LA DONACIÓN DE ÓRGANOS ES UN ACTO NOBLE Y DE GENEROSA SOLIDARIDAD: PALABRAS DE LEÓN XIV AL CENTRO NACIONAL DE TRASPLANTES DE ITALIA (26/03/2026)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Excelencia, Señor Ministro, señoras y señores, bienvenidos y gracias por su paciencia.
Me alegra recibirlos con motivo de los Estados Generales de la Red Nacional de Trasplantes, y agradezco a la Pontificia Academia para la Vida que acompaña a este importante sector. Su presencia da testimonio del compromiso de tantos trabajadores de la salud, profesionales y voluntarios, que, con competencia y dedicación, están al servicio de la vida humana en los momentos de mayor fragilidad.
Ustedes recuerdan un aniversario importante: hace setenta años tuvo lugar la primera donación en Italia, cuando el Beato don Carlo Gnocchi pidió que sus córneas fueran extraídas tras su muerte y trasplantadas a dos jóvenes asistidos por su Obra, quienes pudieron volver a ver. Ese gesto, realizado en un contexto aún carente de una normativa orgánica, suscitó una amplia reflexión en la sociedad italiana y contribuyó a iniciar un proceso de definición legislativa.
Precisamente unas semanas después de ese gesto de don Gnocchi, el Papa Pío XII ofreció una primera orientación moral sobre estos temas, reconociendo la licitud de la extracción con fines terapéuticos, respetando la dignidad del cuerpo humano y los derechos de las personas involucradas. [1] Desde el principio, entonces, la reflexión de la Iglesia ha acompañado el desarrollo de la medicina de los trasplantes, reconociendo su valor e indicando, al mismo tiempo, los criterios éticos necesarios.
Desde entonces, un rico desarrollo en la investigación científica y la dedicación humana ha conducido a la Red de Trasplantes de Italia a resultados de gran relevancia, reconocidos a nivel internacional. Detrás de estos resultados hay un patrimonio de competencias y también una cultura de responsabilidad y confianza que pide ser custodiada y apoyada.
San Juan Pablo II, en la Encíclica Evangelium vitae, recordó que entre los gestos que alimentan la cultura de la vida «merece particular aprecio la donación de órganos realizada de manera éticamente aceptable» (n. 86). Se trata, de hecho, de una acción que une la generosidad del don con la responsabilidad moral que lo acompaña. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma, a su vez, que «la donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio que debe ser alentado como manifestación de solidaridad generosa» (n. 2296), recordando al mismo tiempo la necesidad del consentimiento y el respeto a la dignidad de la persona. Hay que estar siempre atentos para evitar cualquier forma de mercantilización del cuerpo humano y garantizar criterios justos y transparentes en los trasplantes. [2]
La medicina de los trasplantes nos recuerda que la relación de cuidado, de confianza y de responsabilidad recíproca constituye una condición imprescindible para que el trasplante pueda realizarse. La posibilidad misma de salvar vidas a través de los trasplantes depende, de hecho, de la generosidad de los donantes. [3]
El Papa Francisco subrayó que la donación no se agota en su utilidad social, por muy importante que sea, sino que se configura como expresión de la fraternidad universal. Reiteró, además, que ésta debe seguir siendo un acto gratuito, capaz de dar testimonio de una cultura de la ayuda, del don, de la esperanza y de la vida. [4] Es un llamado más que valioso en una época en la que todo corre el riesgo de ser valorado según la lógica del precio, de la eficiencia o del interés.
Aprovecho a mi vez esta ocasión para alentar la investigación científica, que sigue abriendo perspectivas importantes para la medicina de los trasplantes. Ésta está llamada a desarrollar soluciones cada vez más eficaces para responder a la necesidad de órganos y a las necesidades de los pacientes, en un contexto en el que la demanda sigue superando con creces la disponibilidad. Es necesario que dicho compromiso vaya siempre acompañado de una reflexión responsable, para que el progreso científico siga orientado al bien integral de la persona y al respeto de su dignidad.
A todos ustedes les expreso mi gratitud. El suyo es un trabajo exigente y a menudo oculto, que requiere competencia y rigor y, al mismo tiempo, conciencia, equilibrio y vivo sentido de humanidad. En él se entrelazan responsabilidades clínicas, decisiones delicadas y relaciones que tocan la vida de las personas en los momentos más difíciles. Sigan desempeñándolo con fidelidad y dedicación, teniendo siempre como referencia el bien del paciente.
Animo, finalmente, a las instituciones y al mundo del voluntariado a continuar con la labor de información y sensibilización, para que pueda crecer una cultura de la donación cada vez más consciente, libre y compartida, capaz de reconocer en este gesto un signo de solidaridad, de fraternidad y de esperanza.
Les deseo lo mejor para su compromiso como Asociación e invoco sobre ustedes y sobre sus seres queridos la bendición del Señor. Gracias.
[Bendición]
¡Gracias otra vez y mucha suerte en el trabajo!
[1] Pio XII, Discurso a la Asociación de donantes de córnea y a la Unión Italiana de Ciegos (14 mayo 1956).
[2] cf. S. Juan Pablo II, Discurso al XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes (29 de agosto 2000).
[3] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en el Congreso internacional sobre el tema: “Un don para la vida. Reflexiones sobre la donación de órganos”, promovido por la Pontificia Academia para la Vida (7 de noviembre 2008).
[4] cf. Francisco, Discurso a la Asociación Italiana para la Donación de Órganos, Tejidos y Células (13 de abril 2019).

Comentarios