LA PAZ COMO DON QUE NACE DEL EVANGELIO: CARTA DE LEÓN XIV A LA FAMILIA FRANCISCANA (10/01/2026)

Con motivo del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís, el Papa León XIV envió una carta a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana, fechada el pasado 7 de enero. En ella subraya la paz como don de Dios, tarea cotidiana y compromiso que abarca a la humanidad y a toda la creación, y expresó su deseo de que el mensaje del Poverello “pueda encontrar una resonancia profunda en el hoy de la Iglesia y de la sociedad”. Transcribimos a continuación el texto completo de la carta, traducida del italiano:

A los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana:

«Nuestra hermana muerte», exclamaba San Francisco el 3 de octubre de 1226 en la Porciúncula, mientras iba a su encuentro como un hombre finalmente pacificado. Han transcurrido otros siglos desde la muerte del Poverello de Asís que escribió con letras incisivas la palabra de salvación de Cristo en los corazones de los hombres de su tiempo.

Al recordar la significativa celebración del VIII Centenario de su Tránsito, deseo unirme espiritualmente a toda la Familia Franciscana y a quienes participarán en las manifestaciones conmemorativas, deseando que el mensaje de paz pueda encontrar eco profundo en el hoy de la Iglesia y la sociedad.

Al inicio de su vida a evangélica, había escuchado una llamada: «El Señor me reveló que dijéramos este saludo: “Que el Señor te dé paz”» [1]. Con estas palabras esenciales, entrega a sus Hermanos y a todo creyente el asombro interior que el Evangelio había traído a su existencia: la paz es la suma de todos los bienes de Dios, un don que viene de lo Alto. ¡Qué ilusión sería pensar en construirla con sólo las fuerzas humanas! Y, sin embargo, es un don activo, que hay que acoger y vivir cada día [2].

Es el mismo saludo que la noche de Pascua el Señor resucitado dirige a sus discípulos, asustados y encerrados en el cenáculo: «La paz esté con ustedes» [3]. No es una fórmula de cortesía, sino el anuncio cierto de la victoria de Cristo sobre la muerte. Como la voz de los Ángeles en la noche de Navidad – «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Él ama» [4] – así la paz que el Padre Seráfico anuncia es la que Cristo mismo hizo resonar entre cielo y tierra.

En esta época, marcada por tantas guerras que parecen interminables, por divisiones interiores y sociales que crean desconfianza y miedo, él sigue hablando. No porque ofrezca soluciones técnicas, sino porque su vida indica la fuente auténtica de la paz.

La visión franciscana de la paz no se limita a las relaciones entre los seres humanos, sino que abraza a toda la creación. Francisco, que llama al sol «hermano» y a la luna «hermana», que reconoce en toda criatura un reflejo de la belleza divina, nos recuerda que la paz debe extenderse a toda la familia de la Creación. Dicha intuición resuena con particular urgencia en nuestro tiempo, cuando la Casa como aún está amenazada y gime bajo la explotación. La paz con Dios, la paz entre los hombres y con la Creación son dimensiones inseparables de una única llamada a la reconciliación universal.

Queridos hermanos, que el ejemplo y la herencia espiritual de este Santo, fuerte en la fe, firme la esperanza y ardiente en la caridad laboriosa hacia el prójimo, pueda suscitar en todos la importancia de confiar en el Señor, de gastarse en una existencia fiel al Evangelio, de aceptar iluminar con la fe y la oración toda circunstancia y acción de la vida.

En este Año de gracia, deseo entregarles una oración para que San Francisco de Asís siga infundiendo en todos nosotros la perfecta alegría y la concordia:

San Francisco, hermano nuestro, tú qué hace 800 años
fuiste al encuentro de la hermana muerte como un hombre pacificado,
intercede por nosotros ante el Señor.

Tú, en el Crucifijo de San Damián reconociste la paz verdadera,
enséñanos a buscar en Él la fuente de toda reconciliación
que derrumba cualquier muro.

Tú que, desarmado, atravesaste las líneas de guerra
y de incomprensión,
danos la valentía para construir puentes
en donde el mundo erige fronteras.

En este tiempo afligido por conflictos y divisiones,
intercede para que nos convirtamos en constructores de paz:
testigos, desarmados y que desarman, de la paz que viene de Cristo.
Amén.

Con tales sentimientos, expreso fervientes votos de bien especialmente para todos ustedes que siguen el carisma del Poverello de Asís y para quienes lo recordarán de distintas formas la celebración de su dies natalis, mientras que de corazón envío la deseada Bendición Apostólica.

Desde el Vaticano, 7 de enero de 2026

LEÓN PP. XIV


[1] Testamento 23.

[2] cf. Papa León XIV, Discurso al Cuerpo Diplomático, 16 mayo 2025.

[3] Jn 20,19.

[4] Lc 2,14.

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