aquí eclipsada la “diaconía” que la cultura cristiana puede desarrollar a la ayuda a personas en búsqueda para descubrir a Aquel que está oculto en las páginas de la Biblia, así como en las experiencias de vida de cada uno» (ibid.); y concluía: «ninguna cultura puede estar contenta consigo misma mientras no descubra que debe estar atenta a las necesidades reales y profundas del hombre, de cada hombre» (ibid.).
Son llamados más que válidos también hoy, en un tiempo en el cual los jóvenes disponen de oportunidades y medios de conocimiento y crecimiento maravillosos, pero que tienen también mucha necesidad de luz y guía, sobre todo para lograr unir mente y espíritu, fe, estudio, profesión y vida.
Por eso también yo hago eco de mis predecesores, exhortándolos a continuar con impulso renovado su obra. Agradezco de corazón a todos ustedes – formadores, estudiantes, asociados, exalumnos, amigos – por el bien con el que enriquecen cada día a la Iglesia y a la sociedad.
Los encomiendo a María, Madre de la sabiduría y Estrella en nuestro camino, mientras que de corazón les imparto a todos la Bendición Apostólica.
Gracias.

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