MÁS QUE SOLDADOS, USTEDES SON SERVIDORES: PALABRAS DE LEÓN XIV A LA GUARDIA SUIZA PONTIFICIA (07/05/2026)

Al día siguiente del Juramento en el Aula Pablo VI de 28 reclutas, el Papa León XIV volvió, este 7 de mayo, a expresar su agradecimiento por el trabajo realizado por el cuerpo militar más antiguo del mundo, que custodia el Palacio Apostólico y las Basílicas Mayores del Estado de la Ciudad del Vaticano. El papá reiteró su agradecimiento por una misión que, es “ante todo militar”, sin embargo “inseparable de la vocación a la santidad de todo bautizado”. El Santo Padre subrayó: “La vida en el cuartel es un lugar privilegiado para desarrollar las virtudes humanas del servicio al prójimo, de la generosidad y la humildad”. Compartimos a continuación el texto de su mensaje, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos:

Willkommen e bienvenus!

Dirijo mi saludo al Comandante, a los Oficiales, a todos los miembros de la Guardia Suiza Pontificia, y me alegra recibir a la familias que vinieron para la ceremonia del Juramento. Saludo además con gratitud a las autoridades civiles y militares presentes.

Este día es una ocasión para expresar mi reconocimiento a la nación suiza, de la que provienen los jóvenes reclutas que se ponen con alegría al servicio del Papa. Ellos son motivo de orgullo para su país y llevan al Vaticano los valores culturales y espirituales en los que han crecido.

Este tradicional encuentro es el momento propicio para expresar toda mi gratitud por el servicio de los Guardias, servicio humilde y discreto que realizan día y noche. Deseo, además, agradecer a sus familias que han acompañado los pasos que los han conducido hasta aquí. Ahora, las alegrías y las pruebas que viven juntos, así como la fuerza de las amistades que se estrechan entre ustedes, forman su alma para el sentido del honor y del deber que se expresa a través del don de la vida para el servicio y la protección del Sucesor de Pedro.

Queridos Guardias, ustedes realizan su misión a las puertas del Estado del Vaticano, así como al interior del Palacio Apostólico o de las Basílicas Mayores. Estos lugares, ricos en historia y fe, los llevan a la reflexión y a la oración. De hecho, mientras se encuentran en su puesto de guardia, pueden sentir la maravilla por la belleza que se ofrece a sus ojos. Esta belleza viene de Dios y conduce a Dios, el Padre de lo Bello y de lo Bueno. Su misión, que es ante todo militar, sin embargo, es inseparable de la vocación a la santidad de todo bautizado.

Estoy, entonces, convencido de que su decisión de dedicar algunos años de su vida al servicio del Papa y de la Santa Sede se inserta en un camino personal de fe. Más que soldados, ustedes son servidores que, hay imagen de Cristo, van al encuentro de aquellos que necesitan su ayuda: no sólo de los miembros de la curia o de los funcionarios que visitan el Vaticano, sino también de los peregrinos y los turistas. Recuerden siempre estas palabras de Jesús: «Todo aquello que hicieron a uno solo de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron» (Mt 25, 40).

Los turnos de noche, en el silencio y la soledad, siguen el fragmento de los diurnos, durante los cuales deben poner atención a todas y a cada una de las cosas. Pueden ser para ustedes momentos favorables para alimentar su alma con lecturas y meditaciones que les ofrezcan la ocasión de encontrar al Maestro interior, y formular esta oración de San Nicolás de Flüe: «Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me impide ir hacia Ti; dame todo lo que me conduzca hacia Ti; llévame a mí y dame todo a Ti, para que también yo Te pertenezca totalmente».

Queridos Guardias, juntos ustedes forman un Cuerpo, el de la Guardia Suiza Pontificia, fuertes en sus cualidades, en sus diversidades y en sus respectivos caracteres. La vida en el cuartel es un lugar privilegiado para desarrollar las virtudes humanas del servicio al prójimo, de la generosidad y la humildad. A través de la solidaridad fraterna que caracteriza sus relaciones, construirán un clima de armonía y de alegría al interior de la Guardia, que se reflejará en todos aquellos a quienes encuentren. Los animo a perseverar en este camino, a menudo exigente, pero que da fruto.

Renuevo a toda la Guardia mi gratitud por el servicio diligente y generoso del que son testimonio todos los días. Los encomiendo a todos ustedes aquí presentes a la protección maternal de la Virgen María, de San Martín de Tours, de San Sebastián y de San Nicolás de Flüe, sus santos patronos, y de corazón les imparto la Bendición Apostólica.

Gracias. Vielen Dank e merci beaucoup!

[El Santo Padre imparte la Bendición y agrega]

Bien. Felicidades. Ahora saludaremos a cada familia y será un placer, así, conocerlos y agradecerles personalmente. Felicidades.

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