SAN PEDRO Y SAN PABLO ENCARNAN LA UNIDAD DE LA IGLESIA: ÁNGELUS DEL 29/06/2026

El Papa León XIV encabezó la oración del Ángelus de este 29 de junio con los peregrinos en la Plaza de San Pedro, mientras la Iglesia celebra la Solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo. Bajo el sofocante calor romano, el Santo Padre afirmó que esta festividad recuerda el vínculo que une a la Iglesia de Roma con todas las demás Iglesias del mundo «en una comunión de fe y caridad». El Sumo Pontífice afirmó que el martirio de los santos Pedro y Pablo en Roma actúa como un sello sobre el Nuevo Testamento, revelando la profundidad del amor de Dios en Jesucristo. Compartimos a continuación, el texto de su alocución, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

Celebramos hoy la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, Patronos de Roma. Esta fiesta recuerda el vínculo original que une, en comunión de fe y de caridad, a la Iglesia que está en Roma con todas las demás Iglesias del mundo.

El testimonio de estos dos Apóstoles es casi un sello del Nuevo Testamento. La sangre que derramada por ellos en esta ciudad revela hasta dónde llega el amor de Dios que el Señor Jesús nos ha dado. Sí, es por su palabra y su martirio, que el Evangelio de Cristo, por así decirlo, echó raíces en Roma, manifestando precisamente aquí, en la capital del imperio, su capacidad de renovación: un nuevo conocimiento de Dios y de la infinita dignidad de todo ser humano, una nueva experiencia de la fuerza, no como dominio, sino como servicio a la vida.

También hoy el Señor, muerto y resucitado por amor, se hace presente en sus testigos; llega a los centros y a las periferias, a las capitales y a las regiones más remotas, con las voces, los rostros y las decisiones valientes de quienes han respondido a su invitación: “¡Sígueme!”. Así, este día de fiesta nos involucra en la misión de Pedro y Pablo, es decir, en la misión de Jesús mismo. Dios confía en nosotros, que somos pecadores perdonados por Él, en nosotros, que no somos perfectos, para que brille en nuestras historias su gracia, se revele su fuerza, que cambia el mal en bien.

Muy queridos todos, quizá Pedro y Pablo no podrían haber sido más distintos el uno del otro. Distintos por procedencia, por formación, por carácter; no sólo antes, sino también después de haber sido llamados, y su único Señor no los uniformó. El Evangelio es comprendido y anunciado por cada uno de ellos con un acento específico; y el Espíritu Santo, inspirando a los autores bíblicos, quiso que no se ocultaran sus divergencias, que de hecho se nos narran como una buena noticia. En el colegio de los Apóstoles, Pedro y Pablo no fueron, sin embargo, adversarios. Al contrario, se volvieron casi el símbolo de muchas otras diversidades que el único Espíritu compone en unidad. Así, los patronos de la Iglesia de Roma vivieron el trabajo intenso de la comunión, la conocieron, la sirvieron y la anunciaron como sacramento de la vida divina. Su testimonio contribuyó de manera determinante a que la presencia cristiana en la historia tienda no al dominio, sino al servicio, a la unidad y a la reconciliación.

Que el Señor nos conceda, por intercesión de los Santos Pedro y Pablo, apreciar cada vez más la catolicidad de la Iglesia, reconocer el valor al servicio del encuentro fraterno entre las personas y los pueblos, evitar todo lo que desgasta o lesiona la comunión, perseverar en el camino ecuménico y en el diálogo atento y franco con todos.

Que María, Reina de los Apóstoles, proteja siempre al Pueblo de Dios, en Roma y en el mundo entero.

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