SÓLO UNIDOS EN EL AMOR PODEMOS SUPERAR LAS AMENAZAS DE GUERRA: PALABRAS DE LEÓN XIV A MIEMBROS DEL ORDINARIATO MILITAR PARA ITALIA (07/03/2026)

El Papa León XIV se reunió este 7 de marzo por la mañana, en la Sala Clementina, con capellanes y oficiales del Ordinariato Militar para Italia con motivo del centenario de su fundación. El Santo Padre les recordó que la Iglesia, siguiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II y las Exhortaciones Apostólicas Evangelii Nuntiandi y Evangelii Gaudium, «proclama el Evangelio de la paz, dispuesta a colaborar con todos para custodiar este bien universal». Subrayó que su servicio «es un acto de amor hacia la patria, hacia los territorios y, sobre todo, hacia la gente», con una «proximidad concreta», especialmente allí donde «la fragilidad es mayor». Transcribimos a continuación el texto de su discurso,, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Queridos hermanos en el Episcopado, señores ministros, distinguidas autoridades militares, reverendos capellanes y oficiales del Ordinariato Militar, queridos hermanos y hermanas:

A todos ustedes les dirijo una calurosa bienvenida. En particular, al saludar a los Ordinarios Militares provenientes de otros países fuera de Italia, los animo a continuar profundizando el diálogo y la colaboración entre los distintos Ordinariatos esparcidos por el mundo.

Inter Arma Caritas: «para llevar a Cristo a las venas de la humanidad, renovando y compartiendo la misión apostólica, mirando mañana con serenidad, realizando decisiones valientes» (cf. Discurso a los Obispos de la Conferencia Episcopal Italiana, 17 de junio 2025). Estas son las palabras que están orientando el camino del Centenario del Ordinariato Militar para Italia, un evento que custodia memoria, actualidad y profecía.

Vivimos en una sociedad que corre el riesgo de olvidar el sentido de la memoria. Nuestra época posee una capacidad extraordinaria para transmitir información, pero una cada vez más débil capacidad de interiorizarla. La memoria es a menudo “externada” y está disponible, pero no siempre es hecha propia y se activa. Para la Iglesia, en cambio, ésta es conciencia viva: no acumulación de datos, sino constante llamado a la responsabilidad; no nostalgia, sino raíz que genera profecía. Para los cristianos la memoria tiene un carácter único: es celebración de Dios que entra en la historia, porque la fe cristiana se funda en un hecho histórico y la salvación no es una idea, sino una persona viva del Señor Jesucristo.

También el Centenario del Ordinariato Militar para Italia se inserta en esta lógica, como memoria encarnada de una historia concreta, hecha de hombres y mujeres uniformados que, en camino dentro de la Iglesia, apoyados y acompañados por sus pastores, en los días luminosos de la paz y en los dramáticos de la guerra, con sacrificio, valentía y dedicación han contribuido al crecimiento de esta sociedad, a veces a costa de su vida.

En dicho horizonte, resuella actual la enseñanza del Papa San Pablo VI, quien afirmaba que la historia no es una realidad que hay que sufrir, sino un lugar de gracia en el cual construir la civilización del amor. El Centenario que celebran desea hacer eco precisamente de este mensaje, a la luz del mandamiento del Señor: «que se amen unos a otros como yo los he amado» (Jn 15, 12). Su servicio es un acto de amor – hacia el país, hacia los territorios, sobre todo hacia las personas –, que se traduce en proximidad concreta, especialmente en los lugares y circunstancias en que mayores son las fragilidades.

En ustedes, queridos capellanes militares, resuena por ello la exhortación de San Agustín a vivir el ministerio como amoris officium, un servicio de amor. Al comentar el diálogo entre Jesús Resucitado y Pedro, Agustín escribe: «Si me amas, no pienses en pastorearte a ti mismo, sino pastorea a mis ovejas, como mías, no como tuyas; busca en ellas mi gloria, no la tuya; mi dominio, no al tuyo […]. Al pastorear a sus ovejas, no busquemos nuestros intereses, sino los suyos» (In Joannis Evangelium, 123, 5). Muchos capellanes militares han encarnado estas palabras y han hecho visible la caridad pastoral hasta el heroísmo de las virtudes, a veces hasta el martirio.

La acción del capellán militar se realiza a menudo en el silencio, en los lugares de Paz y en los de conflicto, en las instalaciones militares de los contextos operativos, en las capillas y en las tiendas de campo. Es allí donde el cuidado del rebaño del Señor se manifiesta a través del testimonio de la vida, el anuncio del Evangelio, la celebración de la Eucaristía y los Sacramentos, la escucha paciente y el acompañamiento espiritual. En dichos sentido, asumen un particular relieve los contextos formativos, las Academias, las Escuelas, los Institutos de formación, lugares en los que se moldean las conciencias. En una sociedad marcada por la movilidad humana y la pluralidad cultural, el capellán se pone también al servicio del diálogo entre los pueblos, las culturas y religiones, dando testimonio de una Iglesia que se hace instrumento de unidad. Su acción espiritual contribuye así la promoción del bien común y la paz social, fruto – como recordaba el Papa Francisco – de un paciente trabajo artesanal, que requiere formación, justicia y caridad (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 217-221).

El Concilio Vaticano II, en la Constitución pastoral Gaudium et spes, afirma: «los hombres, como pecadores, están y estarán siempre bajo la amenaza de la guerra hasta la venida de Cristo; pero en la medida que logran, unidos en el amor, vencer al pecado, ellos vencen también a la violencia» (n. 78). En este horizonte se coloca la misión del militar cristiano. Defender a los débiles, proteger la convivencia pacífica, intervenir en los desastres, trabajar en las misiones internacionales para custodiar la paz y restablecer el orden. Todo eso no puede reducirse a una mera profesión: es una vocación, respuesta a una llamada que interpela la conciencia. La identidad del militar está forjada por la generosidad, el espíritu de servicio, altas aspiraciones y profundos sentimientos. Pero tales valores exigen un fundamento, un don de Gracia capaz de alimentar la calidad hasta la dedicación total de sí mismo. Hace falta, por tanto, inspirar con la savia del Evangelio los códigos, las normas y misiones de la vida militar para que, en el servicio de la seguridad y la paz, el bien común de los pueblos este siempre en el primer lugar.

Hace 40 años, con la Constitución apostólica Spirituali militum curae, San Juan Pablo II configuró los Ordinariatos Militares como Iglesias particulares, dotadas de una propia identidad teológica y organizacional. Dirigiéndose a los participantes en el primer Sínodo de los Ordinariatos Militares (6 de mayo 1999), él subrayaba la especificidad de esta Iglesia que acompaña a los militares, a sus familias y a quienes están relacionados con el servicio de las Fuerzas Armadas y de Policía. Y, en el Jubileo del 2000, el mismo Santo Pontífice decía a los militares: «[Ustedes] están […] llamados a defender a los débiles, a proteger a los honestos, a favorecer la pacífica convivencia de los pueblos. A cada uno de ustedes le es adecuado el papel de centinela, que mirar a lo lejos para evitar el peligro y promover por todos lados la justicia y la paz» (Homilía en la Misa para el Jubileo de los Militares y las Fuerzas de Policía, 19 de noviembre 2000, 2).

La Iglesia, en el seguimiento del magisterio del Concilio Vaticano II y de las Exhortaciones apostólicas Evangelii nuntiandi y Evangelii gaudium, proclama el Evangelio de la paz, dispuesta a colaborar con todos para custodiar este bien universal (cf. Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium, 239). En ella, el Ordinariato Militar para Italia, a través del cuidado espiritual, desea ser un laboratorio eficaz de la acción de Dios a favor del hombre, un espacio de formación para el paso del amor sui al amor Dei, fundamento de esa Civitas Dei en la cual la ley fundamental es la caridad (cf. S. Agustín, De civitate Dei, 14, 28) y en donde la paz no es solamente ausencia de conflicto, sino plenitud de justicia, de verdad y amor. En esta perspectiva los animo a continuar en la realización de los proyectos que tienen en mente: el Centro Pastoral, las actividades formativas para los capellanes y los aspirantes a capellanes y, en particular, el Centro de Altos Estudios para la Asistencia Espiritual, dirigido a promover una reflexión interdisciplinaria acerca de los desafíos del mundo actual, sobre la inculturación de la fe, sobre la relación entre Evangelio, cultura, ciencias y nuevas tecnologías.

Muy queridos todos, gracias por todo lo que hacen. Invoco sobre todos ustedes, sobre sus familias y sobre su servicio la intercesión de María, Reina de la Paz, y de sus santos protectores, y de corazón los bendigo. Gracias.

Comentarios

Entradas populares