LOS ANCIANOS, MAESTROS DE UNA VIDA QUE NO SE MIDE CON LA EFICIENCIA: CARTA DE LEÓN XIV PARA EL ENCUENTRO SOBRE LA PASTORAL DE LOS ANCIANOS (10/06/2026)
Eminencia Reverendísima:
En nombre del Santo Padre y del mío propio, me alegra dirigirle un caluroso saludo a usted y al grupo de expertos, convocados por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida para reflexionar acerca de la Pastoral de los ancianos y en particular sobre el tema “Un puente hacia el cielo. El magisterio de la fragilidad en el tiempo de la fuerza”.
En la sociedad actual la vejez es una etapa compleja y rica en perspectivas, y para la Iglesia, que en los ancianos siempre ha reconocido una presencia relevante, esta iniciativa es ciertamente de gran significado.
Hoy, en muchas regiones del mundo, las personas en edad avanzada a menudo siguen teniendo muchas energías para gastar al servicio de la comunidad. Son testimonio de ello las distintas formas de voluntariado, fundamentales en muchos sectores de la vida eclesial.
Además de esto, sin embargo, la ancianidad llama la atención sobre un aspecto más profundo e importante de la vida cristiana: el del valor de la debilidad (cf. 2 Cor 12, 10).
El aumento de la vida media de las personas implica, de hecho, una prolongación de la edad frágil de la vejez, y esto plantea el desafío de una reflexión acerca del sentido de esta etapa de la existencia. ¿Qué valor darle a los muchos años que un hombre o una mujer pueden vivir en un estado de debilidad física o mental? ¿Cuál es la perspectiva cristiana con la cual vivir este tiempo? ¿Como anunciar que la vida humana conserva siempre, en todas sus fases, su “dignidad infinita”? [1] La reflexión que hoy, con sus trabajos, inician, puede ayudar a responder a estas y otras preguntas que interpelan nuestra responsabilidad.
El Santo Padre León XIV a afirmado que la fragilidad es «parte de la maravilla que somos» [2] Ésta tiene, entonces, un valor espiritual y comunitario, recordándonos que somos dependientes unos de otros y estamos necesitados de Dios.
El Papa Francisco hablaba de ello como de un “magisterio”, [3] Que tiene mucho que enseñar a la humanidad de nuestro tiempo. Los ancianos, en la aceptación Serena de los límites vinculados con el paso de los años, sin esconderlos ni avergonzarse de ellos, pueden ser maestros de vida, capaces de mostrar a todos – y especialmente a los jóvenes – que el valor de una existencia no se mide con la medida de la eficiencia o la autosuficiencia, sino con base en la capacidad de amar y de dejarse amar, de dar y recibir.
La vejez, entonces, se deja ver como tiempo de gracia, que hay que vivir en la oración, en el servicio, en la ternura, en la memoria custodiada y transmitida: una bendición para las generaciones por venir. Esto hace de la fragilidad un lugar teológico, [4] según las palabras de San Pablo: «Lo que es una necedad para el mundo, Dios lo ha elegido para confundir a los sabios; lo que es débil para el mundo, Dios lo ha elegido para confundir a los fuertes […] porque, como está escrito, quién se enorgullece, que se enorgullezca en el Señor» ( 1 Cor 1, 27.31).
La sociedad en la cual vivimos está dominada por la lógica del desempeño y la competencia, para la cual la fuerza es concebida como exhibición de poder y tiende a degenerar en el abuso. Lo vemos en los escenarios internacionales, en donde, trágicamente, la guerra ha vuelto a ser un instrumento estratégico difundido. [5] Pero nos damos cuenta de ello también observando los pliegues ordinarios de la vida, en la forma en la cual nos relacionamos unos con otros. Cada vez más, de hecho, en la vida cotidiana, se encuentran signos de una mentalidad que confunde la fuerza con la prepotencia y la mansedumbre con la debilidad.
Ante estas actitudes, la Iglesia sigue proponiendo el mensaje evangélico: el que dice bienaventurados los mansos y los humildes de corazón (cf. Mt 5, 5; 11, 29), y que promueve una paz desarmada y que desarma, [6] reconociendo en Dios al padre de todos y en los demás no a enemigos, sino a hermanos. Los miembros ancianos de nuestras comunidades son, por experiencia y sabiduría de vida, los primeros y más autorizados testigos de esta visión cristiana del hombre.
Me hago entonces portador de los mejores deseos de Su Santidad, para que su trabajo pueda contribuir en la promoción, frente a las personas ancianas y el tiempo bendito de la vejez, de renovadas actitudes de respeto, gratitud y estima, y despertar en quienes están adelante en los años, la responsabilidad de transmitir a las generaciones futuras sanos y sólidos valores. Invocando la maternal intercesión de la Virgen María, él imparte de corazón a usted, a los colaboradores y a todos los participantes en el evento, la Bendición Apostólica.
Deseando, por mi parte, el buen resultado de esta iniciativa, aprovechó la circunstancia para confirmarme con sentimientos de distinguido aprecio.
Desde el Vaticano, 5 de junio 2026
De S.E.R. devoto en el Señor
Pietro Card. Parolin
Secretario de Estado
[1] cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Decl. Dignitas infinita, 2 abril 2024, 1.
[2] León XIV, Homilía en la Santa Misa para el Jubileo de los jóvenes, Tor Vergata, 3 agosto 2025.
[3] cf. Francisco, Audiencia General, 1° junio 2022.
[4] cf. Francisco, Discurso a los Sacerdotes del Internado San Luis de los Franceses, 7 junio 2021.
[5] cf. León XIV, Discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, 9 enero 2026.
[6] cf. León XIV, Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, 1° enero 2026.

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