LA ORACIÓN Y LA JUSTICIA SOCIAL SON INSEPARABLES: PALABRAS DE LEÓN XIV A LOS VICENTINOS (28/08/2026)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Buenos días a todos. Bienvenidos. Gracias por su paciencia.
Su Excelencia, queridos amigos:
Con gran alegría les extiendo mis cordiales saludos a todos ustedes y Espero que su tiempo en Roma, en la Ciudad Eterna, fortalezca su fe y profundice su deseo de servir al Señor y servir a su Iglesia. Les agradezco, en particular, por su servicio devoto a la Sociedad de San Vicente de Paúl, y a través de ello, a sus hermanos y hermanas en todos los Estados Unidos de América. De hecho, al ofrecer libremente sus dones y talentos dados por Dios, dan elocuente testimonio de su fe en el servicio para la construcción del Reino de Dios.
Al mismo tiempo, los animo a profundizar su relación con Nuestro Señor de manera que su gracia siga guiando y fortaleciendo su servicio. San Vicente de Paúl demostró que la oración y la justicia social no son simplemente complementarios, sino que son, de hecho, inseparables. Es, por tanto, mi esperanza que seguirán mirando continuamente a su patrono celestial para seguir su ejemplo y buscar su intercesión.
Más aún, como recordé en Dilexi te, San Agustín enseñó la naturaleza cristocéntrica del cuidado por los pobres y sostuvo que Dios nunca será sobrepasado en generosidad hacia quienes los sirven. Por tanto, debemos creer que cuidar a los demás, cuando está motivado por el amor, no sólo ayuda a los necesitados, sino que también abre el corazón de quien se entrega a la gracia de Dios (cf. n. 46). Queridos amigos, los exhorto, entonces, a siempre entregarse a sí mismos. De esta forma, la gracia del Señor purificará continuamente sus corazones y mentes, y más fácilmente reconocerán a Cristo en su prójimo, tanto en aquellos a los que sirven como en aquellos con quienes trabajan.
Finalmente, cuando vuelvan a sus hogares, por favor sepan que lo hacen acompañados por mis oraciones. De manera particular, les pido que lleven mis calurosos saludos a sus colegas y a las personas a quienes cuidan. Con estos pensamientos, los encomiendo a cada uno de ustedes a la intercesión de María, Madre de la Iglesia. Y quizás, hoy, de manera especial, también a San Agustín en su memoria. Gracias.
Así que, por favor pónganse de pie, y oremos juntos como el Señor nos enseñó.
[Padre Nuestro]
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

Comentarios