QUE NADIE SE QUEDE SOLO: PALABRAS DE LEÓN XIV A MIEMBROS DE LA ASOCIACIÓN ITALIANA DE ESCLEROSIS LATERAL AMIOTRÓFICA (09/05/2026)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos:
Los saludo cordialmente y les agradezco por este encuentro, así como por todo lo que hacen para la protección, la asistencia y el cuidado de los enfermos de esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
Son una asociación que une a personas que viven en la enfermedad, a familiares y “cuidadores”, en una alianza terapéutica de fuertes cercanía y proximidad que encarna muy bien el estilo mismo de Jesús frente a quienes sufren (cf. Lc 4, 38-39).
La primera aportación de este “pacto”, que quiero subrayar, es el de quién está afectado por la ELA, y cada día, con compromiso, fe y valentía, da testimonio de qué la bondad y el valor de la vida son más grandes que la enfermedad y que, más aún, los mismos desafíos que ésta implica pueden enfrentarse juntos, transformándolos en ocasiones especiales y privilegiadas para dar y recibir amor. Gracias por eso. Ustedes, como profetas, enseñan a todos el valor real de la vida, y nuestro mundo necesita mucho este mensaje.
La Asociación apoya, además, la investigación científica, la formación, la información y la asistencia, desarrollando también un importante papel de representación y defensa, y sensibilizando a los individuos, las comunidades e instituciones, también a nivel civil, ahí donde se hace necesario proteger los derechos de quien necesita ayuda.
Otro aspecto de su estilo de trabajo es, además, la proximidad, a partir de la cercanía territorial, que los hace presentes cerca de los lugares donde viven los que sufren. También esto es muy importante, porque el cuidado de la salud, además de organización y capacidad, requiere presencia, incluso física, para el bien de la persona en sus distintas dimensiones: biológica, psíquica y espiritual. La Iglesia siente mucho el valor de este “estar cerca”: de acercarse a las personas, allí donde se encuentran, en sus casas, para ofrecerles un acompañamiento, más que asistencial, también espiritual, especialmente con atención a las necesidades de sentido que el dolor suscita y que no pueden permanecer sin ser escuchadas.
En las distintas situaciones de la vida, sobre todo en las difíciles, nadie nunca debe ser dejado solo, y el voluntariado, uniéndose en la gratuidad, realiza poderosamente este valor, poniéndose en circulación la solidaridad y el respeto y respondiendo con gestos de cuidado a la cultura del descarte y de la muerte (cf. Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24 noviembre 2013, 53).
Queridos hermanos y hermanas, Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, qué pasó por ciudades y pueblos «curando toda enfermedad y todo mal» (Mt 9, 35), quiso vivir a su vez la pasión, su Via crucis, como tiempo de prueba, de dolor físico y sufrimiento espiritual. Fue solidario con nosotros hasta el final, mostrándonos, sin embargo, con su cruz y resurrección, que el dolor y el sufrimiento no pueden detener al amor ni borrar el poder de Dios (cf. Fil 2, 5-11). Por eso todos nosotros, hijos de su Pascua, somos el pueblo de la esperanza, que no se rinde frente a las dificultades, sino que unido y solidario, con la ayuda de Dios, sigue caminando, sin rendirse nunca. Y en esto yo les agradezco de corazón por su valentía, ¡no se rindan, caminen con esta valentía y la esperanza en el Señor!
Gracias por lo que hacen. Los acompaño con mi oración y, encomendándolos a María y a muchos Santos héroes de la caridad, los bendigo de corazón.

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