UN ESCÁNDALO EN LA IGLESIA CUANDO LAS VÍCTIMAS DE ABUSOS NO SON ACOGIDAS: DISCURSO DE LEÓN XIV AL FINAL DEL CONSISTORIO EXTRAORDINARIO DE CARDENALES (08/01/2025)
Cuando cada uno de nosotros fue elegido Cardenal, el Santo Padre le encargó ser “intrépido testigo de Cristo y de su Evangelio en la ciudad de Roma y en las regiones más lejanas” (cf. Rito para la creación de Cardenales). Dicha misión es realmente el núcleo, la esencia de lo que todos nosotros nos comprometemos a hacer. Este Consistorio ha representado un momento privilegiado para expresar la misión de la Iglesia y para hacerlo juntos, en comunión. Durante este último día y medio, el Espíritu Santo ha dado de manera manifiesta con generosidad sus dones multiformes. Estoy profundamente agradecido por su presencia y participación, orientadas a apoyarme en mi servicio como sucesor de Pedro. Estoy agradecido a los más ancianos de entre ustedes, que han hecho el esfuerzo de venir: su testimonio es realmente valioso. Al mismo tiempo estoy cerca también, y de manera particular, de los Cardenales de diversas partes del mundo que, por diferentes razones, no han podido venir. Estamos con ustedes y los sentimos cerca.
Esta reunión está íntimamente conectada con lo que hemos vivido en el Cónclave. Habían expresado, también antes del Cónclave, para la elección del sucesor de Pedro, el deseo de conocerse y poder dar su contribución y apoyo. Tuvimos una primera experiencia el 9 de mayo. Después en estos dos días, con un método sencillo, pero no necesariamente fácil, que nos pudiera ayudar a encontrarnos y conocernos mejor. Personalmente he sentido una profunda comunión y sintonía con todos ustedes y entre muchas intervenciones. Tuvimos también una experiencia de sinodalidad, no vivida como técnica organizacional, sino como instrumento para crecer en la escucha y las relaciones. Y ciertamente, debemos continuar y profundizar estos encuentros.
Retomaré de manera más concreta, al final de esta intervención, algunas ideas sobre cómo podríamos continuar. Pero antes quisiera retomar algunos de los temas que surgieron en estos días. Quizá comenzando por palabras que se han dicho muchas veces incluso en esta última sesión.
Encontrar a Cristo en el centro de nuestra misión. Proclamar el Evangelio, todos lo sabemos bien: Jesucristo está en el centro. Queremos anunciar su Palabra, y de ahí la importancia de vivir realmente también nosotros una vida espiritual auténtica que puede ser testimonio en el mundo de hoy.
Los temas que se han elegido están profundamente enraizados en el Concilio Vaticano II y en todo el camino que ha surgido a partir del Concilio. Nunca subrayaremos suficientemente la importancia de continuar con el camino que se abrió con el Concilio. Los ánimo a hacerlo. Elegí este tema, como saben – los documentos y la experiencia del Concilio –, para las audiencias públicas de este año. Y este camino es un proceso de vida, de conversión, de renovación de toda la Iglesia. Evangelii gaudium y la sinodalidad son elementos importantes de este camino.
Y quisiera decir también que, al mismo tiempo, nosotros dos temas que se han propuesto, pero no necesariamente centrales en estos dos días de trabajo, están fuertemente conectados a los otros temas y al Concilio. No fueron olvidados y no serán olvidados. El Cardenal Semeraro recordó bien el vínculo entre sinodalidad y Eucaristía. Por lo demás, un grupo de estudio ligado con la Asamblea sinodal está precisamente profundizando este tema. El Card. Castillo habló ahora de la Asamblea de 2028. Ciertamente el trabajo en curso con la Secretaría del Sínodo continúa con los grupos de estudio.
El camino de la sinodalidad es un camino de comunión para la misión, en el que todos estamos llamados a participar. Por eso los vínculos entre nosotros son importantes. Han subrayado la importancia de la conexión del Santo padre en particular con las Conferencias episcopales y las Iglesias locales; y la importancia de las Asambleas continentales. También éstas, sin embargo, no deben convertirse en reuniones “de más” que hay que agregar a una lista, sino lugares de encuentro y relaciones entre Obispos con los presbíteros y los laicos, y entre Iglesias, que mucho ayudan a promover una auténtica creatividad misionera.
Después nos conectamos nuevamente con otro tema: el trabajo de los Dicasterios en el espíritu de Praedicate Evangelium, con su servicio al Santo Padre y a las Iglesias particulares. La Praedicate Evangelium pone en evidencia la exigencia de «armonizar mejor el ejercicio actual del servicio de la Curia con el camino de evangelización, que la Iglesia, sobre todo en este tiempo, está viviendo» (I, 3). En esta perspectiva, les reitero mi compromiso a hacer mi parte y ofrecerles a ustedes y a toda la iglesia una estructura de relaciones y de servicio, capaz de soportar y apoyar a ustedes y a las iglesias locales, para enfrentar juntos con mayor pertinencia y de manera más incisiva los actuales desafíos de la misión.
Hablaron, para continuar este camino, de la importancia de la formación. Formación para la escucha, formación para un espiritualidad de la escucha. En particular – subrayaron – en los seminarios, pero también para los Obispos.
Aquí – aunque no fue un tema de diálogo específico de nuestro encuentro – quiero mencionar el problema, que todavía hoy es realmente una herida en la vida de la iglesia en muchos lugares, que es precisamente la crisis debido a los abusos sexuales. No podemos cerrar los ojos y tampoco los corazones. Quisiera decir, también animándolos a compartirlo a su vez con los Obispos: muchas veces el dolor de las víctimas ha sido más fuerte por el hecho de que no han sido acogidas y escuchadas. El abuso mismo provoca una herida profunda que quizás dura toda la vida; pero muchas veces el escándalo en la Iglesia es porque la puerta ha estado cerrada y las víctimas no han sido acogidas, acompañadas con la cercanía de auténticos pastores. Una víctima, hace poco tiempo, me dijo que realmente para ella la cosa más dolorosa era precisamente que ningún Obispo quería escucharla. Y entonces también allí: la escucha es profundamente importante.
La formación de todos. La formación en los seminarios, de los sacerdotes, de los Obispos, de los laicos colaboradores debe estar arraigada en la vida ordinaria y concreta de la Iglesia local, de las parroquias y de tantos otros lugares significativos donde se encuentran las personas, en particular aquellas que sufren. Como han visto aquí, no bastan uno o dos días y ni siquiera una semana para entrar a fondo en un tema que hay que vivir. Sería importante entonces, que nuestra forma ordinaria de trabajar juntos sea ocasión de formación y crecimiento para aquellos con los que trabajamos, a todos los niveles, desde el parroquial hasta la Curia Romana. Un ejemplo de donde se puede crecer de manera ordinaria en un estilo sinodal son las visitas pastorales; y también todos los organismos de participación hay que revitalizarlos.
Pero todo esto está relacionado con el camino de implementación del Sínodo, que continúa y tendrá una etapa fundamental en la Asamblea eclesial programada para 2028. Los animo a ser fermento de este camino. Es un camino para la misión de la Iglesia, un camino al servicio del anuncio del Evangelio de Cristo.
Ahí está, queridos hermanos. Éstas, sin embargo, son sólo primeras resonancias de lo que escuché de ustedes. La discusión está destinada a continuar. Los invitó nuevamente a transmitir por escrito sus valoraciones sobre los cuatro temas, sobre el consistorio en su conjunto y sobre la relación de los Cardenales con el Santo Padre y con la Curia Romana. También yo me reservo para leer con calma relaciones y mensajes personales y después, más adelante, darles una retroalimentación, una respuesta y continuar el diálogo.
Quisiera ya proponer que nuestra próxima ocasión para el Consistorio puede ser en la proximidad de la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo de este año. Y quisiera sugerir también que, para este año, tengamos una segunda vez dos días, pensando después para el futuro continuar los encuentros, pero quizás demás días, una vez al año: tres o cuatro días, como algún grupo ha sugerido. Un primer día de reflexión, de oración, de encuentro, después dos o tres días de trabajo. Sin embargo, para este año continuaremos de esta manera.
Para continuar, que toda la ayuda que sinceramente creo que pueden ofrecer, pensemos en el próximo Consistorio de junio. A qué quiero agregar, si hay algunos de ustedes que tengan dificultades debido, digamos, a los recursos económicos, hablen. Y pienso que también yo, también nosotros, podemos vivir un poco de solidaridad los unos con los otros, y habrá formas, con personas generosas que ayudarán.
Bien. Al final de este Consistorio, deseo reiterar lo que afirmé en la homilía de la Epifanía: «Dios se revela y nada puede quedar estático. Termina un cierto tipo de tranquilidad, la que hace repetir a los melancólicos: “no hay nada nuevo bajo el sol”» (Qo 1, 9). Es esta la esperanza que se nos entrega.
Esperanza que sentimos debemos transmitir a nuestro mundo. Y con esto, queremos todos juntos manifestar la preocupación que hemos compartido en los diálogos y los encuentros personales, y también en alguna intervención en el grupo, por todos aquellos que sufren en el mundo. No estamos reunidos aquí sordos a la realidad de la pobreza, del sufrimiento, de la guerra, de la violencia que aflige a muchas, muchas Iglesias locales. Y aquí, con ellos en nuestros corazones, queremos decir también que estamos cerca de ellos. Muchos de ustedes han venido de países donde están viviendo con este sufrimiento de la violencia y la guerra.
Estamos llamados a hacernos cargo de este camino de Esperanza también frente a los jóvenes generaciones: lo que vivamos y decidamos hoy no se refiere solamente al presente, sino que incide en el futuro próximo y en aquel más lejano.
Es la esperanza que hemos vivido en el Jubileo que apenas ha terminado. Es realmente un mensaje que queremos ofrecer al mundo: hemos cerrado la Puerta Santa, pero recordemos; la puerta de Cristo y de su amor permanece siempre abierta.
Y ahora oremos unos por otros, como el Santo Padre oró por nosotros el día en que nos creó Cardenales: “Concede con tu gracia lo que la debilidad humana no puede alcanzar, para que estos siervos tuyos, edificando continuamente tu Iglesia, resplandezcan por integridad de fe y pureza de espíritu” (cf. Rito para la creación de nuevos Cardenales). Y que pueda San Pedro interceder por nosotros, mientras, en espíritu colegial, buscamos servir a su Barca, la Iglesia.

Comentarios