HOY SE TIENDE A CERRAR LAS PUERTAS, EL EVANGELIO LLAMA A LA ACOGIDA: PALABRAS DE LEÓN XIV EN SU VISITA A LA PARROQUIA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS (15/03/2026)

El Papa León XIV terminó las visitas pastorales en la cercanía de la Pascua en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Ponte Mammolo, este 15 de marzo. Subrayó el valor de la inclusión que esta comunidad promueve desde hace muchos años y agradeció por la vitalidad de los jóvenes. El Santo Padre se encontró con las familias, los ancianos, los niños, los catequistas, los voluntarios que trabajan con las personas en situación de calle, con los pobres y los extranjeros. Ha sido hermoso ver a este Papa itinerante por la ciudad durante estas visitas pastorales. Transcribimos a continuación los mensajes pronunciados por el Santo Padre en sus diversos encuentros con los grupos parroquiales, traducidos del italiano:

Palabras del Santo Padre durante el encuentro con niños y adolescentes en el campo deportivo

Buenas tardes a todos. Nuevamente bienvenidos.

Gracias por este recibimiento. Buenas tardes (en español). Hay una comunidad muy grande de peruanos aquí. Bien, bien. Y muchos otros. Buenas tardes. Gracias.

[Intervención de los niños]

Buenos días a todos.

Ustedes representan a la Parroquia que tiene como patrono al Sagrado Corazón de Jesús. El corazón, ¿qué representa? El amor, la calidad, la expresión tan grande de Dios infinito; y de Dios, lo que es infinito es su amor, su gracia, su misericordia. Y eso es algo que, en esta Parroquia, de manera muy especial, se hace presente para muchas personas. Y quiero agradecer a todos ustedes, a todos los que forman parte de esta Parroquia: a la Caritas, en la expresión de ayuda a los inmigrantes; a los que acompañan a los enfermos, a los que muchas veces sufren porque no encuentran trabajo, no tienen casa, no saben adónde ir. Y ustedes, como Parroquia, han creado una comunidad que verdaderamente sabe acoger. Y por eso les agradezco en verdad, porque es un signo de esperanza en un mundo donde muchas veces el dolor, el sufrimiento, las dificultades, son muy grandes.

Escuché pocos minutos antes de salir de casa a una señora que hablaba; decía que en el mundo ya no hay signos de esperanza; estaba sufriendo debido a la guerra y ella preguntaba: “¿Ahora adónde voy?”. Había perdido todo. Pero nosotros que creemos en Jesucristo y vivimos como hermanos y hermanas unidos, podemos ser ese signo de esperanza incluso en un mundo donde ya no se encuentran estos signos. ¿Y por qué? Porque creemos y conocemos a Jesucristo, su corazón, su amor que está siempre con nosotros. Y ustedes representan este amor infinito.

Gracias por estar aquí y gracias por este gesto, esta vida de compromiso en la fe, es decir de esfuerzo por la fe, por vivir así el amor de Dios.

Ahora quiero dar también un saludo especial. Hay muchas personas que nos acompañan; no han podido estar aquí adentro, pero desde los balcones, desde los techos de las casas… A todos un saludo muy grande y gracias también a ustedes. ¡Todos están invitados, todos son llamados! Y así también nosotros podemos representar a esta familia que no conoce límites, que quiere invitar a todos a decir: “¡Vengan todos!”. Incluso si no es posible entrar por el número de personas, hay un signo muy importante aquí, precisamente en esta zona en donde muchas veces vemos, escuchamos las dificultades, muchos problemas: hay una Parroquia viva, una comunidad de fe, una comunidad que dice “¡Vengan todos!”, porque en Jesucristo hay salvación y nosotros queremos vivir, recibir y compartir este gran amor que el Señor nos ofrece.

Gracias de nuevo por estar aquí. Será un placer celebrar con ustedes nuestra fe, escuchar la Palabra de Dios, celebrar la Eucaristía, dar gracias al Señor.

Entonces continuemos este bello encuentro, sabiendo que en estos encuentros Jesucristo se hace cercano a nosotros. Vivamos nuestra fe y así seamos todos esperanza.

Gracias.

Bien. Ya que todos no pueden entrar a la iglesia, tendremos aquí un momento de oración y la bendición para todos ustedes.

Oremos juntos: Padre Nuestro…

[Bendición]

Saludos a todos ustedes. Y vivamos este encuentro con la alegría, porque conocemos a Jesús que está aquí con nosotros. Gracias.

Palabras del Santo Padre durante el encuentro con ancianos y enfermos

Buenas tardes a todos.

Es un placer encontrarlos, tener esta ocasión de pasar juntos la tarde con la alegría de ser hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas todos, que durante este tiempo de la Cuaresma, tiempo de conversión, tiempo para acercarnos más al Señor, podemos encontrar realmente una casa, una familia, una experiencia de comunidad, donde las puertas están abiertas y acogen a todos. Es una belleza que muchas veces en el mundo es difícil encontrar. Entonces, gracias por haber venido.

Sé que algunos de ustedes tienen sufrimientos, enfermedades, las dificultades de la edad que a veces se presentan… sin embargo han venido. Y les agradezco. Es una ocasión muy hermosa también para mí. Estoy muy contento de estar aquí con ustedes. Y gracias por este recibimiento.

El Card. Baldo Reina me estaba diciendo hace un momento, que hay un centenar de parroquias en Roma donde hay está acogida, incluso después de la escuela, es decir la posibilidad para las familias de migrantes de que puedan encontrar un lugar, un sitio, quizás comenzando con el estudio del italiano, pero también con otras ayudas, para integrarse a la sociedad. Quisiera subrayar el gran valor de este gesto, porque sabemos – y no sólo en Italia, sino en muchas partes del mundo hoy, – una nueva actitud se está presentando en donde quieren cerrar puertas, donde quieren decir: “¡Basta! ¡Que no vengan otros!”. Y en cambio nosotros como discípulos de Jesucristo sabemos que el Evangelio nos llama a vivir un espíritu distinto. El Evangelio nos dice que cuando Jesús se presenta y dice: “Soy extranjero. Ustedes me han recibido”. Y este es un gesto que hacemos con todas las personas que representan realmente a Jesucristo en medio de nosotros.

Y entonces les agradezco por este hermosísimo servicio. Quisiera animar a los que vienen, que seguramente encuentran dificultades, hay personas que no tienen casa, que gracias a Dios pueden encontrar aquí un lugar también para – no sé – la ducha, para algo de comer, para un poco – digamos – de comunidad, personas que reciben algo. Hoy también está esto, muchas veces: la soledad. Muchas personas sufren, se encuentran solas, no encuentran con quien hablar, quien les pueda ayudar, quien los pueda acompañar en el camino de la vida.

Y entonces una Parroquia que se llama Sagrado Corazón, es una Parroquia que representa este corazón de Jesús, es realmente un lugar bendecido por Dios, que está llamada a ser esta casa de acogida, esta casa de fraternidad, de caridad, de amor, donde las personas que tienen necesidades pueden encontrar realmente una familia. Una familia que ora, una familia que vive la fe, una familia que vive el auténtico amor en la caridad fraterna. Gracias a todos ustedes, gracias de nuevo por estar aquí. Es realmente un placer poder saludarlos.

Quisiera agradecer también a su párroco; démosle también a él un fuerte aplauso para decirle: “Gracias Don Francis por todo lo que hace”. El párroco no es la Parroquia, pero sin perro con muchas veces hay dificultades. Entonces, le agradecemos sinceramente por todo el servicio y a través de él también a todos los párrocos, a todos los sacerdotes que sirven a la comunidad en Roma.

Después saludamos también a Su Eminencia, el Vicario y futuro Obispo, aquí junto a mí, Don Marco. Una comunidad que representa el amor de Dios es realmente un regalo muy grande. Gracias, gracias a todos ustedes.

[Bendición]

Gracias, gracias a todos ustedes.

Palabras del Santo Padre durante el encuentro con el Consejo pastoral parroquial al término de la Misa

[Introducción de Don Francis Refalo]

Bien, entonces, hemos celebrado juntos la Eucaristía, y como vimos todos, al final este hermoso regalo que me presentaron será la firma de todos ustedes. Digamos, esa pequeña broma que dije ahí no era una broma, es verdad: la importancia de la participación de personas como ustedes, que están dispuestos a vivir su fe católica, haciendo a veces grandes sacrificios, ofreciendo su tiempo, sus energías, su amor a tantas personas, digamos a todas las “clases”, categorías: italianos, no italianos, jóvenes, no tan jóvenes, pero caminando juntos y dando vida y presencia a esta Parroquia.

Durante la celebración estaba pensando que en ciertos sentido las lecturas que escuchamos eran precisamente para este día y esta Parroquia. ¡Es su experiencia y que hermoso era! Comenzando por la idea del agua que purifica y que lava: ¡ustedes tienen también aquí en la Parroquia regaderas! Las personas que vienen precisamente a buscar vida: qué importante es el agua, en muchos sentidos. Y después frente al altar – no sé cuándo se haya hecho, digamos, un poco para renovar la iglesia – pero está la fuente bautismal precisamente al frente. Es un hermoso signo, especialmente durante la Cuaresma, porque, ustedes saben, que el tiempo de Cuaresma, en la larga tradición de la Iglesia, ha sido siempre la preparación para el Bautismo. Y entonces es hermoso este camino cuaresmal, este deseo de muchas personas que quieren acercarse a Cristo. Pero es necesario purificarse, entonces, para ir con Cristo en la plenitud, digamos, de la comunión: precisamente ese mismo camino de la caritas, de la caridad, del amor de Dios.

Entonces hay muchos elementos; desde las personas que piensan que pueden ver, pero están ciegas y las personas muchas veces que quizás piensan de manera distinta son ciegas, pero con la gracia de Dios logran ver y entender que la vida es mucho más grande que lo que vemos en la superficialidad. Pero muchas veces es necesario encontrar quién ayude, quién acompañe, quién dé una mano para vivir esta experiencia de Jesús. Y en este sentido, son ustedes y seguramente son muchas otras las personas, que de alguna manera participan en esta vida activa de una Parroquia llamada a ser corazón, Sagrado Corazón, y a ser esta presencia, testimonio, del amor de Dios en el mundo, en Roma, en este barrio, que no es siempre fácil.

No hemos hablado, pero el capellán que estaba aquí ahora está en Rebibbia, que está aquí detrás. En cierto sentido también es cercanía allí, esa presencia, debería hacerlos pensar un poco. Las personas que buscan la libertad seguramente se han equivocado, algún problema existe, pero también para ellos está la invitación a vivir la conversión, a cambiar su vida, en situaciones que son realmente muy, muy complejas. Lo sabemos. Pero también esta presencia con la Parroquia, el capellán, la presencia de la Iglesia, la ayuda seguramente de otras personas, es una misión muy importante.

Entonces les agradezco. Como siempre digo en estos momentos, invito al Vicario si quiere decir alguna palabra, porque pienso que es importante también aprovechar estos momentos de encuentro con toda la Iglesia, con el Vicario que representa al Obispo de Roma en la Diócesis. Agradezco su presencia y escuchemos un poco también una palabra en esta ocasión. Gracias.

[Habla el Card. Baldo Reina]

Gracias también porque oran por las intenciones del Santo Padre, por la misión no sólo mía, de todos nosotros, de toda la Iglesia. Entonces, otro Padre Nuestro no hace mal.

Oremos juntos: Padre Nuestro…

[Bendición]

Muchas felicidades y gracias y, anticipando, como he dicho, ¡feliz Pascua a todos!

Saludo final a los fieles antes de volver al Vaticano

Buenas noches a todos. Buenas noches, gracias.

Un saludo grande a todos ustedes, buenas noches.

Gracias, gracias por estar aquí. Es un placer celebrar con ustedes, la Eucaristía, nuestra fe, nuestra comunión.

Ser miembros de esta Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús es un auténtico testimonio del amor de Dios en el mundo y aquí en Roma. Gracias por todo lo que hacen. Gracias por ser este testimonio vivo.

Gracias, estoy muy contento de estar aquí con ustedes. Esperemos que no pasen otros 40 años hasta la próxima visita.

Gracias, gracias a nuestro párroco, a todos los que colaboran en la Parroquia, también a todos los que viven aquí cerca, que reconozcan siempre donde encontrar el amor de Dios en la familia cristiana, la familia católica aquí en esta Parroquia.

Podemos concluir con la bendición y con esta alegría que viene en este domingo de Laetare. Alégrate, que vivamos siempre como signo de esperanza. El Señor esté con ustedes.

[Bendición]

Buenas noches a todos. Muchas felicidades.

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