PEQUEÑOS GESTOS DE BONDAD Y CARIDAD PUEDEN GUIARNOS A LA RECONCILIACIÓN: PALABRAS DE LEÓN XIV A OBISPOS LUTERANOS DE NORUEGA (26/08/2026)
Queridos amigos:
Me complace darles la bienvenida esta mañana a Roma y aquí al Vaticano y espero que tengan un tiempo, o lo hayan tenido, para visitar los distintos sitios sagrados asociados con los primeros cristianos y los mártires, cuyo testimonio de fe en Nuestro Señor permanece como una fuente duradera de inspiración, animándonos de igual forma a entregar nuestras vidas para gloria de Dios y para el bien de nuestros hermanos y hermanas.
No hay duda de que enfrentamos difíciles desafíos en nuestro tiempo, mientras el mundo pasa a través de un periodo particularmente turbulento. Parece haber una creciente animosidad entre los pueblos, evidente no sólo en conflictos y disputas internacionales, como mencionaron, sino también dentro de los países, como se demuestra por la amargura que frecuentemente caracteriza el discurso político y social.
Dada nuestra condición humana caída, es muy fácil adoptar una actitud de hostilidad hacia aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Por esta razón, se requiere un esfuerzo concertado para buscar caminos concretos de reconciliación y fraternidad. Por ello, estoy sinceramente agradecido por su presencia aquí y por su deseo compartido de buscar caminos para construir la comunión. De hecho, incluso pequeños gestos pueden inspirarnos y guiarnos por el camino de la reconciliación.
Como sabemos bien, Nuestro Señor pidió al Padre celestial por la unidad de sus discípulos: «que sean uno, para que el mundo sepa que me has enviado y que los has amado como me has amado a mí» (Jn 17, 23). Basados en nuestro Bautismo común y nuestra misión compartida en el mundo, pido para que siempre podamos crecer juntos en nuestro servicio a la promoción de la paz y la justicia.
Mientras continuamos por este camino, podemos mirar el ejemplo de los primeros mártires y de los santos, como San Olaf y San Sunniva, cuyas vidas, dedicadas a Dios y al prójimo, ayudaron a unir pueblos y a dar un testimonio duradero del poder transformador de la caridad.
Así pues, mis queridos amigos, mis queridos hermanos y hermanas, les agradezco nuevamente por haber venido esta mañana y por su cercanía. Pidamos la bendición de Dios, para que, en la bondad y sabiduría infinitas de Dios, nos ayude a vivir cada vez de forma más verdadera como hermanos y hermanas y, por tanto, dar testimonio común de nuestro Salvador, Nuestro Señor Jesucristo.
Gracias.

Comentarios