LA FELICIDAD NO PROVIENE DE LAS REDES SOCIALES, SINO DEL ENCUENTRO CON DIOS: VIDEO MENSAJE DE LEÓN XIV A LAS STEUBENVILLE SUMMER YOUTH CONFERENCES (20/06/2026)

En su mensaje en video de este 20 de junio con motivo del 50º aniversario de las Steubenville Summer Youth Conferences, el Papa León XIV invita a redescubrir el legado de San Francisco de Asís. La verdadera paz es un don de Dios para compartir con el mundo, mientras que la alegría perfecta no se encuentra en bienes materiales ni en el uso excesivo del teléfono, sino en una relación viva con Cristo. Reproducimos a continuación el texto de su video mensaje traducido del inglés:

Queridos amigos:

Me alegra saludarlos mientras estén reunidos en distintos lugares para las Steubenville Summer Youth Conferences durante el año que marca el 50º aniversario de estos encuentros. Como saben, este año también estamos celebrando el 800º aniversario de la muerte de San Francisco. Ya que este evento es organizado por la Universidad Franciscana de Steubenville, pensé que sería adecuado reflexionar acerca del mensaje que San Francisco puede tener para los jóvenes de hoy. Creo que él podría hablarnos acerca de muchas cosas, pero especialmente sobre la paz auténtica y la perfecta alegría, porque estos temas fueron una parte importante de su vida.

Si ustedes hubieran encontrado a San Francisco en las calles de Asís en el siglo XIII, les podría haber mirado con una sonrisa serena y amorosa, y hubiera dicho: «Pace e bene», es decir «Paz y bien». Esta era la forma en que San Francisco a menudo saludaba a la gente y expresa uno de los deseos de su corazón. ¿También nosotros podemos preguntarnos: yo deseo la verdadera paz para aquellos que entran en contacto conmigo? ¿Trato a los demás de tal forma que les traiga paz? Ahora, podrían decir que esto no siempre es fácil. Algunas veces nuestro comportamiento, incluso hacia aquellos que más queremos, puede traer frustración y conflicto en lugar de paz. Debemos tener en mente que San Francisco fue capaz de sembrar paz no debido a sus propios esfuerzos, sino porque poseía en sí mismo la fuente de la verdadera paz. A menudo he repetido que la paz es un don de Dios, un don que recibimos cuando invitamos al Señor a nuestro corazón. Estamos llamados, entonces, a convertirnos en instrumentos de su paz, difundiéndola a nuestras familias, nuestras comunidades, nuestros países y todo el mundo. Los invito, entonces, a aprovechar los momentos de silencio durante esta conferencia para descubrir la paz de Cristo que prometió dar a sus discípulos (cf. Jn 14, 27).

San Francisco también era conocido por ser una persona particularmente alegre. Él se deleitaba en la belleza de la creación, en la infinita bondad y misericordia de Dios, y en la conversión de los pecadores. Y sin embargo, se sorprendían por cómo una vez explicó que es la perfecta alegría. Una noche de invierno, mientras caminaba de regreso a Asís con el Hermano León, uno de los primeros miembros de la orden franciscana, San Francisco comenzó a dar una larga lista de cosas aparentemente “buenas” que no llevan a la perfecta alegría. En cierto punto, el Hermano León finalmente exclamó: «Padre Francisco, yo pido para que me enseñe acerca de la perfecta alegría». En su respuesta, el santo describió una situación trágica que implicaba sufrir el frío, el hambre y el rechazo – lo opuesto a lo que esperarían – y agregó que si dichas dificultades son asumidas con paciencia, sin quejarse y con amor a Dios, «esa es la perfecta alegría».

¿Es realmente posible tener alegría en circunstancias tan difíciles?, podríamos preguntar. Sólo es posible si nuestra vida está basada en nuestra relación con Dios como un Padre amoroso. De hecho, la alegría de San Francisco – la alegría de la que San Francisco estaba hablando – no pueden encontrarse a través de dispositivos electrónicos, pasando horas frente a una pantalla o navegando sin fin en las redes sociales todos los días. Estas actividades a menudo hacer perder tiempo valioso que podría ser utilizado para momentos de oración en silencio, para cultivar amistades auténticas, para pasar tiempo de calidad con la familia, para aprender más sobre nuestra fe, para estudiar o practicar deportes. La alegría nunca debe buscarse a través del uso de las drogas, el abuso del alcohol, la promiscuidad, relaciones superficiales, una obsesión acerca de nuestra imagen, o cualquier tipo de comportamiento dañino. Sorprendentemente, tampoco puede encontrarse en bienes como la riqueza, la belleza, la fama o incluso la salud, porque un día dejaremos todo esto atrás.

Sólo el amor de Dios puede proveernos de la verdadera y perfecta alegría. Si tenemos la profunda convicción de que Dios nos cuida como sus hijos amados, me gustaría haremos angustiados o desanimados, incluso en situaciones difíciles. Muchos de ustedes han escuchado desde que eran pequeños que Dios los ama. ¿Pero realmente lo creen? Ustedes son valiosos ante los ojos de Dios (cf Is 43, 4). Ustedes son amados incondicionalmente por Él. ¿Están seguros de ello? Se cultivan una relación de confianza con Él, a través de la oración constante, a través de la recepción de los sacramentos, si se abandonan en sus manos, entonces la ansiedad, o la tristeza y la soledad se desvanecerán mientras su gracia nos llena y su amor inflama su corazón. Ese es el secreto para ser capaz de enfrentar circunstancias desafiantes con una sonrisa. Abra sus corazones para descubrir esta realidad.

Así que el mensaje de San Francisco, y el mío, es sencillo: la verdadera paz y la perfecta alegría son dones de Dios que vienen cuando nos abrimos a Él y confiamos en su poder para transformarnos. ¿Qué podemos darle a cambio por tan grande amor, por dones tan generosos? Nada, más que nosotros mismos. Hoy, el señor necesita misioneros que difundan la Palabra a aquellos que no lo conocen, hombres y mujeres santos para comenzar familias católicas amorosas, sacerdotes para ser padres espirituales y ministros de los sacramentos, así como hombres y mujeres religiosos para ser testigos de la verdadera alegría de su reino. Si tienen el sentimiento de qué el señor puede estar llamándote a una de estas vocaciones, no te cierres o huyas con miedo, sino da un paso al frente y dile al Señor, «¡Aquí estoy, envíame!» (Is 6, 8). Al mismo tiempo, no tengas miedo de hablar con alguien acerca de ello, un amigo de confianza, un sacerdote o una hermana religiosa.

Les deseo a todos una conferencia fructífera, y pido para que en estos días los llene el amor de Cristo y lleguen a conocer a otros jóvenes que desean entregar sus vidas completamente a Él y que, al hacerlo, encuentren la verdadera felicidad. Encomendándolos a todos ustedes a la maternal intercesión de Nuestra Señora, Causa de Nuestra Alegría, con gusto invoco sobre cada uno de ustedes las bendiciones divinas de paz y fortaleza.

Y que Dios Todopoderoso los bendiga, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

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