SE PUBLICÓ DECRETO DE LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA SOBRE EL AÑO JUBILAR DE SAN FRANCISCO (16/01/2026)

Un especial Año de San Francisco, del 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027, en el que «cada fiel cristiano, siguiendo el ejemplo del Santo de Asís, se haga él mismo modelo de santidad de vida y testigo constante de paz». Así lo proclama el Papa León XIV con motivo del octavo centenario de la muerte del Poverello de Asís y lo anuncia un Decreto de la Penitenciaría Apostólica, publicado este 16 de enero, en el que se explica que se concederá la Indulgencia Plenaria «en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), aplicable también en forma de sufragio por las almas del Purgatorio». Compartimos a continuación el texto del Decreto, traducido del italiano:

“Custodien la memoria del padre y hermano nuestro Francisco, para alabanza y gloria de Aquel que lo hizo grande entre los hombres y lo glorificó entre los ángeles. Oren por él, como él mismo nos pidió antes de morir, y pídanle, para que Dios nos haga también a nosotros partícipes con él de su santa gracia”. [1]

Mientras aún son actuales y eficaces los frutos de gracia del Jubileo Ordinario del año 2025 apenas concluido, en el que hemos sido impulsados a hacernos peregrinos de esta esperanza que no defrauda (cf. Rom 5, 5), aquí se agrega a éste, como ideal continuación, una nueva ocasión de júbilo y santificación: el octavo centenario del feliz tránsito de San Francisco de Asís de la vida terrenal a la patria celestial (3 de octubre 1226).

En estos últimos años, otros importantes jubileos se han referido a la figura y obras del Santo de Asís: el octavo centenario de la creación del primer Nacimiento en Greccio, de la composición del Cántico de las Criaturas, himno a la belleza santa de la creación y el de la impresión de los Sagrados Estigmas, ocurrida en el Monte Alverna, casi un nuevo Calvario, dos años antes de su muerte. El año 2026 marcará la culminación y el cumplimiento de todos los anteriores festejos: éste será, de hecho, Año de San Francisco y todos seremos llamados a hacernos santos en la contemporaneidad siguiéndole ejemplo del Seráfico Patriarca.

Si es admirablemente cierto que “no existe bajo el cielo otro nombre dado a los hombres” (cf. Hch 4, 12) fuera de Jesucristo, Redentor de la humanidad, es igualmente extraordinariamente cierto que entre los siglos XII y XIII, en épocas de guerras llamadas santas, relajación de costumbres, malentendido fervor religioso, “le nació al mundo un sol” [2]: Francisco, que, de ser hijo de un rico mercader, se hizo pobre y humilde, verdadero alter Christus en la tierra, proveyendo al mundo tangible ejemplos de vida evangélica y real imagen de perfección cristiana. Nuestro tiempo no es muy distinto de aquel en el que vivió Francisco, y precisamente a la luz de esta enseñanza suya es quizá hoy aún más válido y comprensible. Cuando la caridad cristiana languidece, la ignorancia se extiende como mala costumbre y quienes exaltan la concordia entre los pueblos lo hacen más por egoísmo que por un sincero espíritu cristiano; cuando lo virtual toma ventaja sobre lo real, desacuerdos y violencia social forman parte de la cotidianidad y la paz se vuelve cada día más insegura y lejana, que este año de San Francisco nos impulse a todos nosotros, a cada uno según sus posibilidades, a imitar al Poverello de Asís, a formarnos en cuanto sea posible según el modelo de Cristo, a no hacer vanos los propósitos del Año Santo que acaba de pasar: que la esperanza que nos ha visto siendo peregrinos se transforme ahora en celo y fervor de activa caridad.

“Y en esto deseo conocer si amas al Señor y me amas a mí, siervo suyo y tuyo, si haces esto, es decir: que ya no haya ningún hermano en el mundo, que haya pecado todo lo que podía pecar, el cual, después de haber visto tus ojos, se vaya sin tu perdón misericordioso, si él lo pide” [3].

Con estas extraordinarias palabras, reportadas en la conocida Epistola ad quendam ministrum, San Francisco al mismo tiempo no sólo dispensa consuelo y consejos a un anónimo hermano, sino sobre todo de línea y subraya el concepto fundamental de misericordia, el cual está indisolublemente vinculado al de perdón e indulgencia. Y es precisamente un perdón, el conocido «Perdón de Asís» o «Indulgencia de la Porciúncula», que el Papa Honorio III por excepcional privilegio concedió directamente a Francisco para aquellos que, confesados y habiendo comulgado, visitarán el 2 de agosto una antigua iglesia pequeña en Asís, dirigida 800 años antes sobre una “pequeña porción de tierra” (de donde le viene el nombre de Porciúncula).

Con el mismo impulso generoso y la misma alegría que el Santo, al haber escuchado su oración por parte del Vicario de Cristo, irradió sobre la multitud presente en la consagración de la Porciúncula al anunciar la gracia concedida, Su Santidad del Papa León XIV, Ministro de nuestra fe y nuestra alegría, establece que, desde el 10 de enero de 2026, en concomitancia con la clausura del Jubileo Ordinario, hasta el 10 de enero de 2027, se establezca un especial Año de San Francisco, en el que todo fiel cristiano siguiendo el ejemplo del Santo de Asís se haga él mismo modelo de santidad de vida y testigo constante de paz.

Para conseguir de manera más perfecta las finalidades propuestas, la Penitenciaría Apostólica, a través del presente Decreto emitido en conformidad a los deseos del Sumo Pontífice, en ocasión del Año de San Francisco concede la Indulgencia Plenaria según las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), aplicable también en forma de sufragio por las almas del Purgatorio:

1) a los miembros:

– de las Familias Franciscanas de la Primera, de la Segunda y de la Tercera Orden Regular y Secular;

– de los Institutos de Vida Consagrada, de las Sociedades de Vida Apostólica y de las Asociaciones públicas o privadas de fieles, masculinos y femeninos, que observen la Regla de San Francisco o estén inspirados en su espiritualidad o de cualquier forma perpetúen su carisma;

2) a todos los fieles indistintamente

– que, con el alma separada del pecado, participarán en el Año de San Francisco visitando en forma de peregrinación cualquier iglesia conventual franciscana, o lugar de culto en cualquier parte del mundo dedicada a San Francisco o vinculada a él por cualquier motivo, y que ahí sigan devotamente los ritos jubilares o transcurran al menos un periodo congruente de tiempo en meditaciones piadosas y eleven a Dios oraciones para que, siguiendo el ejemplo de San Francisco, en el corazón surgen sentimientos de caridad cristiana hacia el prójimo y auténticos votos de concordia y paz entre los pueblos, concluyendo con el Padre Nuestro, el Credo e invocaciones a la Santísima Virgen María, a San Francisco de Asís, a Santa Clara y a todos los santos de la Familia Franciscana.

Los ancianos, los enfermos y quienes cuidan de ellos y todos aquellos que por motivo grave estén imposibilitados para salir de casa, podrán igualmente conseguir la Indulgencia Plenaria, habiéndose separado de cualquier pecado y teniendo la intención de cumplir apenas sea posible las tres condiciones habituales, si se unen espiritualmente a las celebraciones jubilares del año de San Francisco, ofreciendo a Dios misericordioso sus oraciones, sus dolores o los sufrimientos de su vida.

Para que dicha oportunidad de obtener la gracia divina a través del Poder de las Llaves de la Iglesia se realice de manera más fácil, esta Penitenciaría pide con firmeza a todos los sacerdotes, regulares y seculares, provistos por las facultades oportunas, que se hagan disponibles, con espíritu dispuesto, generoso y misericordioso, para la celebración del Sacramento de la Reconciliación.

El presente Decreto es válido para el Año de San Francisco. A pesar de cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, desde la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 10 de enero de 2026, vigilia de la Fiesta del Bautismo del Señor.

Angelo Card. De Donatis
Penitenciario Mayor

S.E.R. Mons. Krzysztof Józef Nykiel
Obispo tit. de Velia, Regente


[1] Carta Encíclica del Hermano Elías, a todas las Provincias de la Orden, sobre la muerte de San Francesco, 7 (FF 311).

[2] Dante Alighieri, Divina Comedia, Paraíso, XL, 50.

[3]Francisco de Asís, Carta a un ministro, 7-8 (FF 235)

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