LA SALUD NO ES UN LUJO SINO CONDICIÓN PARA LA PAZ SOCIAL: PALABRAS DE LEÓN XIV A PARTICIPANTES EN CONGRESO SOBRE LA SALUD (18/03/2026)

Al recibir este 18 de marzo, en el estudio adjunto al Aula Pablo VI, a los participantes en el Congreso «¿Quién es hoy mi prójimo?», el Papa León XIV abogó por una atención médica accesible para todos, «para evitar que una injusticia se convierta en semilla de conflictos». «Cuidar de la humanidad de los demás – subrayó el Pontífice – ayuda a vivir la propia». También la Iglesia puede dar una gran contribución en la lucha contra las desigualdades en el ámbito de la salud, dijo el Santo Padre en su discurso cuyo texto transcribimos a continuación, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Eminencia, queridos hermanos en el Episcopado, señores ministros, ilustres representantes de las instituciones internacionales y europeas, queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos:

Han llegado aquí a Roma, desde distintos países europeos, para participar en este momento de reflexión con el título “Hoy, ¿quién es mi prójimo?”, promovido por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, la Organización Mundial de la Salud – Región Europa y la Conferencia Episcopal Italiana.

Durante este día se presentará el segundo “Reporte europeo OMS sobre el estado de la igualdad en la salud”. Es un documento que llama la atención sobre situaciones vividas por muchas personas en Europa, en particular por muchos hombres y mujeres que experimentan cotidianamente la pobreza, la soledad y el aislamiento.

En muchas naciones las desigualdades en el campo de la salud están creciendo: menos personas pueden curarse con los servicios ofrecidos. Una mirada urgente debe colocarse también sobre la salud mental de las personas, en particular de los jóvenes, porque las heridas invisibles de la psique no son menos pesadas que las visibles.

La salud no puede ser un lujo para pocos, sino que es una condición esencial para la paz social. Una cobertura de salud universal no es solamente un objetivo técnico que hay que alcanzar, es ante todo un imperativo moral para las sociedades que quieren definirse como justas. La protección y el cuidado de la salud deben ser accesibles a los más vulnerables, porque esto es requerido por su dignidad y también para evitar que una injusticia se convierta en semilla de conflictos.

La pregunta que está en el centro del tema de este día, tomada del Evangelio de Lucas (cf. 10, 29), no se interpela a todos; no para justificarse, sino para dejarse interrogar plenamente. Es una pregunta siempre actual, que no tiene una respuesta única y unívoca, sino que pide a cada uno responder de manera concreta y puntual. Por tanto, podemos preguntarnos: para mí, en este momento de mi vida, ¿quién es el prójimo? Y las distintas situaciones en que nos encontramos viviendo, las respuestas son diferentes; lo que no cambia es la invitación a ir hacia el otro, sobre todo hacia los que sufren.

En el libro del Génesis encontramos una interrogante análoga: «El Señor le dijo a Caín: “¿Dónde está Abel, tu hermano?”. Él respondió: “No lo sé. ¿Acaso soy el custodio de mi hermano?” (4, 9). En la parábola del buen samaritano encontramos la respuesta: sí, tú eres el custodio de tu hermano, porque estás llamado a custodiar su humanidad.

San Agustín afirma que «nuestro Dios y Señor quiere llamarse nuestro prójimo. De hecho, el Señor Jesucristo hace comprender que fue Él mismo quien ayudó a ese medio muerto que yacía en el camino maltratado y abandonado por los ladrones». [1]

En la Encíclica Fratelli tutti el Papa Francisco se detiene en el papel de los ladrones que habían herido al viajero. Nos recuerda que «los “ladrones del camino” tienen a menudo como secretos aliados a los que “pasan por el camino mirando hacia otro lado”» (n. 75). La distancia, la distracción, el acostumbrarse a la visión de la violencia y los sufrimientos de los demás nos impulsan hacia la indiferencia. Tu hombre y mujer, en particular el cristiano, está llamado a fijar la mirada en los que sufren, en el dolor de las personas solas, sobre quienes por distintos motivos son marginados y considerados como “descartados”, porque sin ellos no podremos construir sociedades justas, a la medida de las personas.

Es ilusorio pensar que, ignorando a estos hermanos y hermanas, sea más fácil alcanzar una condición de felicidad. Solamente juntos podremos construir comunidades solidarias y capaces de cuidar de cada uno, en las cuales se desarrollen bienestar y paz, en beneficio de todos. Cuidar la humanidad de los demás ayuda a vivir la propia.

Queridos hermanos y hermanas, la Iglesia «tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia o educación», sino que está siempre «al servicio de la promoción del hombre y de la fraternidad universal». [2] Las Iglesias en Europa y en el mundo, en colaboración con las organizaciones internacionales, pueden desarrollar también un servicio determinante en el combate a las desigualdades en el campo de la salud, a favor de las poblaciones más vulnerables. Renuevo por ello el deseo, que se hace exhortación, para que «en nuestro estilo de vida cristiana nunca falte esta dimensión fraterna, “samaritana”, inclusiva, valiente, comprometida y solidaria, que tiene su raíz más íntima en nuestra unión con Dios, en la fe en Jesucristo». [3]

Muy queridos todos, gracias por todo lo que hacen. Los encomiendo a la maternal intercesión de la Virgen María y de corazón los bendigo a ustedes, a sus familias y a su servicio.

Gracias y buen trabajo. ¡Muchas felicidades!


[1] S. Agustín, De doctrina christiana, I, 30, 33.

[2] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009), 648.

[3] Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo (11 febrero 2026).

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