QUE CALLEN LAS ARMAS EN UCRANIA, ALIVIO POR LA TREGUA EN EL LÍBANO: REGINA COELI DESPUÉS DE LA MISA EN KILAMBA, ANGOLA (19/04/2026)

El anhelo de paz que brota de África se extiende, gracias a las palabras del Papa León XIV pronunciadas al término de la Misa en Kimbala este 19 de abril ante unas 100 mil personas, al corazón de Europa, ensangrentado por el conflicto en Ucrania y en todo Medio Oriente, donde el Santo Padre espera que cesen definitivamente todas las hostilidades. Su pensamiento se dirigió en particular a la situación en el Líbano. Por cada parte de la humanidad que sufre a causa de los conflictos, a la Virgen se dirigió la súplica del Pontífice, para que ella, Madre de Jesús, Madre del Corazón, “nos ayude a sentir siempre cercana, viva y fuerte la presencia de su Hijo resucitado”. Transcribimos a continuación el texto de su alocución, traducido del portugués:

Queridos hermanos y hermanas:

Unámonos ahora en oración a María Regina Coeli, Reina del Cielo, para compartir con ella, nuestra Madre y compañera de camino, la alegría de la Resurrección.

Con este canto gozoso no queremos borrar ni sofocar el grito de los que sufren, sino más bien abrazarlo y unirlo a nuestra voz, en una nueva armonía, para que incluso en el dolor permanezca viva la luz de la fe, y con ella la esperanza en un mundo mejor.

Lamento profundamente la reciente intensificación de los ataques contra Ucrania, que siguen afectando también a los civiles. Expreso mi cercanía a quienes sufren y aseguro mi oración por todo el pueblo ucraniano. Renuevo el llamado para que callen las armas y se siga el camino del diálogo.

En cambio, es motivo de esperanza la tregua anunciada en Líbano, que representa un brote de alivio para el pueblo libanés y para el Oriente. Aliento a quienes están trabajando por una solución diplomática a continuar los diálogos de paz, para hacer permanente el cese de las hostilidades en todo el Medio Oriente.

Cristo ha vencido a la muerte, y es con esta certeza que todos nosotros, unidos a Él y en Él como un solo cuerpo, hoy y cada día nos comprometemos a hacer crecer a nuestro alrededor los frutos de la Pascua, que son el amor, la verdadera justicia y la paz, más allá de todo obstáculo y dificultad.

Que la Madre de Jesús, Madre del Corazón, nos ayude a sentir siempre cercana, viva y fuerte la presencia de su Hijo resucitado.

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