BUDISMO Y CRISTIANISMO, UN APORTE VITAL PARA UNA PAZ QUE DESARMA: MENSAJE A LOS BUDISTAS CON MOTIVO DE LA FIESTA DEL VESAK (11/05/2026)

En una época marcada por tantas “sombras que pesan sobre el mundo” – la guerra, la violencia, el nacionalismo etnorreligioso y la explotación de la religión – las tradiciones espirituales del cristianismo y el budismo, con su “llamado a la paz”, “pueden ofrecer una contribución vital”. Este es el mensaje del Card. George Jacob Koovakad, Prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, y de Mons. Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage, Secretario del mismo Dicasterio, en una carta dirigida a la comunidad budista con motivo del festival de Vesak, que celebra el nacimiento, la iluminación espiritual y el fallecimiento de Siddhartha Gautama, el Buda. Transcribimos a continuación el texto de la carta, traducido del inglés:

Budistas y cristianos por una paz “desarmada y que desarma”

Queridos amigos budistas:

Como en años anteriores, nos complace extender nuestros más sinceros saludos y buenos deseos en la gozosa celebración de Vesak. Esta solemne Fiesta – que conmemora el nacimiento, la iluminación y el tránsito del Buda – es una invitación a renovar el camino de la sabiduría, la compasión y la paz.

La paz no es simplemente la ausencia de guerra, sino un don que busca habitar en el corazón humano: una presencia silenciosa pero poderosa que ilumina y transforma. De hecho, como señaló el Papa León XIV, «La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”» (Mensaje para la 59ª Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026). Incluso cuando parece frágil – como una pequeña llama amenazada por las tormentas de odio y miedo – la paz debe ser protegida y cultivada. Esta es la paz a la que estamos llamados: una paz desarmada y que desarma, que no se basa en la fuerza, sino que brota de la verdad, la compasión y la confianza mutua.

Sin embargo, en nuestro tiempo no podemos ignorar las sombras que pesan sobre el mundo. Las guerras, la violencia, el creciente nacionalismo etnorreligioso y la instrumentalización de la religión siguen hiriendo nuestra humanidad común. En un mundo que parece cada vez más frágil y a veces marcado por una preocupante sensación de regresión, el llamado a la paz se vuelve cada vez más urgente. Es aquí donde nuestras tradiciones espirituales pueden ofrecer una contribución vital. La bondad realmente desarma; rompe el ciclo de sospechas y abre caminos donde no parecía posible. En su expresión más auténtica, nuestras tradiciones nos invitan a purificar nuestros corazones de la hostilidad, a traspasar las fronteras y a reconocernos como miembros de una única familia humana.

Desde este punto de vista, las enseñanzas del Buda ofrecen un camino iluminador. Buda enseña: «Porque el odio no es vencido por el odio: el odio es vencido por el amor. Esta es una ley eterna» (Dhammapada 5). Y de nuevo: «Que nadie engañe ni desprecie a nadie [...] Que nadie le desee ningún daño a nadie, Ya sea con ira o al reaccionar con odio» (Sutta Nipata 1.8 - Metta Sutta). Para los cristianos, Jesús llama a sus discípulos a «Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan» (Mt 5, 44) y proclama: «Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5, 9). Ambas tradiciones convergen en señalar hacia una paz que se vive – una que desarma los corazones antes que las manos.

Un camino así requiere algo más que simples palabras; exige un cambio de actitud y un compromiso con acciones concretas. Los responsables religiosos están llamados a ser auténticos interlocutores en el diálogo y verdaderos artífices de la reconciliación. Junto con todos los creyentes, estamos invitados a convertirnos en artífices de la paz: no como observadores pasivos, sino como testigos valientes capaces de facilitar el encuentro, sanar las heridas y reconstruir la confianza.

Como ciudadanos y creyentes, compartimos la responsabilidad de promover la paz, hacer frente a la injusticia e instar a quienes ejercen el poder a que no alimenten las divisiones, sino que busquen el diálogo en lugar del enfrentamiento. Asimismo, debemos evitar convertirnos en cómplices por silencio o por miedo. Cada comunidad está, por tanto, llamada a crecer como un lugar donde la hostilidad se supere mediante el encuentro, donde se practique la justicia y se custodie el perdón como un tesoro.

Cultivar una paz desarmada y que desarma significa también alimentar sus fuentes más profundas: la oración, la contemplación y la transformación interior. Es una paz que se vive a diario: en los gestos de amabilidad, en la paciencia, en el rechazo del odio y de la venganza, y en el valor de tener esperanza. Porque la paz no es una ilusión ni un ideal lejano; es una posibilidad real, ya a nuestro alcance, que espera ser acogida y compartida.

Con este espíritu, renovamos nuestra esperanza de que, gracias a nuestro compromiso común, budistas y cristianos puedan convertirse cada vez más en testigos de esta paz que desarma, una paz que cura las heridas, sana las relaciones y abre nuevos horizontes para la humanidad.

Que su celebración del Vesak esté llena de serenidad y alegría, y que nos inspire a todos a recorrer juntos este camino.

¡Les deseamos una celebración del Vesak rica en bendiciones y fructífera!

Vaticano, 1 de mayo de 2026

George Jacob Card. Koovakad
Prefecto

Mons. Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage
Secretario

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