FRANCISCO NOS DIO UN TESTIMONIO VALIENTE Y ES UN SIGNIFICATIVO PATRIMONIO PARA LA IGLESIA: MENSAJE DE LEÓN XIV EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL PAPA FRANCISCO (21/04/2026)
Al Señor Cardenal Giovanni Battista Re
Decano del Colegio Cardenalicio
En el primer aniversario de la muerte del querido Papa Francisco, está viva en la Iglesia y en el mundo su memoria. Ausente de Roma por el Viaje Apostólico a África, me asocio espiritualmente a quienes se recogerán en la Basílica Liberiana para ofrecer el sacrificio eucarístico en sufragio de mi predecesor. Saludo con afecto, junto a los Cardenales, a los Obispos, a los sacerdotes y religiosos, a los peregrinos reunidos para rendirle testimonio de afecto y agradecimiento.
La muerte no es un muro, sino una puerta que se abre de par en par a la misericordia que el Papa Francisco anunció incansablemente. El Señor lo llamó el 21 de abril del año pasado, en el corazón de la luz pascual. Concluyó su peregrinación terrenal en el abrazo de Cristo Resucitado, en esa “alegría del Evangelio” qué inspiró una de entre sus más incisivas Exhortaciones Apostólicas.
Fue sucesor de Pedro y pastor de la iglesia Universal en un tiempo que marcó y sigue marcando un cambio de época, ese cambio del cual él fue plenamente consciente, ofreciéndonos a todos un testimonio valiente, que representa un significativo patrimonio para la Iglesia.
Su magisterio fue vivido como discípulo-misionero, como le gustaba decir. Permaneció como discípulo del Señor, fiel a su Bautismo y a la consagración en el ministerio episcopal, hasta el final. Fue también misionero, anunciando el Evangelio de la misericordia “a todos, a todos, a todos”, como llegó a decir varias veces. Los beneficios suscitados por su testimonio de pastor solícito, contagió el corazón de mucha gente, hasta los más extremos confines de la tierra, gracias también a las peregrinaciones apostólicas y especialmente a ese último “viaje” que fue su enfermedad y su muerte.
En sintonía con sus predecesores, recogió la herencia del Concilio Vaticano II e impulsó a la Iglesia a estar abierta a la misión, a ser custodia de la esperanza del mundo, que está apasionada por el anuncio de ese Evangelio que es capaz de dar a toda vida plenitud y felicidad.
Todavía escuchamos resonar sus exhortaciones, expresadas con palabras elocuentes, para hacer más comprensible la alegre noticia: misericordia, paz, fraternidad, olor a oveja, hospital de campo y tantas otras. Cada una de estas expresiones nos lleva nuevamente el Evangelio vivido por él con un lenguaje nuevo que anuncia el mismo Evangelio de siempre.
El Papa Francisco alimentó una profunda devoción a María en toda su vida; recordamos, de hecho, que se dirigió muchas veces a Santa María Mayor, lugar de su sepultura, y a muchos santuarios marianos dispersos por el mundo. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, nos ayude a ser, en toda circunstancia, apóstoles infatigables de su divino Hijo y profetas de su amor misericordioso.
Desde el Vaticano, 12 de abril 2026
LEÓN PP. XIV

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