LOS HIJOS SON EL FUTURO, DESAFÍO DEMOGRÁFICO CRUCIAL PARA EUROPA: PALABRAS DE LEÓN XIV AL INTERGRUPO SOBRE DEMOGRAFÍA DEL PARLAMENTO EUROPEO (25/05/2026)

El Papa León XIV recibió, en la Sala Clementina, a los miembros del Intergrupo del Parlamento Europeo sobre Demografía, que este 25 de mayo participan en la Conferencia en Roma «Demografía y Europa: un momento decisivo». El Pontífice los exhortó a evitar políticas contradictorias que aparentemente favorecen a la familia, pero que en realidad son discriminatorias y exaltan el aborto como un derecho. Reproducimos a continuación el texto de su discurso, traducido del inglés:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Buenos días a todos y bienvenidos.

Me alegra darles la bienvenida a los miembros del Intergrupo sobre Demografía del Parlamento Europeo, junto con el Comisionado Europeo para el Mediterráneo, el Ministro italiano para la Familia, la Natalidad y las Oportunidades Equitativas y el representante especial de la OSCE sobre Cambio Demográfico y Seguridad, con ocasión de su Conferencia sobre la familia y la demografía.

Como representantes de sus respectivos pueblos, que reflejan una pluralidad de opiniones políticas dentro de los Estados Miembros de la Unión Europea, su enfoque sobre la cuestión demográfica del continente es ciertamente actual, ya que esta problemática significa un desafío urgente con implicaciones prácticas para millones de personas y sus familias a través de «lo que se están convirtiendo en el “viejo continente” – ya no por su historia gloriosa, sino por su avanzada edad», como enfatizó a menudo el Papa Francisco (Discurso a la Asamblea de los Estados Generales sobre la Natalidad, 14 de mayo 2021). Dos problemas resultantes de una demografía de crecimiento cero son muchos y complejos, e incluyen, no en menor grado, la pandemia de la soledad. Más aún, los datos demográficos no son simples estadísticas, si no hablan de paternidad, maternidad y niños. ¡Y los niños son el futuro! Sin embargo, hablar del futuro apunta hacia un desarrollo integral y sustentable, que se ve seriamente en peligro sin solidaridad entre las generaciones (cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 195). Tristemente, dicha solidaridad requiere un balance intergeneracional que actualmente falta en Europa.

Más aún, en décadas recientes, podemos ver que el rechazo a la inspiración cristiana de los padres fundadores de las instituciones de la Unión Europea ha llevado a una época de esterilidad drástica, no sólo porque a muchos se les niega el derecho a nacer, sino también porque ha habido una falla en transmitir las herramientas materiales y culturales que los jóvenes necesitan para enfrentar el futuro (cf. Papa Francisco, Discurso a los participantes en el Diálogo “(Re)Pensando Europa: una contribución cristiana al futuro del proyecto europeo”, 28 de octubre 2017). Como resultado, no pocas veces nos enfrentamos con los reclamos contradictorios de políticas supuestamente a favor de la familia, que simultáneamente promueven la discriminación contra la maternidad, exaltan el aborto como derecho, y ponen en detrimento los fundamentos mismos del deseo para iniciar una familia. Felizmente, hay maravillosas decepciones con nosotros este día.

Todos estos problemas, por tanto, necesitan urgentemente ser estudiados y enfrentados de una forma coordinada por un Amplio grupo de agencias académicas, políticas y sociales. El reto demográfico sigue siendo una encrucijada crucial para el futuro antropológico, social y económico de Europa. De hecho, su participación, con su pertenencia multipartidista, puede jugar un papel vital, y es un foro ideal para explorar formas que generen ideas innovadoras, que Europa y el mundo desesperadamente necesitan. Dicho diálogo debe incluir no sólo a las diversas instituciones y gobiernos europeos, sino también a la totalidad de la sociedad civil, de la cual los cristianos son parte integral.

El corazón de estos desafíos apremiantes, y la clave para dar soluciones, está la dignidad fundamental de todas las personas y el papel de la familia en la sociedad. Como San Juan Pablo II nos recordó, la familia es «la primera e irremplazable escuela de vida social» (Familiaris consortio, 43) y está fundada en el matrimonio entre el hombre y la mujer, una realidad que une las dimensiones personal y pública. A la luz de esto, sus discusiones tienen la tarea de fomentar la responsabilidad compartida y el papel activo de las familias en la vida social, política y cultural (cf. Discurso en la reunión promovida por el CELAM, la Pontificia Academia para la Vida y el Instituto Juan Pablo II, 19 de septiembre 2025). Porque sólo respetando y promoviendo este rol central de la familia y aplicando el principio de subsidiaridad, es posible evitar los dos extremos de la excesiva intervención del Estado y el individualismo.

Finalmente, este enfoque no es cuestión de Volver a los modelos sociales del pasado, sino de proveer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo con los principios inalterables que pueden seguramente guiarles para responder las cuestiones fundamentales que se preguntan en todo tiempo: cuál es el significado y valor de la vida humana; qué es una sociedad humana auténtica y qué tipo de mundo queremos dejar a las futuras generaciones. Al respecto, políticas nacionales y de la Unión Europea requieren ser desarrolladas y formuladas en una alianza con la sociedad civil. Aquí, quisiera hacer notar que la cooperación del Intergrupo con la Federación de Asociaciones de Familias Católicas en Europa (FAFCE) y con la Comisión de Conferencias de Obispos de la Unión Europea (COMECE) da un ejemplo excelente de cómo distintas entidades – cada una con su propia área de competencia – puede trabajar juntas para asegurar cambios efectivos que mejoren la calidad de vida para todos. Ese es el ímpetus que los cristianos están aportando al proyecto europeo, para que las políticas miren a las personas humanas en su totalidad y siempre promuevan la dignidad de los seres humanos. De esta forma, un camino genuinamente humano puede abrirse para resolver la crisis demográfica, orientado hacia el bien común y el bienestar de futuras generaciones. De hecho, sólo una primavera fresca para la familia puede transformar el frío de invierno de nuestras poblaciones que envejecen.

Así que, con estas reflexiones, pido para que sigan sus esfuerzos vitales en la promoción de las familias y la dignidad de todas las personas. Ofreciendo a cada uno de ustedes mis cordiales buenos deseos, invoco sobre ustedes y sus seres queridos una abundancia de las bendiciones de Dios Todopoderoso. Gracias.

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