EL CORAZÓN HABLA AL CORAZÓN: PALABRAS DE LEÓN XIV A PROFESORES DE RELIGIÓN (25/04/2026)

El Papa León XIV destacó en un discurso dirigido a profesores de Religión Católica, reunidos este 25 de abril en el Aula Pablo VI para encontrarse con el Santo Padre, la importancia decisiva de su labor en la formación integral de niños y jóvenes, subrayando que la dimensión religiosa no puede quedar al margen de la educación. Los invitó a enseñar desde la cercanía, la coherencia y el amor, en un contexto marcado por la dispersión interior, y a acompañar a los estudiantes en el descubrimiento de su mundo interior, promoviendo una educación que una fe, cultura y pensamiento. Compartimos a continuación el texto de su discurso, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Queridos hermanos Obispos, queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos:

Los saludo con afecto y les agradezco por su presencia y por su valioso su servicio que realizan en la escuela. Su trabajo es exigente, a menudo silencioso y no aparente, y sin embargo muy importante para el crecimiento de muchos niños, adolescentes y jóvenes. La dimensión religiosa, de hecho, «es un elemento constitutivo de la experiencia humana y no puede ser marginado en el proceso formativo de las nuevas generaciones» (CEI, Nota pastoral “La enseñanza de la religión católica: laboratorio de cultura y diálogo”, 11 de diciembre 2025).

San Agustín escribía: «El hombre, una pequeña parte de tu creación, quiere alabarte [oh, Dios]. Que seas tú quien lo estimule a deleitarse con tus alabanzas, porque nos has hecho para ti, y nuestro corazón no tiene descanso hasta que reposa en ti […]. Que yo te busque, señor, invocándote, y te invoque creyéndote» (confesiones, 1.1). Él hablaba de una búsqueda interior a la cual desde siempre están vinculadas, en el ser humano, las grandes preguntas de la vida, la relación con Dios, con la creación y los demás, por las cuales las sed de infinito, inserta en cada persona, puede convertirse en energía para promover paz, para renovar la sociedad y para llenar sus contradicciones.

En dicho contexto, su servicio, expresión del cuidado de la Iglesia por las nuevas generaciones, es como un trampolín de lanzamiento a partir del cual niños y jóvenes pueden aprender a sumergirse en la fascinante aventura del diálogo interior, y en ello constituye un elemento indispensable de esa alianza educativa de la cual hoy hay tanta necesidad.

Y no solamente eso. La enseñanza de la religión católica es una disciplina de gran valor cultural, útil para la comprensión de las dinámicas históricas y sociales, así como de las expresiones del pensamiento, del ingenio y las artes que han dado forma y siguen moldeando el rostro de Italia, de Europa y de muchos países del mundo.

Todo ello entra en sus lecciones, a la luz de la enseñanza siempre actual de la Iglesia, en diálogo con los demás campos del saber y de la investigación religiosa, y sobre todo en el estudio de las páginas inagotables de la Biblia, a partir de las cuales conocemos a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, revelación del rostro del Padre y modelo perfecto de humanidad. Así ustedes hacen accesible a las nuevas generaciones, en el pleno respeto a la libertad de cada uno, lo que de otra manera podría permanecer incomprensible y vago, mostrando como la verdadera laicidad no excluye al hecho religioso, sino más bien sabe asesorarlo como recurso educativo. Esto es, por lo demás, parte de una actitud más amplia, imprescindible para cualquier diálogo, en la escuela como en la sociedad: conocer y amar lo que se es, para saber encontrar al otro con respeto y apertura.

A la luz de ello, quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones que considero importantes.

Como título para su tercer Encuentro Nacional han elegido la expresión “El corazón habla al corazón” (Cor ad cor loquitur), inspirándose en el lema de San John Henry Newman, Doctor de la Iglesia y co-patrono del mundo educativo. Estas palabras contienen la propuesta de un camino en el cual la verdad es la meta y la relación personal, el camino para alcanzarla. Ellas los comprometen, a través de la enseñanza, a ayudar a los jóvenes a reconocer una voz que en realidad ya resuena en ellos, a no sepultarla, ni a confundirla con el ruido que les rodea. En una época en la que vivimos constantemente asediados por estímulos de todo tipo, reducir al silencio esa voz es muy fácil. Por ello, educar para escucharla o reencontrarla es uno de los dones más grandes que se pueden hacer a las nuevas generaciones. El hombre no puede vivir sin verdad y significados auténticos, y los jóvenes, incluso si a veces parecen apáticos, o insensibles, detrás de una fachada de aparente indiferencia, en realidad a menudo esconden las inquietudes y el sufrimiento de quien “siente demasiado” y de manera muy intensa, sin lograr darle un nombre a lo que experimenta.

Hacer escuela, por ello, significa formar a las personas para la escucha del corazón, y con ello para la libertad interior y la capacidad de pensamiento crítico, según dinámicas en las que fe y razón no se ignoran, ni mucho menos se oponen, sino que son compañeras de viaje en la búsqueda humilde y sincera de la verdad. Por eso, educar requiere de la paciencia de sembrar sin pretender resultados inmediatos, en el respeto a los tiempos de crecimiento de la persona. Y, sobre todo – Newman enseña – requiere amor.

Muy queridos todos, la verdad pasa a través de las personas, y para sus estudiantes dichas personas son también ustedes, llamados a hacerse maestros creíbles porque están enamorados de Dios y de ellos, para transmitir valores, sin protagonismos ni moralismos, para ofrecer miradas que levantan y para ser testigos de esa coherencia humilde y cercana que hace queridos y deseables incluso los contenidos más exigentes. Sus alumnos no necesitan respuestas prefabricadas, sino cercanía y honestidad por parte de adultos que se acercan con autoridad y responsabilidad, mientras se enfrentan las grandes preguntas de la vida. Ellos recordarán los ojos y las palabras de quien supo reconocer en ellos un Don único, de quien los tomó en serio, de quien no tuvo miedo de compartir con ellos un pedazo de camino, mostrándose a su vez como hombre y mujer que busca, piensa, vive y cree. Todo ello, naturalmente, sin quitarle nada a la necesidad de una sólida capacidad, animada por la pasión por el estudio, el rigor cultural y la preparación didáctica, porque la enseñanza de la religión católica requiere también de actualización, capacidad de proyectar, y recurrir a lenguajes adecuados.

La escuela hoy – en Italia, pero no solamente – tiene ante sí desafíos dramáticos y al mismo tiempo emocionantes. Por eso la Iglesia, que camina con ustedes, los envía a ella como «servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, buscadores infatigables de la sabiduría, artífices creíbles de expresiones de belleza» (Carta ap. Diseñar nuevos mapas de esperanza, 11.3).

Les agradezco y los animo a perseverar en este compromiso, mientras que los encomiendo a la intercesión de la Virgen María y de los Santos y Santas educadores. Los recuerdo en la oración y de corazón les imparto la Bendición Apostólica, que extiendo a sus familias, a sus alumnos y a todos sus seres queridos. Gracias.

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