CATEQUESIS DE LEÓN XIV: MARÍA, MODELO DE LA IGLESIA, LA MUJER ICONO DEL MISTERIO (13/05/2026)

“Las reflexiones sobre la Virgen Madre recogidas en la Lumen gentium, nos enseñan a amar a la Iglesia y a servir en ella al cumplimiento del Reino de Dios que viene y que plenamente se realizará en la gloria”. Así lo dijo el Papa León XIV en la Audiencia General de este 13 de mayo, continuando con su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en esta ocasión reflexionando sobre el capítulo VIII de la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicado a la Virgen María, modelo de la Iglesia. Compartimos a continuación el texto completo de su catequesis, traducido del italiano:

Los documentos del Concilio Vaticano II.
II. Constitución dogmática Lumen gentium. 9. La Virgen María, modelo de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos:

El Concilio Vaticano II quiso dedicar el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia a la Virgen María (cf. Lumen gentium, 52-69). Ella «es reconocida como excelentísimo y enteramente singular miembro de la Iglesia, figura y excelentísimo modelo para ella en la fe y en la caridad» (n. 53). Estas palabras nos invitan a comprender cómo en María, que bajo la acción del Espíritu Santo ha acogido y engendrado al Hijo de Dios hecho carne, se pueden reconocer tanto el modelo, como el miembro excelente y la madre de toda la comunidad eclesial.

Al dejarse moldear por la obra de la Gracia, venida a cumplirse en Ella, y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, María es modelo perfecto de lo que la Iglesia toda está llamada a ser, criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, engendrados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo. En cuanto que, además, es la creyente por antonomasia, en la cual se nos ofrece la forma perfecta de la incondicional apertura al misterio divino en la comunión del pueblo santo de Dios, María es miembro excelente de la comunidad eclesial. En cuanto que, finalmente, engendra hijos en el Hijo, amados en el eterno Amado venido entre nosotros, María es madre de la Iglesia toda, que a Ella puede dirigirse con confianza filial, en la certeza de ser escuchada, custodiada y amada.

Se podría expresar el conjunto de estas características de la Virgen María hablando de Ella como de la mujer icono del Misterio. Con el término mujer se pone en evidencia la concreción histórica de esta joven hija de Israel, a quien se le permitió vivir la extraordinaria experiencia de convertirse en madre del Mesías. Con la expresión icono se subraya que en Ella se realiza el doble movimiento de descenso y ascenso: en Ella resplandecen tanto la elección gratuita por parte de Dios, como el libre consentimiento de la fe en Él. María es, por tanto, la mujer icono del Misterio, es decir del designio divino de salvación, oculto por un tiempo y revelado en plenitud en Jesucristo.

El Concilio nos ha dejado una clara enseñanza sobre el lugar singular reservado a la Virgen María en la obra de la Redención (cf. Lumen gentium, 60-62). Ha recordado que el único Mediador de salvación es Jesucristo (cf. 1 Tim 2, 5-6) y que su Madre Santísima «de ninguna manera oscurece o disminuye esta única mediación de Cristo, sino que muestra su eficacia» (LG, 60). Al mismo tiempo, «la Santísima Virgen, predestinada desde la eternidad, dentro del designio de la encarnación del Verbo, para ser la Madre de Dios, […] cooperó de manera completamente especial a la obra del Salvador, con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad, para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso ella se ha convertido para nosotros en Madre en el orden de la gracia» (ibid., 61).

En la Virgen María se refleja también el misterio de la Iglesia: en Ella el pueblo de Dios encuentra representados su origen, su modelo y su patria. En la Madre del Señor la Iglesia contempla el propio misterio, no sólo porque se reencuentra el modelo de la fe virginal, de la caridad materna y de la alianza esponsal, a la cual está llamada, sino también y sobre todo porque reconoce en ella su propio arquetipo, la figura ideal de lo que está llamada a ser.

Como se puede ver, las reflexiones sobre la Virgen Madre recogidas en la Lumen gentium, nos enseñan a amar a la Iglesia y a servir en ella al cumplimiento del Reino de Dios que viene y que plenamente se realizará en la gloria.

Dejémonos pues interpelar por dicho sublime modelo que es María, Virgen y Madre, y pidámosle a Ella que nos ayude con su intercesión a responder a cuanto se nos interroga a través de su ejemplo: ¿vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco la comunidad de la alianza que Dios me ha entregado para corresponder a su amor infinito? ¿Me siento parte viva de la Iglesia, en obediencia a los pastores otorgados por Dios? ¿Miro a María como modelo, miembro excelente y madre de la Iglesia, y le pido a Ella que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?

Hermanas y hermanos, que el Espíritu Santo, que descendió sobre María e invocado por nosotros con humildad y confianza, nos otorgue el vivir plenamente estas estupendas realidades. Y, después de haber profundizado en la Constitución Lumen gentium, pidamos a la Virgen que nos obtenga este don: que crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia. ¡Así sea!

Comentarios

Entradas populares