TODOS PODEMOS SER CONSTRUCTORES DE PAZ Y RECONCILIACIÓN: PALABRAS DE LEÓN XIV EN LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE LA PRESENTACIÓN (08/03/2026)
Palabras del Santo Padre durante el encuentro con los jóvenes
Buenas tardes a todos y nuevamente bienvenidos.
Estoy muy contento de encontrarme aquí con ustedes, en esta Parroquia de la Presentación y gracias por este recibimiento.
La última pregunta que escuchamos – cómo encontrar a Dios, a Jesús, en medio de nosotros – se refiere a algo que debemos vivir todos, pero sabiendo buscar. Un poco por coincidencia, poco antes de salir de casa, esta tarde, tomé un libro que tiene como título “Alguien llama a tu corazón”: tu corazón es una puerta, y es Jesús el que te está buscando.
Algunas veces no somos tanto nosotros los que debemos buscarlo: Él ya nos está buscando. A los niños les digo: ustedes hablaron de la Primera Comunión, ¿cierto? ¿Cuántos son de la Primera Comunión? Veamos… Eso, ¡qué lindo grupo! ¡Muy bien! Será Jesús el que llegue a tu casa, a tu corazón, a tu vida. Nosotros debemos estar todos dispuestos a abrir la puerta para encontrar a Jesús que nos esperan. También hoy, en la Misa, en el Evangelio, escuchemos sobre este bellísimo encuentro entre Jesús y la mujer, y Jesús está allí, en el pozo, ella viene a buscar agua, pero Jesús ofrece el agua de vida. Es el mismo Don que nos ofrece a todos nosotros, especialmente en la Comunión, en la Eucaristía, pero también en la comunidad.
Y como estamos reunidos nosotros aquí esta tarde, así Jesús quiere llegar con nosotros, a nuestra casa, en familia, entre los amigos, también cuando nos encontramos juntos en la parroquia, en los grupos, en las distintas actividades – actividades de caridad – y sobre todo en la oración. Y qué importante es que todos aprendamos a orar. A escuchar a Dios, pero también hablar con Dios, con las oraciones que hemos memorizado y que decimos siempre, pero también con nuestras palabras: hablar con Jesús, llevarle a Jesús nuestras preocupaciones, las dificultades, los dolores que vivimos todos los días. Jesús está cerca de nosotros. Abramos los ojos. Reconozcamos que también en la persona junto a nosotros, o en la persona que sufre, la persona que no tiene donde vivir, donde dormir, que está en la calle, la persona enferma… jesús se encuentra también en esas circunstancias y nos pide que llevemos lo que hemos recibido a estas personas que lo necesitan, que tienen necesidad.
Entonces también está este sentido: encontrar a Jesús también en nuestra generosidad, en nuestros actos de caridad, cuando nosotros, en las distintas actividades de la parroquia, estamos trabajando juntos como una comunidad. Y también en la amistad, con los amigos vayamos con Jesus, y llevemos a los demás con Jesús. Una de las cosas más hermosas de esta parroquia es precisamente que aquí hay una especie de “jardín”, en donde las personas pueden venir a encontrar a Jesucristo, encontrar una comunidad de fe, encontrar la ayuda que necesitan. Y entonces todos nosotros, en este sentido, podemos participar en las distintas actividades de la parroquia para ser una luz, un testimonio en el mundo.
Finalmente, quisiera invitar a todos a reconocer que nosotros podemos ser constructores de paz y promotores de reconciliación. ¡Qué importante es esto!
También a los niños más pequeños: hagan las paces con el amigo, con la amiga, con los compañeros, cuando existen a veces dificultades en el grupo, diferencias de opiniones. Nosotros podemos buscar, encontrar un acuerdo en una forma – digamos – de paz y no de guerra, no de violencia – nunca – sin acosar, en las muchas formas que existen incluso entre los pequeños, entre los jóvenes, los muchachos… rechacen todas esas formas de violencia, de odio, cosas que causan división, y busquen ser, todos, promotores de paz, promotores de la reconciliación en el mundo de hoy. Así, desde pequeños, todos podemos aprender a ser constructores de paz, algo realmente necesario en nuestro mundo hoy. Entonces gracias a todos ustedes. Gracias por este recibimiento. Seguiremos celebrando juntos esta presencia de Cristo entre nosotros. Gracias.
Entonces… vamos a seguir, vamos a saludar también a ustedes que están de este lado. Pero podemos orar por un momento y recibir la bendición de Dios. Digamos juntos:
Padre Nuestro…
Bendición
¡Saludos a todos!
Palabras del Santo Padre durante el encuentro con ancianos y enfermos
Un saludo, buenas tardes, buenas tardes a todos. Estoy contento de estar aquí con ustedes.
Hoy tenemos un pequeño “cónclave”: hay dos Cardenales junto a mí, que me acompañan. Su Eminencia Montenegro, que viene siempre, y el Vicario, el Cardenal Baldo. Después el futuro, casi ya Obispo auxiliar de Roma, Mons. Stefano Sparapani, que está aquí con nosotros. Los saludamos. Hablo del Cónclave porque una señora me hizo recordar que hoy son 10 meses desde que fui llamado, elegido para servir como Obispo de Roma. Y entonces doy gracias a Dios, agradezco a todos ustedes por este bellísimo recibimiento, en verdad. Gracias.
Una palabra de agradecimiento a todos los que trabajan en la Caritas diocesana, en la Caritas de la Parroquia: es realmente importante tener estos signos, que son signos del amor de Dios hacia las personas muchas veces más vulnerables: las que sufren, por la edad, por la enfermedad, por situaciones sociales, porque son inmigrantes, porque no tienen lo necesario para vivir.
Al mismo tiempo, sin embargo, quisiera subrayar algo: cada uno de ustedes, también la persona más anciana, la persona más enferma, la persona más débil, cada uno de ustedes tiene muchísimo valor, porque todos somos creados a imagen de Dios, todos compartimos esta dignidad de ser hijos e hijas de Dios. Y muchas veces del mundo de hoy quisiera hacernos olvidar este hecho, pero no es así. Y entonces su presencia también aquí, esta tarde, habla mucho: es un testimonio muy hermoso del hecho de que todos nosotros, unidos como en una familia, tenemos un grandísimo valor, porque somos hijos de Dios, creados a Su imagen, amados por Dios y entonces, llamados, también nosotros, a compartir este amor con los demás. Y entonces su voz, su presencia, sus oraciones, también su sufrimiento: todo esto tiene un valor grandísimo en el mundo de hoy.
Gracias a todos ustedes porque hablan con un mensaje muy hermoso de lo que significa ser hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, hombres y mujeres que quieren vivir en familia y vivir estos grandes valores que encontramos en el Evangelio. Entonces estoy muy contento de poder saludarlos esta tarde y los animo a seguir. Adelante, incluso quizás con el dolor, la edad, la enfermedad, tantos sufrimientos, sabiendo que son amados por Dios y que estos gestos que vemos, tan importantes, a través de la Caritas, de la Parroquia, nos ayudan a ser realmente la gran familia de Dios, presencia de su amor, su cercanía con todos. Muchas gracias.
Pidamos también la intercesión de María nuestra Madre. Estamos en la parroquia de la Presentación, oremos diciendo: “Dios te salve, María…”
Bendición
Muchos saludos. Que Dios los acompañe siempre.
Palabras del Santo Padre durante el encuentro con el Consejo pastoral al final de la Misa
Bien, de nuevo buenas tardes a todos. Sinceramente, estoy muy contento de encontrarme aquí con ustedes esta tarde. Esta es la cuarta Parroquia que visitamos en este tiempo, en el primer año de mi nueva presencia en Roma, en calidad de Obispo de Roma.
Noté que la última vez que vino un Papa fue en 1982, con Juan Pablo II. Es el mismo año en que fui ordenado su sacerdote, aquí en Roma. Y entonces hay toda una historia, que juntos, en ciertos sentido, hemos podido vivir y construir. Y esta es una palabra que quizás nos ayuda a comprender también nuestro camino de fe, porque, si por una parte de esta Parroquia – en el sentido de territorio – permaneció en Roma, otro el mismo año, en 1982, se fue a los Estados Unidos, se fue a Perú, después regresó a Roma.
Y la historia sigue viéndose, sigue siendo una señal de la presencia, de la cercanía del Señor. En esto la Parroquia es realmente importante: es una familia, que está siempre presente, esperamos con las puertas abiertas, para recibir a todos los que necesitan sentir, encontrar este amor, esta misericordia de Dios, manifestada de tantas formas.
Y ustedes, durante todo este periodo, comenzado – como decían – celebrando la santa Misa en un garage, después, poco a poco, han visto toda la experiencia del crecimiento y acompañamiento junto a lo que es la iglesia. Hoy podemos realmente dar gracias al Señor por su gracia, por tantos dones.
Pero evidentemente no se trata sólo de mirar hacia atrás, al contrario. Es importante vivir el momento de hoy como gracia y decir: entonces ¿adónde vamos? ¿Y adónde vamos juntos como comunidad? Es un momento realmente hermoso este también porque, también su párroco es nuevo… Saludo a don Pablo y le agradezco por su disponibilidad, y espero que ustedes ya lo hayan conocido un poco: seguramente lo he hecho trabajar mucho.
Pero también esto es gracia. Todo es gracia. Porque el Señor en todo momento, con todas las circunstancias, con las dificultades y también las alegrías, quiere decirle a una comunidad que ustedes pueden todavía ser este signo de la presencia de Dios en un mundo que muchas veces está lejos, ha perdido un poco quizás esta sensibilidad, la conciencia de esta necesidad de vivir con el Señor.
Y entonces, habiendo escuchado un poco de los distintos grupos que se encuentran aquí, quisiera – digámoslo así – dejar una tarea, un trabajo, algo que todos debemos hacer: y es precisamente ser una Parroquia que representa a esta Iglesia en salida, lo que decía muchas veces el Papa Francisco.
Hoy nosotros fácilmente podemos preocuparnos por la dimensión material de la Parroquia, pero mucho más importante es la parte espiritual de la Parroquia y sobretodo esta dimensión misionera. Hoy hay muchas familias que ya no vienen a la Iglesia, hay muchos niños, jóvenes, que no reciben el Bautismo, que crecen y no conocen el don de la fe, al Señor, porque hemos perdido algo en eso que llamamos la “transmisión de la fe”.
Antes era la mamá, eran los abuelos, quienes muy fácilmente, siempre, le daban este regalo a los niños. Hoy hay tanta movilidad y hay tantos cambios en la sociedad, y muchas veces encontramos familias que, no por ser malas, por haber hecho algo malo, sino porque simplemente la vida ha seguido delante – ya no han tomado el tiempo para conocer a Jesús, para conocer la palabra de Dios, para conocer la belleza de lo que es vivir en fraternidad, en comunidad, pero también vivir unidos a Jesucristo.
Y entonces ahí hay un trabajo muy grande para nuestras parroquias, para ustedes como consejo parroquial que representan las distintas realidades de la Parroquia. Decir: cómo podemos nosotros hacer nuestro trabajo de manera que sea realmente una invitación, que no espere que vengan a nosotros, sino que encuentre el camino para salir, ir un poco más allá, para llamar, para acompañar a los que quizás nunca han conocido el don de la fe, el don de la comunidad cristiana.
Entonces, celebrando este hermoso encuentro de esta tarde, te pido al señor por todos ustedes, que sean la Iglesia viva – esta Iglesia, este barrio: hablábamos de periferia hoy, son el centro de Roma, aquí –, y que estén realmente donde el señor ha querido estar presente y nos ha convocado, nos ha llamado a ser esta presencia. Entonces, como Consejo, con el nuevo párroco, con renovado entusiasmo, busquemos todos ser realmente esta presencia del Señor en esta zona. Muchas gracias por todo lo que hacen. Muchas gracias por su fidelidad y gracias por formar parte de esta gran familia de la Iglesia. Gracias.
[Habla un miembro del Consejo pastoral]
De nuevo la bendición sobre todo sobre ustedes como Consejo, y que tengan siempre esta fidelidad, este sentido, esta capacidad de poder ser un signo vivo, en esta zona, de la presencia de Dios, de Su misericordia.
Bendición
Muchas, muchas felicidades a ustedes y muchas gracias.

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