AYUDAR A LOS VULNERABLES ES UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA ANTES QUE DE CARIDAD: PALABRAS DE LEÓN XIV A LA FUNDACIÓN JUAN PABLO II PARA EL SAHEL (09/05/2026)
Excelencias, distinguidos miembros del Consejo de Administración, Reverenda Hermana, Reverendos Padres, hermanos y hermanas.
La paz esté con ustedes.
Este saludo tan antiguo, que aún se utiliza hoy en muchas culturas, encontró todo su vigor en la tarde de Pascua en los labios del Jesús resucitado. «La paz tiene el aliento de lo eterno». San Agustín corrobora esta afirmación exhortando a los cristianos a formar una amistad indisoluble con la paz, para que, manteniéndola en lo más profundo de su espíritu, puedan irradiar su calor luminoso a su alrededor (cf. Mensaje Jornada Mundial de la Paz 2026). Es con este deseo de paz para nuestro mundo, con el que me alegro por esta audiencia, que me brinda la oportunidad de conocerlos por primera vez, como miembros del Consejo de Administración de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel.
En primer lugar, me gustaría agradecer a Su Excelencia, Monseñor Hassa Florent Koné, por haber cumplido con diligencia el mandato de Delegado Pontificio que le confió mi predecesor, el Papa Francisco, trabajando de manera sinodal con todos los Administradores, así como con la Curia Romana – el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral, la Secretaría de Estado, la Secretaría de Economía, entre otras –, para acompañar juntos a la Fundación hacia un nuevo comienzo. Les doy las gracias a todos y los animo a que marquen, con la gracia de Dios, una renovación en la misión de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel.
Queridos hermanos:
Después de más de cuarenta años de experiencia, la Fundación ha alcanzado un punto de inflexión caracterizado también por desafíos externos vinculados a crisis económicas multidimensionales a nivel internacional. Es en este contexto que la revitalización de su misión, conforme a las normativas vigentes por la Santa Sede, se ha vuelto indispensable. Es en este espíritu que la reunión del Consejo de Administración del pasado febrero en Dakar, se marcó por la adopción de los nuevos Estatutos, la elección del nuevo Presidente y la designación de los nuevos miembros del Consejo de Administración. Les agradezco a todos su contribución constructiva a este proceso. Con estos Nuevos Estatutos, la Fundación Juan Pablo II para el Sahel adopta un nuevo hábito en la continuidad de su misión, como signo efectivo del amor de la Iglesia por sus hijos e hijas de África Occidental, en el espíritu del Solemne Llamado lanzado en Uagadugú por su santo Fundador, el Papa Juan Pablo II, en 1980.
Queridos hermanos:
En un mundo que enfrenta desafíos complejos como tensiones geopolíticas, desigualdad, guerras, problemas relacionados con la inseguridad, el terrorismo, la inestabilidad política y económica, las crisis climáticas, cuyas consecuencias incluyen flujos migratorios, la relevancia de la misión de esta Fundación parece más clara que nunca. A través de su propósito principal, contribuye a la obra de Dios, a la protección de la «casa común» y hace evidente su responsabilidad social. Rescatar a las víctimas de un desastre natural o a personas vulnerables es, en efecto, una cuestión de justicia antes que de caridad. Es en esta dinámica que celebro su decisión unánime de mantener la Fundación Juan Pablo II para el Sahel como una Fundación Pontificia, en el espíritu de su Santo Fundador, a la luz de los nuevos Estatutos. Como persona jurídica instrumental del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral, espero y los exhorto a que, a la luz de la subsidiariedad, su colaboración en la sinodalidad, con este Dicasterio y las demás instituciones de la Santa Sede, contribuya al respeto y promoción de la inalienable dignidad humana de los pueblos del Sahel, a través de proyectos de desarrollo humano integral.
No tengo ninguna duda de que este nuevo camino de la Fundación los coloca frente a una situación desconocida, caracterizada por desafíos. Como dijo el Papa Francisco, estos desafíos son enormes, pero juntos avanzamos con un espíritu sinodal y un compromiso renovado sin perder la esperanza. Los encomiendo a todos la protección maternal de la Santísima Virgen María y a la intercesión de San Juan Pablo II, y de todo corazón los bendigo.

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