SEAN ARTESANOS DE PAZ, EL REARME ENRIQUECE A LAS ÉLITES: PALABRAS DE LEÓN XIV EN LA UNIVERSIDAD “LA SAPIENZA” DE ROMA (14/05/2026)

El Papa León XIV visitó la Universidad “La Sapienza” este 14 de mayo, la más antigua de Roma, y en su discurso se detuvo en la “contaminación de la razón que desde el plano geopolítico invade toda relación social”, generando un mundo “deformado” por las guerras y por las palabras de guerra. Invitó a practicar un sabio ejercicio de la memoria y a “custodiar la justicia”, así como a vigilar el desarrollo y la aplicación de las inteligencias artificiales en el ámbito militar y civil. Compartimos a continuación el texto de su discurso, traducido del italiano, así como sus intervenciones en otros momentos de su visita a la Universidad:

Saludo improvisado en la Capilla Universitaria

Buenos días. Un saludo a todos, a la Rectora, a Su Eminencia, a los Obispos auxiliares, a todos ustedes estudiantes, a los profesores.

He querido iniciar esta visita de esta mañana aquí en la Capilla, en esta hermosa iglesia, punto de encuentro con el Señor. Porque, ante todo, mi visita de esta mañana es una visita pastoral: conocer un poco la Universidad, conocerlos a ustedes, poder saludar y compartir un breve momento en la fe. Quien investiga, quien estudia, quien busca la verdad, finalmente busca a Dios, encontrará a Dios, encontrará a Dios precisamente en la belleza de la creación, en tantas formas en las cuales Dios ha querido dejar su huella, en todo aquello que somos, sobre todo como hijos e hijas de Dios, criaturas hechas a su imagen, pero también en su creación.

Entonces es un hermoso momento hoy compartir un poco por la comunidad universitaria, en este centro de estudio…, creo que es el más grande en toda Europa. Y entonces es realmente una bendición, un don de Dios, encontrarse aquí y vivir este momento, sabiendo que es Dios el que nos ha llamado, es Dios el que ha entregado esta maravillosa creación para todos nosotros. Les deseo no sólo un buen día, sino un buen estudio, y que este tiempo que viven en esta Universidad sea realmente para todos ustedes un encuentro con Dios y con la belleza de la vida.

Ahora les doy la bendición a ustedes, después seguimos un poco la visita en otros lugares de la Universidad.

[Bendición]

Bien, que tengan un buen día, gracias a ustedes. Gracias por el recibimiento.

Palabras de saludo a los estudiantes presentes en la Plaza central del Ateneo

Buenos días a todos. Bueno, gracias por el recibimiento. Estoy muy contento de estar aquí hasta mañana con ustedes, podrán seguir todo el encuentro a través de las pantallas. Y espero que sea un momento de gracia, un momento de alegría para toda la comunidad de La Sapienza. Saludos a todos ustedes y nos vemos en un momento.

Discurso del Santo Padre

Rectora Magnífica, autoridades políticas y civiles, ilustres docentes, investigadores y personal técnico administrativo y, sobre todo, queridos y queridas estudiantes:

Recibí con gran Alegría la invitación para encontrarme con la comunidad universitaria de La Sapienza – Universidad de Roma. Su Universidad se caracteriza como polo de excelencia en distintas disciplinas y, al mismo tiempo, por su compromiso a favor del derecho al estudio, incluso de quienes tienen menores posibilidades económicas, de las personas con discapacidad, de los detenidos y de quienes han huido de zonas de guerra. Por ejemplo, aprecio mucho que la Diócesis de Roma y La Sapienza hayan firmado un convenio para la apertura de un corredor humanitario universitario en la Franja de Gaza. Es, por tanto, importante para mí, que soy el Obispo de Roma desde hace más de un año, poder encontrarme con ustedes. Con corazón de pastor quisiera dirigirme en primer término a los estudiantes y después a los docentes.

Las calles de la ciudad universitaria, que he recorrido para llegar hasta aquí, son atravesadas cotidianamente por muchos jóvenes, habitados por sentimientos contrastantes. Los imagino a veces distraídos, alegres por su propia juventud que, incluso en un mundo atribulado y marcado por terribles injusticias, les permite sentir que el futuro está aún por escribirse y que nadie puede robárselos. Entonces, los estudios que realizan, las amistades que surgen en estos años y el encuentro con distintos maestros del pensamiento son promesa de lo que puede cambiar para mejorarnos a nosotros mismos, incluso antes que a la realidad alrededor nuestro. Cuando el deseo por la verdad se hace investigación, nuestra audacia en el estudio da testimonio de la esperanza de un mundo nuevo.

Saben que estoy ligado espiritualmente a San Agustín, que fue un joven inquieto: cometió graves errores, pero nada perdió de su pasión por la belleza y la sabiduría. A este respecto, me ha dado gusto recibir de su parte un gran número de preguntas: cientos. Obviamente no es posible responder a todas, pero las tengo presentes, deseando para cada uno buscar más ocasiones para dialogar. También por esto existen en las universidades las capellanías, donde la fe se encuentra con sus preguntas.

De la inquietud existe, sin embargo, también un rostro triste: no debemos ocultar que muchos jóvenes se encuentran mal. Para todos son tiempos difíciles; alguno sin embargo puede tener la impresión de que no acabarán nunca. Hoy esto depende cada vez más del chantaje a las expectativas y la presión del desempeño. Es la mentira dominante de un sistema distorsionado, que reduce a las personas a números exasperando la competitividad y abandonándonos a espirales de ansiedad. Precisamente este malestar espiritual de muchos jóvenes nos recuerda que no somos la suma de lo que tenemos, ni una materia casualmente ensamblada por un cosmos mudo. Nosotros somos un deseo, no un algoritmo. Precisamente esta especial dignidad nuestra me lleva a compartir con ustedes dos preguntas.

A ustedes, jóvenes, este malestar les pregunta: “¿Quién eres?” Ser nosotros mismos, de hecho, es el esfuerzo característico de la vida de todo hombre y mujer. “¿Quién eres?” es la pregunta que nos hacemos uno al otro; la pregunta, que silenciosamente le planteamos a Dios; la pregunta que podemos responder sólo nosotros, para nosotros mismos, pero a la cual nunca podemos responder solos. Nosotros somos nuestros vínculos, nuestro lenguaje, nuestra cultura: con mayor razón, es vital que los años de la universidad sea en el tiempo de los grandes encuentros.

Por ello, a quienes son más adultos el malestar juvenil les pregunta: “¿Qué mundo estamos dejando?”. Un mundo demasiado lisiado por la guerra y las palabras de guerra. Se trata de una contaminación de la razón, que desde el plano geopolítico invade toda relación social. La simplificación que construye enemigos debe entonces ser corregida, especialmente en la universidad, con el cuidado por la complejidad y el sabio ejercicio de la memoria. En particular, el drama del siglo XX no debe olvidarse. El grito “¡nunca más la guerra!” de mis predecesores, tan coincidente con el repudio a la guerra establecido en la Constitución Italiana, nos impulsa a una alianza espiritual con el sentido de justicia que habita en el corazón de los jóvenes, con su vocación a no encerrarse entre ideologías y fronteras nacionales.

Por ejemplo, en el último año el crecimiento del gasto militar en el mundo, y en particular en Europa, ha sido enorme: que no se llame “defensa” a un rearme que aumenta tensiones e inseguridad, empobrece las inversiones en educación y salud, desmiente la confianza en la diplomacia, enriquece a las élites a las que nada les importa el bien común. Es necesario, además, vigilar el desarrollo y la aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito militar y civil, para que no quiten responsabilidades a las decisiones humanas y no empeoren lo trágico de los conflictos. Lo que está ocurriendo en Ucrania, en Gaza y en los territorios palestinos, en Líbano, en Irán, describe la evolución inhumana de la relación entre guerra y nuevas tecnologías en una espiral de adormecimiento. Que el estudio, la investigación, las inversiones vayan en la dirección contraria: que sean un radical “sí” a la vida. ¡Sí a la vida inocente, sí a la vida joven, sí a la vida de los pueblos que invocan en paz y justicia!

Un segundo frente de compromiso común se refiere a la ecología. Como nos dijo el Papa Francisco en la Encíclica Laudato si’, «existe un consenso científico muy consistente que señala que estamos en la presencia de un preocupante calentamiento del sistema climático» (n. 23). Desde entonces ha pasado más de una década y, más allá de los buenos propósitos y algunos esfuerzos orientados en dicha dirección, la situación no parece haber mejorado.

En este escenario los animo sobre todo a ustedes, queridos jóvenes, a no ceder a la resignación, transformando, en cambio, la inquietud en profecía. Especialmente quienes creen saben que la historia no cae sin escape en las manos de la muerte, sino que siempre es protegida, pase lo que pase, por un Dios que crea vida de la nada, que da sin tomar, comparte sin consumir. Hoy, precisamente la implosión de un paradigma posesivo y consumista libera el campo al nuevo que ya germina: estudien, cultiven, protejan la justicia. Junto conmigo y con muchos hermanos y hermanas, sean artesanos de la paz verdadera: paz desarmada y que desarma, humilde y perseverante, trabajando por la concordia entre los pueblos y la protección de la Tierra.

Se necesita toda su inteligencia y audacia. Ustedes, de hecho, pueden ayudar a quienes los han precedido a restablecer un auténtico horizonte de sentido, para no tenernos en la enésima, rápida fotografía de la situación en la cual nos encontramos. Es necesario pasar de la hermenéutica a la acción: tampoco considerados por una sociedad con cada vez menos hijos, de testimonio de qué la humanidad es capaz de futuro, cuando lo construye con sabiduría.

Su Universidad, que lleva un nombre divino, es lugar de estudio y sede de experimentación, que desde hace siglos forma para el pensamiento crítico. En particular, ustedes, profesores, pueden cultivar un fructífero contacto con las mentes y corazones de los jóvenes: se trata de una responsabilidad exigente, es verdad, pero emocionante. Es de extrema importancia creer en sus estudiantes. Por ello, pregúntense a menudo: ¿tengo confianza en ellos?

Enseñar es una forma de caridad de igual forma que debe serlo ayudar a un migrante en el mar, a un pobre en la calle, a una conciencia desesperada. Se trata de amar siempre y de cualquier forma a la vida humana, de estimar sus posibilidades, así como hablar al corazón de los jóvenes, sin apuntar sólo a sus conocimientos. Enseñarse convierte entonces en dar testimonio de valores con la vida: es cuidado para la realidad, ese sentido de acogida hacia quien aún no se comprende, es decir la verdad. ¿Qué sentido tendría, por otra parte, formar a una investigador o un profesionista, que sin embargo no cultiva su conciencia, el sentido de la justicia y el respeto por lo que no se puede ni debe dominar? El saber, de hecho, no es necesario sólo para alcanzar objetivos laborales, sino para discernir quien se es. A través de las lecciones, las prácticas, la interacción con la ciudad, las tesis, los doctorados, cada estudiante puede encontrar siempre nuevas motivaciones, poniendo orden entre estudio y vida, entre instrumentos y fines.

Muy queridos todos, al animarlos en este ejercicio cotidiano, mi visita quiere ser signo de una nueva alianza educativa entre la Iglesia que se encuentra en Roma y su prestigios a Universidad, que precisamente al interior de la Iglesia nació y creció. Les aseguro a todos ustedes mis recuerdos en la oración y de corazón invoco sobre toda la comunidad de La Sapienza la bendición del Señor. Gracias.

Saludo final improvisado frente al Rectorado

Gracias, gracias a todos. En este último saludo, después de la visita de esta mañana, quisiera hacerles como una invitación a todos ustedes: colaboremos juntos, seamos todos constructores de paz en el mundo, trabajemos, estudiemos, hagamos todo, desde la relaciones entre los amigos, nuestras palabras, nuestra forma de pensar, para construir la paz en el mundo. Tengan siempre esperanza en la posibilidad de construir un mundo nuevo. Gracias por estar aquí y hasta pronto.

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