LLAMADOS A UN FUTURO MÁS GRANDE QUE SUS HERIDAS: PALABRAS DE LEÓN XIV EN EL ORFANATO “NGUL ZAMBA” (15/04/2026)
Este 15 de abril, después del Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo diplomático en el Palacio Presidencial de Yaundé, el Papa León XIV se dirigió al Orfanato “Ngul Zamba” dirigida por la Congregación de las Hijas de María de Yaundé, que acoge a niños y jóvenes pobres abandonados por sus familias. Después de la bienvenida y de escuchar algunos testimonios, el Santo Padre dirigió un breve mensaje en el que dijo a los niños que están llamados “a un futuro más grande que sus heridas” y agradeció a quienes trabajan en el orfanato, señalando que a través de ellos “se manifiesta la ternura de Dios”. Compartimos a continuación, el texto de su mensaje, traducido del francés:
Queridos niños, queridos amigos:
Me siento muy contento de visitar este orfanato, que para ustedes se ha convertido en su casa. En este lugar, ante todo, es el Padre celestial quien los recibe con amor como hijos suyos. Él quiere manifestarles su ternura y estrecharlos en su corazón; también yo deseo hacerlo en su nombre. Ustedes forman una verdadera familia y aquí encuentran hermanos y hermanas que comparten con ustedes una historia dolorosa, ¡y en esta familia el hermano mayor de ustedes es Jesús! Esta fraternidad reunida en torno a Él los vuelve fuertes, los ayuda a llevar juntos las cargas de la vida, y los hace saborear la verdadera alegría.
En un mundo marcado frecuentemente por la indiferencia y el egoísmo, esta casa nos recuerda que todos somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, y que, en la gran familia de Dios, nadie es nunca un extranjero o un abandonado, sin importar cuán pequeño pueda ser.
Queridos niños, sé que muchos de ustedes han pasado por pruebas difíciles. Algunos han sufrido el dolor de la ausencia con la pérdida de sus padres o de sus seres queridos. Otros han experimentado el miedo, el rechazo, el abandono, la privación, la incertidumbre. A pesar de todo, ustedes están llamados a un futuro más grande que sus heridas. Son portadores de una promesa. Porque ahí donde puede haber miseria, sufrimiento o injusticia, Dios está presente, conoce sus rostros y está muy cerca de ustedes. El Evangelio nos recuerda que Jesús tenía una predilección especial por los niños como ustedes, los ponía en el centro. Sepan que Él los mira hoy a cada uno de ustedes con el mismo afecto.
Quisiera expresar también mi agradecimiento a todos aquellos que acompañan a estos niños: a los responsables, a los educadores, al personal, a los voluntarios y, naturalmente, a las Hermanas. Su entrega fiel es un hermoso testimonio de amor. Cuidando a estos niños, saborean la alegría prometida por el Señor a quienes sirven a los pequeños (cf. Mt 25, 40). Su dedicación tiene el rostro de la misericordia divina. Por medio de ella y de su entrega, ustedes les brindan más que un sostén material: les proporcionan a estos niños una presencia, una escucha, una familia, un futuro. A través de ustedes se manifiesta la ternura de Dios, una ternura fiel, que no falla en las pruebas y nunca defrauda. Les agradezco todo lo que hacen y los invito a perseverar con valentía en esta hermosa obra que llevan adelante.
Mientras les doy mi bendición de todo corazón, los encomiendo a cada uno de ustedes a la protección de la Virgen María, nuestra Madre. Que ella los cuide siempre, los consuele en los momentos de tristeza y los ayude a crecer como verdaderos amigos de su Hijo Jesús.

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