EL TIEMPO ES UN MAESTRO PACIENTE Y CURA LAS HERIDAS: CARTA DE LEÓN XIV A UN JOVEN ESTUDIANTE (19/05/2026)
Muy querido Santo Padre:
Soy Pietro, un estudiante de 18 años. Vivo en Reggio Calabria y soy alumno del último año del Liceo Clásico (N. del T. El último año de la Preparatoria, en el área de Artes). En este periodo de conclusión de un camino importante, como son los cinco años de la escuela superior (N. del T. El bachillerato, en México), advierto dentro de mí mucha inquietud y confusión, que afecta principalmente las relaciones y los vínculos que he construido en este tiempo. Siendo el temor de perder todas las amistades conquistadas en este capítulo de mi vida, no sólo en la escuela, sino también en la parroquia y en mi vida cotidiana. Se abre frente a mí una fase de profundo cambio, a partir de la elección de la universidad, que determina un poco el paso a una edad siguiente; en mi relación con el Señor siento su presencia constante que, sin embargo, me despierta el deseo de nuevas respuestas sobre lo que será mi camino. Su Santidad, yo sueño en construir y realizar el proyecto de una familia unida en el amor de Cristo para caminar junto a alguien en el camino de Su amor, pero como dije, mis certezas sobre las relaciones vacilan, temo no lograr siquiera entender cuáles son los vínculos auténticos que vale la pena conservar y alimentar y cuales son menos sinceros de los cuales puedo prescindir. Santo Padre, por todo esto y por mi próximo futuro, le pido que ore por mí, para que pueda entender cómo convivir con este sentimiento de inquietud y nostalgia que me está acompañando y pone en riesgo el emprendimiento sereno de mi camino, siempre haciendo la voluntad de Dios.
Pietro de Reggio Calabria
Respuesta del Santo Padre
Muy querido Pietro:
Leí con emoción tu carta. En ella reconozco el corazón de un joven que no se conforma y que toma en serio su vida. Quisiera decirte ante todo una palabra que viene antes que cualquier otra: tú eres amado por Jesús. No de una manera abstracta, sino personalmente, así como eres hoy, con tus preguntas y sueños, tus miedos y deseos. Este amor te precede y te acompañará siempre, no depende de las decisiones que tomes ni de los caminos que recorras.
Jesús conoce bien la experiencia de la amistad. Llamó amigos a sus discípulos, con ellos compartió el pan y el camino, era amigo de Lázaro, de Martha y de María. Vivió vínculos verdaderos y auténticos hasta experimentar la fatiga de la separación y la traición. Por eso Jesús sería el primero en entender tu temor por perder las amistades que han marcado estos años. Para ti no todo permanecerá igual, pero lo que ha sido auténtico no se pierde, más aún, el amor verdadero no se disuelve y permanece para siempre, madura incluso cuando cambia de forma.
La inquietud de la que me hablas no es un signo negativo. A menudo ese lugar en el cual Dios trabaja en profundidad. Es como la tierra que el campesino ha arado y está lista para recibir una semilla nueva. Te invito a escuchar con sinceridad los deseos de tu corazón, no los pasajeros que se derriten como la nieve en el sol, sino los que resisten en el tiempo, te hacen advertir una paz profunda y te orientan hacia decisiones de bien, a la entrega de ti mismo y hacía una vida compartida. De allí nace el discernimiento.
No tengas prisa por comprender todo de inmediato. El tiempo es un maestro paciente y cura las heridas. La oración cotidiana, incluso sencilla y pobre en palabras, la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el diálogo con personas sabias te ayudarán a reconocer qué vínculos custodiar y hacer crecer y cuáles, sin juicio, abandonar. No todo lo que termina es una derrota: a veces es sólo un paso necesario para crecer.
Tu sueño de una familia fundada en el amor de Cristo es un don valioso también para la Iglesia, protégelo con confianza. El Señor no defrauda los deseos que Él mismo ha encendido en el corazón.
Te aseguro mi oración. Pido para ti la gracia de la paz interior, de la confianza y de una mirada limpia sobre tu vida. Te encomiendo a María, que desde joven aprendió a confiar a pesar de que había custodiado en su corazón preguntas más grandes que ella.
LEÓN XIV

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