ESCUCHEN A LOS ANCIANOS, CUSTODIAN LA SABIDURÍA DE UN PUEBLO: PALABRAS DE LEÓN XIV EN LA RESIDENCIA PARA ANCIANOS EN SAURIMO, ANGOLA (20/04/2026)

El Papa León XIV inició su tercer día de Viaje Apostólico a Angola visitando, este 20 de abril, la Residencia para Ancianos de la ciudad de Saurimo y recordó que el cuidado de las personas frágiles es un indicador muy importante de la calidad de la vida social de un país. “Les debemos gratitud, porque han afrontado grandes dificultades por el bien de la comunidad”, dijo el Santo Padre en el discurso cuyo texto transcribimos a continuación, traducido del portugués:

Señora Directora, queridos hermanos y hermanas, ¡paz a esta casa y a todos los que habitan en ella!

Les agradezco mucho su acogida, tan llena de fe que me llega al corazón y es un gran consuelo para mi misión. ¡Gracias!

Me ha conmovido oír que llaman a este lugar “lar”, que habla de familia. Doy gracias a Dios por ello, y espero que todos ustedes puedan vivir aquí realmente, en la medida de lo posible, en un ambiente familiar.

A Jesús le agradaba estar en la casa de sus amigos. El Evangelio nos dice que iba a la casa de Pedro, en Cafarnaúm, donde un día curó a su suegra. Nos recuerda su amistad con María, Marta y Lázaro; en su casa, en Betania, era acogido como Maestro y Señor y, al mismo tiempo, con familiaridad.

Por eso, queridos hermanos, me gusta pensar que Jesús habita también aquí, en esta casa. Sí, Él vive entre ustedes cada vez que intentan amarse y ayudarse mutuamente como hermanos y hermanas. Cada vez que, tras una incomprensión o una pequeña ofensa, saben perdonarse y reconciliarse. Cada vez que, algunos de ustedes o todos juntos, rezan con sencillez y humildad.

Expreso mi agradecimiento a las autoridades angoleñas por las iniciativas en favor de los ancianos más necesitados, así como a todos los colaboradores y voluntarios. El cuidado de las personas frágiles es un indicador muy importante de la calidad de la vida social de un país. Y no olvidemos que a los ancianos no sólo hay que asistirlos, ante todo hay que escucharlos, porque custodian la sabiduría de un pueblo. Y les debemos gratitud, porque han afrontado grandes dificultades por el bien de la comunidad.

Queridas hermanas y queridos hermanos, llevaré en mi corazón el recuerdo de este encuentro con ustedes. Que la Virgen María, que llenaba de fe y de amor la casa de Nazaret, vele siempre por esta comunidad. Y que mi bendición también los acompañe. ¡Gracias!

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