EN TIEMPOS DE DIVISIÓN SE NECESITAN PROFETAS DE LA ARMONÍA: VIDEO MENSAJE DE LEÓN XIV A LOS CABALLEROS DE COLÓN (04/08/2026)
Queridos amigos:
Me alegra saludar a todos ustedes que participan en la 144ª Convención Suprema de los Caballeros de Colón, que tiene lugar en Denver, Colorado. También les ofrezco la certeza de mi cercanía espiritual a quienes participan virtualmente en las ceremonias de apertura.
Al reunirse para estos días de discusión, fraternidad y oración, bajo el tema “En el que es uno, somos uno”, quisiera reflexionar brevemente con ustedes sobre la importancia de promover las virtudes de la unidad y la caridad, dos principios fundacionales de su Orden.
Primero, unidad. En la Última Cena, Jesús pidió por sus Apóstoles, para que fueran uno (cf. Jn 17, 21). Sin embargo, nuestro Señor pidió que este don de la unidad no se le diera sólo a ellos, sino también a todos los que creyera en él a través de su palabra durante los siglos (cf. Jn 17, 20). Sin embargo, preservar la unidad a menudo no es fácil y no puede darse por descontada. Debe ser cultivada activamente a través de un diálogo honesto y humilde.
Al respecto, los animo a todos ustedes a seguir dando testimonio de esa concordia que Jesús tan ardientemente desea en sus familias, sus parroquias y en las amplias comunidades donde viven y sirven. En una época cada vez más marcada por la división y la retórica afilada, hay una gran necesidad de profetas de la armonía que busquen construir puentes y luchen por reconciliar posiciones opuestas donde sea posible.
Las obras de caridad, la segunda virtud, puede a menudo ser una forma para promover la Unidad. Como muchos de ustedes seguramente han experimentado, cuando logramos llegar a ayudar a aquellos en necesidad, frecuentemente se desarrollan una cierta concordia entre los que dan y los que reciben, así como entre aquellos que trabajan juntos para asistir a sus hermanos y hermanas. Por tanto, la caridad se convierte no sólo en una respuesta al sufrimiento humano sino también en un medio poderoso para fomentar la fraternidad y fortalecer la comunión que está en el corazón de la vida cristiana.
Su propia historia da un testimonio elocuente de esta verdad. Construyendo sobre los esfuerzos iniciados por su noble fundador, el beato Michael McGivney, los caballeros de Colón han trabajado juntos por más de un siglo para mostrar el amor de Cristo a los no nacidos, a las madres embarazadas, a cristianos perseguidos, a víctimas de la guerra y el tráfico humano, a los pobres y los vulnerables, a quienes viven en los márgenes de la sociedad. A través de las iniciativas llevadas a cabo por sus Consejos locales, así como a niveles nacional e internacional, un incontable número de personas se han beneficiado de su bondad. Por mi parte, expreso una profunda gratitud por la generosidad continua de su orden hacia los menos afortunados y confío que sus tareas continuarán dando fruto por muchos años en el futuro
Con estos breves pensamientos, les ofrezco mis cordiales buenos deseos por los trabajos de la Convención Suprema, que encomiendo a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, y a la del Beato Michael McGivney. Ahora les imparto mi Bendición Apostólica, que con gusto extiendo a todos los miembros de los Caballeros de Colón y a sus familias.
Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

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