ESCUCHAR A LAS VÍCTIMAS ES ESENCIAL PARA LA PREVENCIÓN DE LOS ABUSOS: PALABRAS DE LEÓN XIV A LA PONTIFICIA COMISIÓN PARA LA PROTECCIÓN DE MENORES (16/03/2026)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Bienvenidos, queridos hermanos y hermanas:
Me complace saludarlos a todos ustedes hoy, al reunirse para su Asamblea Plenaria. De manera particular, agradezco al nuevo Presidente – todavía nuevo – el Arzobispo Thibault Verny, Presidente de la Comisión, por su liderazgo y dedicación. Y agradezco al Secretario, el Obispo Luis Manuel Alí Herrera, por su devoto servicio, así como a la Secretaria Adjunta, la Dra. Teresa Morris Kettelkamp, por sus valiosas contribuciones al trabajo de la Comisión. Asimismo, expreso mi gratitud a todos ustedes, miembros y colaboradores, por su servicio a la Iglesia en la protección de niños, adolescentes y personas en situaciones de vulnerabilidad. Es un servicio demandante, a veces silencioso y a menudo gravoso, pero esencial para la vida de la Iglesia y para la construcción de una auténtica cultura del cuidado.
Mi venerable predecesor, el Papa Francisco, quiso situar su servicio permanentemente dentro de la Curia Romana para recordar a toda la Iglesia que la prevención de los abusos no es una tarea opcional, sino una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia. Desde mi elección, me ha animado mucho el diálogo que ustedes han fomentado con la Sección Disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Al hacerlo, están logrando la meta deseada de que la prevención – una de sus responsabilidades – y la vigilancia disciplinaria ejercida por ese Dicasterio se unan de manera verdaderamente sinérgica y eficaz.
Su misión es ayudar a asegurar que el abuso sea prevenido. Sin embargo, la prevención nunca es solamente un conjunto de protocolos o procedimientos. Se trata de ayudar a formar, en toda la Iglesia, una cultura del cuidado, en la que la protección de menores y personas en situaciones de vulnerabilidad no sea vista como una obligación impuesta desde fuera, sino como una expresión natural de fe. Exige, por lo tanto, un proceso de conversión en el que los sufrimientos de los demás sean escuchados y nos muevan a actuar. Al respecto, las experiencias de las víctimas y de los sobrevivientes son puntos de referencia esenciales. Aunque son ciertamente dolorosas y difíciles de escuchar, estas experiencias sacan poderosamente a la luz la verdad y nos enseñan humildad mientras nos esforzamos por ayudar a las víctimas y a los sobrevivientes. Al mismo tiempo, es precisamente a través del reconocimiento del dolor que se ha causado que un camino creíble de esperanza y renovación se abre.
Otro elemento importante de su servicio es la incorporación de un enfoque multidisciplinario y sistemático. Como parte de la Curia Romana, dentro del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ustedes tienen un papel claro que los sitúa en diálogo con los Dicasterios y otras instituciones que ejercen su responsabilidad en las distintas áreas relacionadas con la protección. Espero que sigan logrando aún mayor cooperación con ellos, de modo que ellos puedan enriquecer su trabajo con sus conocimientos. Al mismo tiempo, ellos también pueden enriquecerse con la experiencia que la Comisión ha adquirido en estos once años de servicio, particularmente a través de la escucha atenta y sincera que ofrecen a las víctimas, a los sobrevivientes y a sus familias. Al respecto, el Informe Anual de la Comisión es una herramienta de gran importancia. Representa un ejercicio en la verdad y la responsabilidad, así como en la esperanza y la prudencia, que deben ir de la mano por el bien de la Iglesia. La esperanza nos impide entregarnos al desánimo; la prudencia nos preserva de la improvisación y de la superficialidad al enfrentar la prevención del abuso.
Los Ordinarios y los Superiores Mayores también tienen una responsabilidad propia que no puede delegarse. Escuchar a las víctimas y acompañarlas debe hallar una expresión concreta en cada comunidad eclesial e institución. Los animo a que sigan sirviendo como un recurso para ellas, de modo que ninguna comunidad dentro de la Iglesia se sienta sola en esta tarea. De hecho, la ayuda que ustedes ofrecen a través de la iniciativa Memorare es invaluable. Apoyar a las Iglesias locales, especialmente allí donde faltan recursos o experiencia, significa dar una expresión concreta a la solidaridad eclesial. Espero recibir información adicional en su Tercer Informe Anual sobre los alentadores progresos ya realizados, así como sobre las áreas en las que aún se requiere un mayor desarrollo.
El compromiso de la Comisión con la Iglesia a todos los niveles, con las víctimas, los sobrevivientes y sus familias, así como con los colaboradores de la sociedad civil, los ha impulsado a profundizar su estudio en dos áreas de protección en rápido desarrollo: el concepto de vulnerabilidad en relación con el abuso y la prevención del abuso de menores facilitado por la tecnología en el espacio digital. Al leer estos “signos de los tiempos”, ayudan a la Iglesia a enfrentar los retos de la protección con valentía y a responder con claridad pastoral y renovación estructural. Esto ya está tomando forma concreta en el desarrollo de un Marco de Líneas-guía Universales. Espero recibir la propuesta final para que, después del estudio y el discernimiento adecuados, pueda ser publicada.
Queridos amigos, todos sus esfuerzos demuestran que su misión no es simplemente el establecimiento de un proceso formal, sino un signo de comunión y responsabilidad compartida. Antes de concluir, permítanme reiterar que la protección de menores y de personas en situaciones de vulnerabilidad no es un área aislada de la vida eclesial, sino una dimensión que permea el cuidado pastoral, la formación, el gobierno y la disciplina. Cada paso hacia adelante en este camino es un paso hacia Cristo y hacia una Iglesia más evangélica y auténtica.
Encomiendo su servicio a la amorosa intercesión de María, Madre de la Iglesia, y de corazón les imparto la Bendición Apostólica, como prenda de sabiduría y paz en nuestro Señor Jesucristo. Muchas gracias.
[Padre Nuestro, Bendición]
Muchas gracias por su servicio, y que tengan un encuentro realmente bendecido en Roma durante estos días. Y gracias por todo lo que están haciendo para ayudar a la Iglesia en nuestra misión. Gracias.

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