QUE LA IA NO REDUZCA EL TURISMO A UNA EXPERIENCIA VIRTUAL: MENSAJE DE MONS. RINO FISICHELLA PARA LA 47ª JORNADA MUNDIAL DEL TURISMO (11/06/2026)

En un mensaje para la 47ª Jornada Mundial del Turismo, publicado el pasado 11 de junio y con fecha del 26 de mayo, el Arzobispo Pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, Mons. Rino Fisichella, advierte sobre el riesgo de reducir la experiencia del viaje a través del algoritmo, “impidiendo descubrir la maravilla del encuentro personal que es a menudo el más valioso de los descubrimientos”. También pone el foco en la exclusión digital y la regulación de la recolección de datos sobre el comportamiento de los viajeros. Transcribimos a continuación el texto del Mensaje, traducido del italiano:

“Agenda Digital e Inteligencia Artificial para rediseñar el turismo”

La Jornada Mundial del Turismo, que cada año el 27 de septiembre invitar a toda la comunidad mundial a reflexionar sobre el sentido y el valor de esta extraordinaria forma de encuentro entre los pueblos, propone este año un desafío de alcance histórico: comprender el papel que la inteligencia artificial y la transformación digital pueden tener al imaginar el turismo del futuro.

El Dicasterio para la Evangelización acoge con interés y responsabilidad pastoral este tema. No se trata de una cuestión puramente técnica o económica: estamos, más bien, llamados a interrogarnos sobre cómo se quiere promover a la persona humana a través del turismo y como las nuevas tecnologías pueden realmente servir a la dignidad de cada persona en vista del bien común, como lo afirma el Papa León XIV en la reciente Carta Encíclica Magnifica Humanitas: «La tecnología puede cuidar, conectar, educar, custodiar la Casa común; pero puede también dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta no es en sí misma una solución a los problemas de la humanidad, como no es en sí misma un mal; pero, concretamente, no es neutral, porque asume el rostro de quien la piensa, la financia, la regula, la usa» (Magnifica Humanitas, 9).

1. Vivimos en un tiempo de profundas transformaciones. La inteligencia artificial no es solamente un instrumento; genera una nueva cultura, con una nueva forma de mediación entre la persona y el mundo. Como toda mediación, lleva consigo extraordinarias posibilidades, pero también desafíos que es necesario saber interpretar con sabiduría y discernimiento. Como ha afirmado el Papa León XIV: «La inteligencia artificial ciertamente ha abierto nuevos horizontes para la creatividad, pero levanta también preguntas es preocupantes acerca de sus posibles repercusiones sobre la apertura de la humanidad a la verdad y la belleza, sobre nuestra capacidad de asombrarnos y de contemplar. Reconocer y respetar lo que caracteriza a la persona humana y le garantiza el crecimiento armonioso es esencial para establecer un marco adecuado y gestionar las implicaciones de la inteligencia artificial» (Discurso a los participantes en la Conferencia “Artificial Intelligence and Care of Our Common Home”, 5 de diciembre 2025). Por tanto, la respuesta no está en el rechazo a la tecnología, sino en su uso humano. La inteligencia artificial puede convertirse en una aliada valiosa del turismo sustentable y accesible, siempre y cuando permanezca como un instrumento al servicio de la persona y no se transforme en un sistema de control, de discriminación o exclusión.

2. El turismo nace de un deseo tan antiguo como la humanidad: conocer al otro, descubrir nuevos horizontes, dejarse sorprender por la belleza de la creación y la riqueza de las culturas. Este deseo es profundamente humano y lleva consigo también una dimensión espiritual. En él resuena aquella sed de infinito que habita en el corazón de cada persona. Hoy, la inteligencia artificial puede ciertamente facilitar el viaje: a ser más accesible la información, personalizar las experiencias, optimizar los recorridos, reducir el impacto ambiental. Todo eso es valioso. Pero ninguna tecnología podrá jamás sustituir la mirada que se posa por primera vez en un paisaje nunca visto, el apretón de manos entre desconocidos, la emoción frente a una obra de arte o un lugar sagrado. El encuentro con el otro, tradiciones distintas a la propia, puede convertirse en ocasión de crecimiento. No se trata de eliminar las diferencias o uniformar las culturas, sino de favorecer un intercambio que enriquece a todos. Invitamos, por ello, a todos los actores del sector turístico – instituciones, operadores, viajeros – a custodiar esta dimensión irreductiblemente humana del turismo. El Papa León nos recuerda que «las nuevas tecnologías abren un horizonte extenso en direcciones que, si bien pueden intuirse, no podemos aún prever plenamente. Esto hace más complejo valorar su impacto y efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común» (Magnifica Humanitas, 4). La plataformas digitales y los sistemas de inteligencia artificial deben ser proyectados y utilizados de manera que puedan favorecer el encuentro auténtico entre las personas de los pueblos, y no reducirlo a una mera experiencia virtual o a un consumo de imágenes. Como se puede observar, existe un componente humano y personal que no puede hacerse vano sin perder el sentido profundo por el cual emprendemos un viaje. Esta dimensión es bueno que siempre sea reconocida sobre todo por quienes trabajan en el ámbito del turismo para que no se pierda un patrimonio que marca el paso de generación en generación.

3. No faltan, sin embargo, las razones para mirar con sano realismo y de manera positiva las potencialidades de la inteligencia artificial aplicada al turismo. Cuando está guiada por una visión ética que pone en el centro de la dignidad de la persona y el respeto a la creación, la tecnología puede contribuir de manera significativa a hacer el turismo más equitativo, más accesible y sustentable. Piénsese en las personas con discapacidad, que a través de sistemas digitales inteligentes pueden hoy acceder a lugares y experiencias que en el pasado les estaban excluidas. Un pensamiento se dirige a las comunidades locales de los países vía de desarrollo, que pueden encontrar en las plataformas digitales nuevos canales para promover su patrimonio cultural y natural. Al mismo tiempo, se puede considerar la posibilidad de monitorear y reducir el impacto ambiental de los flujos turísticos, contribuyendo al cuidado de la creación, como afirmaba San Juan Pablo II: «la ciencia y la tecnología son un producto maravilloso de la creatividad humana que es un don de Dios, desde el momento que nos han provisto de posibilidades maravillosas, de las cuales nos beneficiamos con ánimo agradecido» (Discurso durante el encuentro con científicos y representantes de las Naciones Unidas, Hiroshima 25 de febrero 1981). En este sentido, la inteligencia artificial puede convertirse en un instrumento de fraternidad y justicia, no sólo de eficiencia. Siempre y cuando, sin embargo, las decisiones tecnológicas estén guiadas por una auténtica orientación hacia el bien común y no sólo por la lógica de la ganancia.

4. La lucidez pastoral impone mirar también los desafíos que acompañan esta transformación digital. El primero es la falta de una relevancia humanista cuando el turista es considerado como un simple objeto, el viaje como un producto que hay que optimizar y el encuentro cultural como un espectáculo que hay que consumir. En estos casos casi cualquier cosa que es esencial se pierde. La experiencia turística corre el riesgo de reducirse a lo que el algoritmo prevé como agradable, impidiendo descubrir la maravilla del encuentro personal que es, a menudo, el más valioso descubrimiento. La maravilla por la belleza, de hecho, es una percepción para ir siempre más allá, para descubrir personalmente nuevas metas que la técnica no permite. El asombro es una verdadera forma de conocimiento que abre también a la dimensión espiritual y conduce al camino de la contemplación de Dios, fuente de la belleza y Autor de la Creación. Está, además, el desafío de la exclusión digital. Quien no tiene acceso a las tecnologías, quienes no saben utilizarlas, quienes viven en territorios con escasa conectividad, corren el riesgo de ser aún más marginalizados en un sector – como el turístico – que para muchas comunidades representa una fuente esencial de sustento. Una digitalización injusta puede profundizar las desigualdades en lugar de reducirlas. Es necesario para ello una atención particular que sepa redes descubrir las verdaderas exigencias personales y sociales para poder identificar el camino Mtro. para ver al turismo como genuina fuente de bien común. Finalmente, no se puede callar sobre el desafío de la vigilancia. La recolección masiva de datos sobre comportamientos de los viajeros, sino es adecuadamente regulada, puede convertirse en un instrumento de control incompatible con la libertad y la dignidad de la persona. Es deseable, por tanto, que las instituciones internacionales promuevan marcos normativos claros y vinculantes que garanticen el respeto a los derechos fundamentales en la era de la inteligencia artificial. En este contexto resuenan con su carga de actualidad las palabras de Benedicto XVI: «Clave del desarrollo es una inteligencia capaz de pensar la técnica y captar el sentido plenamente humano del actuar del hombre, en el horizonte de sentido de la persona tomada en la globalidad de su ser. Pero la libertad humana es precisamente ella misma sólo cuando responde a la fascinación de la técnica con decisiones que sean fruto de responsabilidad moral» (Caritas in Veritate, 70).

5. Estamos llamados a redescubrir el significado profundo del viaje: no como huida de la realidad, sino como camino hacia la creación, hacia el otro, y hacia Dios. El turismo, cuando he vivido con autenticidad y responsabilidad, puede ser una escuela de fraternidad, una experiencia que ensancha el corazón y la mente, que educa para la riqueza de la diversidad y la solidaridad. Quienes trabajan en el sector turístico y quienes están comprometidos en la Pastoral del Turismo están, por tanto, llamados a la vigilancia. La inteligencia artificial puede rediseñar el turismo y hacerlo más atractivo. A nosotros, sin embargo, compete la responsabilidad de dedicar atención hacia cada persona que emprende un viaje. Es necesario, de hecho, preservar la visión de la persona como un ser relacional, libre, capaz de maravillarse, portador de una dignidad inalienable que ningún algoritmo nunca podrá capturar hasta el fondo.

26 de mayo 2026, memoria de San Felipe Neri

✠ Rino Fisichella
Pro-Prefecto

Comentarios

Entradas populares