INSTRUMENTOS DE PAZ Y PROMOTORES DEL VERDADERO DESARROLLO: PALABRAS DE LÉON XIV A LA “PAPAL FOUNDATION” (02/05/2026)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Sus Excelencias, queridos hermanos y hermanas:
Con efecto les doy la bienvenida a todos ustedes, especialmente a los miembros, socios y administradores de la Papal Foundation, y les ofrezco mis buenos deseos en la oración por peregrinación a Roma. Mientras que esta es nuestra primera oportunidad para encontrarnos desde que fue llamado a tomar el papel de Obispo de Roma y Papa, ya conocía su trabajo, especialmente durante mis años de servicio como Obispo en Chiclayo, donde vi de primera mano el impacto positivo de las becas de la Fundación, ya que tanto la Diócesis como una comunidad religiosa fueron bendecidas en recibir asistencia en varios proyectos, gracias a su generosidad. En sólo este primer año de mi Pontificado, me he edificado al ver el alcance global de la Fundación. Estoy, por tanto, profundamente agradecido por su continuo compromiso en asistir al Sucesor de Pedro en su misión de cuidar las necesidades de la Iglesia universal. Al respecto, me agradó saber que los miembros de la Fundación siguen creciendo cada año y que han expresado una apertura a aumentar el apoyo provisto, así como para encontrar nuevas formas de estar al servicio.
Su visita ocurre durante el tiempo de Pascua, un tiempo enfocado en la misión, así como en la paz. Después de la Resurrección, Jesús comisionó a los apóstoles para ser sus mensajeros, prometiéndoles a acompañarlos en su trabajo y estar con ellos siempre (cf. Mc 16, 20; Mt 28, 20). El Papa y los Obispos, como sucesores de los Apóstoles, continúan esta tarea a través de la predicación y los trabajos de evangelización. Sin embargo todos los miembros de la Iglesia, en virtud de nuestro Bautismo, comparten la responsabilidad de proclamar el Evangelio hoy con palabras, así como con acciones caritativas. Como Santiago escribió a la primitiva comunidad cristiana, la fe sin obras está muerta y no tiene poder de salvación (cf. Sant 2, 17), y los evangelios nos enseñan que el Señor espera que su discípulos se encarguen de las necesidades de los más pobres y vulnerables (cf. Mt 25, 31-46).
Al financiar proyectos, ayudas humanitarias y becas para gente alrededor del mundo, The Papal Foundation participa en la continua misión evangélica de la Iglesia. Su generosidad da ha permitido innumerables personas tener la experiencia de manera concreta de la bondad y la misericordia de Dios en sus propias comunidades. Muchos sacerdotes y hombres y mujeres consagrados igualmente han sido capaces de recibir una educación avanzada de las Universidades Pontificias en Roma que de otra manera no habría sido posible, formándolos para ser futuros líderes en la Iglesia. Ustedes probablemente nunca conocerán a alguien que sea beneficiado de su bondad, así que en su nombre les expreso mi sentido agradecimiento.
Uno de ellos está sentado junto a mí, sin embargo, que recibió una beca de ustedes, y estoy seguro que con gusto, les diría “gracias”.
El domingo de Pascua, el Señor resucitado saludó a sus apóstoles diciéndoles, “la paz esté con ustedes” (Jn 20, 19), y todavía hoy, Cristo desea que sus discípulos sean instrumentos de paz. Además de hacer avanzar la misión evangélica de la Iglesia, los esfuerzos de la Fundación también ayudan a fomentar la paz a nivel regional y local. San Pablo VI escribió que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz (cf. Carta enc. Populorum Progressio, 87). Con esto quiso decir que la verdadera armonía no es simplemente la ausencia de conflicto, sino que viene de la promoción activa de un auténtico desarrollo humano integral (cf. ibid., 76). Fomentar el progreso auténtico a través de iniciativas tangibles como las que apoya la Fundación es un camino seguro para animar la concordia entre comunidades e individuos.
Queridos hermanos y hermanas, con estos sentimientos les agradezco por su presencia aquí este día así como por todo lo que hacen para hacer avanzar la valiosa misión de The Papal Foundation. Les pido sus continuas oraciones por mi ministerio como Sucesor de San Pedro y por las necesidades de la Iglesia. A encomendarlos a ustedes y a sus seres caídos a la amorosa intercesión de María, Madre de la Iglesia, con gusto les imparto mi Bendición Apostólica como prenda de alegría en Cristo Nuestro Señor resucitado.
Gracias.

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