SALIR DE LA INDECISIÓN Y CONFIAR: ÁNGELUS DEL 25/01/2026

Previamente a la oración del Ángelus de este 25 de enero, el Papa León XIV centró su reflexión en el inicio de la predicación de Jesús, tal como lo narra el Evangelio de Mateo. A partir del llamado a los primeros discípulos – Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan –, el Santo Padre invitó a los fieles a preguntarse por dos aspectos clave de la misión de Jesús: el tiempo y el lugar en que comienza. El Pontífice dio un mensaje claro y esperanzador: no hay momentos ni lugares excluidos de la acción de Dios. Allí donde parece haber dificultad, diversidad o incertidumbre, el Evangelio puede comenzar de nuevo. Compartimos a continuación, el texto completo de su alocución, traducido del italiano:

Hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo!

Después de recibir el bautismo, Jesús comienza su predicación y llama a los primeros discípulos: Simón – llamado Pedro – Andrés, Santiago y Juan (cf. Mt 4,12-22). Al observar de cerca esta escena del Evangelio de hoy, podemos hacernos dos preguntas: una sobre el tiempo en que Jesús inicia su misión y otra sobre el lugar que elige para predicar y llamar a los apóstoles. Preguntémonos: ¿cuándo comienza?, ¿dónde comienza?

Ante todo, el Evangelista nos dice que Jesús comenzó su predicación «cuando supo que Juan había sido arrestado» (v. 12). Ocurre, entonces, en un momento que no parece el mejor: el Bautista acaba de ser arrestado y, por lo tanto, los jefes del pueblo están poco dispuestos a acoger la novedad del Mesías. Se trata de un tiempo que sugeriría prudencia, y en cambio precisamente en esta situación oscura, Jesús comienza a llevar la luz de la buena noticia: «el Reino de los Cielos está cerca» (v. 17).

También en nuestra vida personal y eclesial, a veces debido a resistencias internas o a circunstancias que no consideramos favorables, pensamos que no es el momento adecuado para anunciar el Evangelio, para tomar una decisión, para hacer una elección, para cambiar una situación. El riesgo, sin embargo, es el de quedarnos bloqueados en la indecisión o prisioneros de una excesiva prudencia, mientras que el Evangelio nos pide el riesgo de la confianza: Dios está trabajando en todo tiempo y todo momento es bueno para el Señor, aunque no nos sintamos preparados o la situación no parezca la mejor.

El relato evangélico nos hace ver también el lugar desde el cual Jesús comienza su misión pública: Él «dejó Nazaret y se fue a vivir a Cafarnaúm» (v. 13). Permanece, sin embargo, en Galilea, un territorio habitado sobre todo por paganos, que debido al comercio es también una tierra de paso y de encuentros; podríamos decir que es un territorio multicultural atravesado por personas de orígenes y pertenencias religiosas diferentes. De este modo, el Evangelio nos dice que el Mesías viene de Israel, pero supera las fronteras de su tierra para anunciar al Dios que se hace cercano a todos, que no excluye a nadie, que no ha venido sólo para los puros, sino que, por el contrario, se mezcla en las situaciones y en las relaciones humanas. También nosotros, los cristianos, entonces, debemos vencer la tentación de encerrarnos: el Evangelio, de hecho, debe ser anunciado y vivido en todas las circunstancias y en todos los ambientes, para que sea levadura de fraternidad y paz entre las personas, entre las culturas, las religiones y los pueblos.

Hermanos y hermanas, como los primeros discípulos, estamos llamados a acoger la llamada del Señor, en la alegría de saber que todo tiempo y todo lugar de nuestra vida son visitados por Él y atravesados por su amor. Pidamos a la Virgen María, para que nos conceda esta confianza interior y nos acompañe en el camino.

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