EL BUEN PASTOR NO VIENE A ROBARNOS NADA, AL CONTRARIO, MULTIPLICA LA VIDA: REGINA COELI DEL 26/04/2026

“Hoy el Evangelio nos invita a confiar en el Señor: Él no viene a robarnos nada, al contrario, es el Pastor bueno, que multiplica la vida y nos la ofrece en abundancia”: esta fue la exhortación del Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Coeli de este 26 de abril, Domingo del Buen Pastor, Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, desde la ventana del Despacho Apostólico. Al comentar el Evangelio de este IV Domingo de Pascua, el Santo Padre indicó que, el texto bíblico nos presenta las palabras de Jesús, que se compara con un pastor y luego con la puerta del redil. Transcribimos a continuación el texto de su reflexión, traducido del italiano:

Hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz domingo!

Al continuar nuestro camino por el tiempo pascual, el Evangelio nos relata hoy las palabras de Jesús que se compara con un pastor y luego con la puerta del redil (cf. Jn 10, 1-10).

Jesús coloca en contraposición al pastor y al ladrón. De hecho, afirma: «El que no entra en el corral de las ovejas por la puerta, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante» (v. 1). Y más adelante, de modo aún más claro: «El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (v. 10). La diferencia es clara: el pastor tiene un vínculo especial con sus ovejas y, por lo tanto, puede entrar por la puerta del redil; si alguien, en cambio, necesita saltar la cerca, entonces sin duda es un ladrón que quiere robar las ovejas.

Jesús nos está diciendo que está unido a nosotros por una relación de amistad: Él nos conoce, nos llama por nuestro nombre, nos guía y, como hace un pastor con sus ovejas, viene a buscarnos cuando nos perdemos y venda nuestras heridas cuando estamos enfermos (cf. Ez 34, 16). Jesús no viene como un ladrón a robarnos nuestra vida y nuestra libertad, sino para guiarnos por el camino correcto. No viene a secuestrar ni a engañar nuestra conciencia, sino a iluminarla con la luz de su sabiduría. No viene como para contaminar nuestras alegrías terrenales, sino que las abre a una felicidad más plena y duradera. Quienes confían en Él no tienen nada que temer; Él no mortifica nuestra vida, sino que viene para dárnosla en abundancia (cf. v. 10).

Hermanos y hermanas, estamos invitados a reflexionar y, sobre todo, a vigilar el recinto de nuestro corazón y nuestra vida, porque quienes entran en ellos pueden multiplicar la alegría o, como un ladrón, pueden robársela. Los “ladrones” pueden adoptar muchos rostros: son aquellos que, a pesar de las apariencias, sofocan nuestra libertad o no nos respetan en nuestra dignidad; son convicciones y prejuicios que nos impiden tener una mirada serena sobre los demás y la vida; son ideas erróneas que pueden llevarnos a tomar decisiones negativas; son estilos de vida superficiales o marcados por el consumismo, que nos vacían interiormente y nos impulsan a vivir siempre fuera de nosotros mismos. Y no olvidemos tampoco a esos “ladrones” que, saqueando los recursos de la tierra, combatiendo guerras sangrientas o alimentando el mal en cualquiera de sus formas, no hacen más que robarnos a todos nosotros la posibilidad de un futuro de paz y serenidad.

Podemos interrogarnos: ¿por quién queremos dejarnos guiar en nuestra vida? ¿Cuáles son los “ladrones” que han intentado entrar en nuestro recinto? ¿Lo han logrado, o hemos sido capaces de rechazarlos?

Hoy el Evangelio nos invita a confiar en el Señor: Él no viene a robarnos nada, al contrario, es el Pastor bueno, que multiplica la vida y nos la ofrece en abundancia. Que la Virgen María nos acompañe siempre en nuestro camino e interceda por nosotros y por el mundo entero.

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