QUE LA DIPLOMACIA BUSQUE CAMINOS DE RECONCILIACIÓN ANTE MUROS Y DESCONFIANZA: CARTA DE LEÓN XIV A LA PONTIFICIA ACADEMIA ECLESIÁSTICA (17/01/2026)
A LA COMUNIDAD DE LA
PONTIFICIA ACADEMIA ECLESIÁSTICA
Con motivo del 325º aniversario de su fundación, junto con ustedes, doy gracias al Señor por la larga y fecunda historia de esta benemérita institución colocada al servicio del Sucesor de Pedro.
En 1701, por voluntad del Papa Clemente XI, daba inicio una misión muy meritoria, de la cual muchos de mis predecesores han custodiado su espíritu y guiado su crecimiento, acompañando su desarrollo a la luz de las exigencias que la Iglesia y la diplomacia han manifestado a lo largo de los siglos. En años más recientes, el Papa Francisco, con la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, confirmó la ubicación de la Academia al interior de la estructura de la Secretaría de Estado, poniéndola en conexión con la Sección para el Personal de Carrera Diplomática de la Santa Sede; después, con el Quirógrafo El Ministerio Petrino, del 25 de marzo de 2025, la calificó como centro avanzado de alta formación académica e investigación en Ciencias Diplomáticas, como instrumento directo de la acción diplomática de la Santa Sede.
Estas últimas reformas manifiestan el objetivo de ofrecer un currículum formativo que, con una sólida base científica, sea capaz de integrar competencias jurídicas, históricas, políticas, económicas y lingüísticas y conjugarlas con las dotes humanas y sacerdotales de jóvenes presbíteros. Agradezco a los Superiores y a los alumnos de la Pontificia Academia Eclesiástica por el camino de comunión y renovación emprendido con espíritu de fe y disponibilidad, acogiendo los cambios sin olvidar las raíces.
Espero que esta feliz ocasión suscite en los alumnos un renovado compromiso por perseverar en el camino formativo, recordando que el servicio diplomático no es una profesión, sino una vocación pastoral: es el arte evangélico del encuentro, que busca caminos de reconciliación allí donde los hombres levantan muros y desconfianzas. Nuestra diplomacia, de hecho, nace del Evangelio: no es táctica, sino caridad pensante; no busca ni vencedores ni vencidos, no construye barreras, sino que recompone vínculos auténticos.
Para edificar esta comunión, cada palabra pronunciada requiere ser precedida de la escucha: escucha de Dios y escucha de los pequeños, de aquellos cuya voz a menudo no es escuchada. Los diplomáticos del Papa están llamados a ser puentes: puentes invisibles para sostener, puentes firmes cuando los acontecimientos parecen difíciles de contener y puentes de esperanza cuando el bien vacila.
Imitando a San Antonio Abad, su patrón, que supo transformar el silencio del desierto en diálogo fecundo con Dios, sean sacerdotes de profunda espiritualidad, para obtener de la oración la fuerza del encuentro con los demás. Y mientras la mirada se abre a la misión que les espera, encomiendo a cada uno a María, Madre de la Iglesia, para que vele por ustedes y los haga dóciles a la voluntad de Dios en el servicio a la sede de Pedro.
Con dichos deseos, imparto de corazón la Bendición Apostólica a ustedes y a quienes participan en esta significativa celebración.
Desde el Vaticano, 21 de noviembre de 2025
LEÓN PP. XIV

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