CRISTIANOS Y MUSULMANES PODEMOS TRANSFORMAR LA INDIFERENCIA EN SOLIDARIDAD: PALABRAS DE LEÓN XIV A PARTICIPANTES EN ENCUENTRO SOBRE DIÁLOGO INTERRELIGIOSO (11/05/2026)

Este 11 de mayo, el Santo Padre León XIV recibió en la Sala Clementina a los participantes del VIII Coloquio entre el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y el Real Instituto de Estudios Interreligiosos, centrado en el tema: «La compasión y la empatía humanas en los tiempos modernos». El Papa invitó a “que nuestra colaboración dé frutos en gestos concretos de paz, empatía y fraternidad”. Para nuestras tradiciones, precisó el Pontífice, la compasión y la empatía humanas no son algo adicional u opcional, sino un llamado de Dios a reflejar su bondad en nuestra vida diaria. Reproducimos a continuación el texto de su discurso, traducido del inglés:

La paz esté con ustedes.
Bienvenidos.

Su Alteza Real Príncipe Hasan bin Talal, queridos hermanos y hermanas:

Me alegra recibirlos a todos y estoy agradecido por su presencia aquí en ocasión de este octavo coloquio, organizado de manera conjunta por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y el Royal Institute for Inter-Faith Studies.

El tema que han escogido este año, “Compasión humana y empatía en los tiempos modernos”, es particularmente actual para nuestro mundo de hoy. De hecho, estos no son sentimientos marginales, sino más bien actitudes esenciales en ambas de nuestras tradiciones religiosas e importantes aspectos de lo que significa vivir una vida realmente humana.

La tradición musulmana asocia a la compasión, ra’fa, con la misericordia como un don otorgado por Dios en el corazón de los creyentes, y uno de los nombres divinos, al-Ra’uf, nos recuerda que la compasión siempre tiene su origen en Dios mismo.

De forma similar, en la tradición cristiana, la Sagrada Escritura revela a Dios que no permanece indiferente al sufrimiento, sino que le dice a Moisés, «he visto la miseria de mi pueblo… he escuchado sus lamentos» (Ex 3, 7). En Jesucristo, esta compasión divina se hace visible y tangible. Dios va más allá de ver y escuchar tomando nuestra naturaleza humana para convertirse en la encarnación viviente de la compasión. Siguiendo el ejemplo de Jesús, la compasión cristiana se convierte en un compartir o “padecer con” otros, particularmente los más desfavorecidos. Por esta razón, «el amor a los pobres – cualquiera que sea la forma que tenga su pobreza – es la marca evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios» (Dilexi te, 103).

Para nuestras tradiciones, la compasión humana y la empatía no son algo adicional u opcional, si no son la llamada de Dios para reflejar su bondad en nuestra vida diaria.

Esta creencia, por tanto, tiene implicaciones sociales. El Papa León XIII enseñó que los pobres y los marginados merecen especial atención y ayuda de la sociedad y el Estado (cf. Rerum Novarum, 37). Al respecto, quiero expresar mi agradecimiento por los generosos esfuerzos del Reino Hashemita de Jordania al recibir a refugiados y asistir a los necesitados en circunstancias difíciles.

Queridos amigos, la compasión y la empatía están tristemente en peligro de desaparecer actualmente. Los avances tecnológicos nos han hecho estar más conectados que nunca, pero también pueden llevarnos a la indiferencia. El constante flujo de imágenes y videos de las necesidades de los demás pueden adormecer nuestros corazones más que despertarlos. El Papa Francisco nos advirtió que «nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los demás [pensando]: no me afecta, no me interesa, no es mi problema» (Homilía, Lampedusa, 8 de julio 2013). Este tipo de apatía se está convirtiendo en uno de los desafíos espirituales más serios de nuestro tiempo.

En dicho contexto, cristianos y musulmanes, tomando de la riqueza de nuestras respectivas tradiciones, están llamados a una misión común: revivir la humanidad donde sea vuelto fría, dar voz a los que sufren y transformar la indiferencia en solidaridad. La compasión y la empatía pueden ser nuestros instrumentos ya que tienen el poder para restablecer la dignidad del otro.

Es mi esperanza que Jordania siga siendo un testimonio vivo de este tipo de compasión, así como un signo de diálogo, solidaridad y esperanza, en una región que está marcada por las pruebas.

Que nuestra colaboración dé fruto en concretos gestos de paz, empatía y fraternidad.

Gracias.

Y, ya que en nuestras tradiciones buscamos la paz como una de las más importantes bendiciones de Dios, pido la bendición de Dios sobre todos ustedes.

Que el Señor esté con ustedes. Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

Muchas gracias.

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