HAGAN TEOLOGÍA JUNTOS PARA DESACTIVAR LAS LÓGICAS DE LA RESIGNACIÓN Y LA INDIFERENCIA: PALABRAS DE LEÓN XIV A MIEMBROS DE FACULTADES DE TEOLOGÍA EN PUGLIA Y CALABRIA (02/03/2026)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Queridos hermanos, bienvenidos.
Me alegra encontrarlos esta mañana y compartir con ustedes algunas reflexiones relacionadas con el camino de formación que ofrecen sus respectivas instituciones, la Facultad Teológica de Puglia y el Instituto Teológico de Calabria.
Pensando en las dos regiones de las que provienen, bañadas por la belleza y la enormidad del mar, me vuelven a la mente las palabras que el Papa Francisco dirigió a la comunidad de escritores de La Civiltà Cattolica, que pueden ser útiles también para ustedes: «Quédense en mar abierto. El católico no debe tener miedo del mar abierto, no debe buscar el refugio de puertos seguros» (Encuentro con los escritores de “La Civiltà Cattolica”, 9 de febrero 2017).
Se necesita mucho esta actitud, especialmente en los contextos en los que hoy la fe debe ser anunciada e inculturada. No se trata de adquirir nociones para cumplir con obligaciones académicas, sino de iniciar una navegación valiente, una travesía en altamar. Este viaje se mueve en una doble dirección: por una parte, es un recorrido para descender a las profundidades, escrutando los abismos del misterio de Dios y las distintas dimensiones de la fe cristiana; por otra, es tomar la barca para ir más allá, para escrutar otros horizontes y encontrar, así, nuevas formas y lenguajes en los cuales anuncian el Evangelio en las distintas situaciones de la historia.
Éste es un punto importante que quiero reiterar: la teología sirve para el anuncio del Evangelio, por ello, es parte integral y fundamental de la misión de la Iglesia. La formación teológica no es un destino para pocos especialistas, sino una llamada dirigida a todos, para que cada uno pueda profundizar el misterio de la fe y recibir los instrumentos útiles para llevar adelante con pasión el «perseverante compromiso de mediación cultural y social del Evangelio» (Const. ap. Veritatis gaudium, Proemio, 3).
En esta perspectiva, deseo recordar el valioso camino de Unidad que han comenzado a sus regiones, incluso unificando realidades, institutos y caminos normativos que antes procedían en autonomía. Es una sinergia realmente importante: un verdadero paso histórico del cual se están haciendo protagonistas, que promueve la comunión entre las Diócesis, favorece la superación de antiguos parroquialismos y, sobre todo, impulsa un camino eclesial bajo la bandera de la unidad y la fraternidad. Sobre este camino es posible construir un horizonte común de pensamiento y una convergencia acerca de los desafíos pastorales y las exigencias de la evangelización.
Esa es entonces la invitación: ¡hagan teología juntos! Una formación que sirve para el anuncio del Evangelio es posible sólo juntos, navegando “en mar abierto” pero no como un navegantes solitarios. Y hacerlo, como decíamos, dejando el propio puerto seguro, yendo más allá de las propias fronteras territoriales y eclesiales, en el encuentro y la discusión, en la escucha recíproca y el diálogo, en esa comunión entre las Iglesias que pone en conexión los recursos, las capacidades y los carismas.
Haciendo teología juntos, los horizontes intelectuales, espirituales y pastorales se ensanchan y se mezclan, generando perspectivas comunes y un compromiso eclesial más encarnado en el territorio, ofreciéndoles la posibilidad de renovar los estilos y lenguajes de la fe en el contexto real en el que se encuentran.
Haciendo teología juntos, descubrirán que son un laboratorio que prepara a los futuros presbíteros y agentes pastorales a vivir relaciones eclesiales en estilo sinodal, en el cual los distintos sujetos, ministerios y carisma eclesiales se complementan mutuamente superando cualquier cerrazón.
Haciendo teología juntos, finalmente, serán más capaces de captar las demandas y desafíos del contexto social y cultural. De hecho, la riqueza de la historia de la que provienen y la difundida religiosidad de su pueblo no eliminan las numerosas problemáticas sociales, la crisis del trabajo, el fenómeno de la emigración y todas esas formas de opresión, de esclavitud e injusticia que invocan una conciencia nueva y un compromiso audaz por parte de todos. La formación teológica contribuye para generar un pensamiento crítico y profético, representando una inversión cultural para el futuro capaz de desactivar las lógicas de la resignación y la indiferencia.
Los invito a sacar adelante este proyecto con entusiasmo, con determinación y sin dejarse seducir por la tentación de volver atrás. Los invito a soñar una comunidad académica en la cual los candidatos al ministerio ordenado, los consagrados y consagradas, los laicos y laicas se formen juntos y ayuden a las comunidades cristianas a convertirse en signos del Evangelio y construcciones de esperanza.
Gracias, muy queridos todos, por su compromiso, por su servicio generoso, por la paciencia y la laboriosidad con la que están construyendo este mosaico de Unidad y comunión: esto nos ayuda a vivir el mundo entre fidelidad y creatividad, tradición y novedad, unidad y diversidad, siempre a la escucha de lo que, también hoy, el Espíritu del Señor quiere decirle a la Iglesia.
Que San Francisco de Paula y María Santísima Regina Apuliae los protejan e intercedan por ustedes. Gracias.

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