RUINI, UN PASTOR CAPAZ DE SERVIR CON HUMILDAD Y RESPONSABILIDAD: HOMILÍA DE LEÓN XIV EN LAS EXEQUIAS DEL CARD. CAMILLO RUINI (18/06/2026)

Por la tarde de este 18 de junio, en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV presidió la Misa Exequial del Cardenal Camillo Ruini, Expresidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), quien falleció el martes pasado a los 95 años. En su homilía, el Pontífice recordó el lema de su episcopado: «La verdad nos hará libres», y enfatizó que el ser humano está hecho para el bien, a pesar de las «visiones de la realidad totalmente cambiantes». Compartimos el texto de su homilía, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos esta Eucaristía encomendando a la misericordia del Señor a nuestro hermano el Cardenal Camillo Ruini, pastor sabio y solícito del rebaño de Cristo.

Por muchos años sirvió a la Iglesia desarrollando con la misma dedicación tanto los encargos más humildes como los más cargados de responsabilidad que el señor quiso confiarle, como sacerdote, Obispo y Cardenal: en la enseñanza, en el estudio y la profundización teológica, en el servicio pastoral, en la animación juvenil, en el ámbito cultural, en el cuidado del laicado y las vocaciones, en el ejercicio de la autoridad.

Mucho le debe la Iglesia en Italia, a la que sirvió por cerca de 17 años como Presidente de la Conferencia Episcopal; como también la Diócesis de Roma, en la cual por un tiempo semejante desarrolló el ministerio de Vicario del Santo Padre. Supo guiar al pueblo de Dios y a los hermanos en el Episcopado en momentos importantes y delicados, enfrentando con entusiasmo, discernimiento y valentía múltiples desafíos.

A él se deben intuiciones e iniciativas que dejaron una marca profunda en el camino de la comunidad eclesial y también de la civil. Pensemos en el “Proyecto cultural”; en el compromiso realizado para promover la aportación del mundo católico en los más distintos ámbitos de la vida religiosa, civil y política italiana; en el gran trabajo del Sínodo diocesano y su aplicación, aquí en Roma; en su presencia activa y de diálogo en los distintos niveles de la vida de la Iglesia, como también del mundo laico y la sociedad.

Al recordarlo y encomendarlo a los brazos del Padre celestial, nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios que hemos escuchado y también por algunos pensamientos que él mismo dejó escritos.

En la primera lectura resuenan las palabras vibrantes del Apóstol Pablo: «Ni muerte ni vida, ni ángeles ni principados, ni presente ni futuro, ni poderes, ni altitudes ni profundidades, ni ninguna otra criatura nunca podrá separarnos de amor de Dios» (Rom 8, 33-39). Es esta la verdad que animó también al Cardenal Ruini en su ministerio. El amor de Dios es fiel, nada puede derrotarlo ni separarnos de él, porque es su don, viene de Él, y nos es entregado más allá de nuestros méritos y debilidades. Múltiples fueron las vicisitudes a través de las cuales nuestro querido hermano acompañó a los fieles y las comunidades que le fueron encomendadas a lo largo de su extenso servicio, y es precisamente en la caridad invencible del Señor y en la respuesta de fe a este don que debemos buscar la raíz de la fuerza con las cual las afrontó.

En su Testamento espiritual, hablando de las muchas personas por las que sentía gratitud por el bien entregado, el Cardenal Camillo escribió: «De ellos he recibido no menos de lo que busqué entregar». Pienso que son palabras que pueden ayudarnos también a vivir nuestras responsabilidades y distintos servicios con la misma humildad y la misma confianza en Dios.

Por lo demás, él mismo dio testimonio de qué uno de los recursos que más lo acompañaron en su larga existencia, desde la infancia, fue la oración, sencilla, de corazón, fresca en los años más tiernos y después madura con el paso del tiempo, hasta la etapa de la fragilidad y la enfermedad.

Otra frase de la Escritura que la Liturgia nos ha ofrecido, y que puede ayudarnos a vivir con fruto este momento de gracia, son las palabras de Jesús que escuchamos en el Evangelio: «Padre, quiero que los que me has dado también estén conmigo donde yo estoy» (Jn 17, 24). En ellas encontramos resumido el programa, la dirección y el objetivo último de una vida gastada por el día de los hermanos y vivida en la búsqueda constante de los deseos de Dios para la salvación propia y de ellos. El Cardenal Ruini escribió al respecto: «Espero, Señor, haber trabajado no por intereses personales sino por los objetivos que me fueron confiados y que compartía de corazón» (Testamento espiritual). Es hermoso recordar, en este momento, la realidad que animó en lo profundo, más allá y sobre cualquier otra preocupación, su corazón de Pastor. Mientras lo acompañamos con la oración y el ofrecimiento de la Eucaristía, hagamos nuestro su deseo, de llegar ahí donde el Señor nos espera y nos desea, en la gloria eterna, y caminar hacia la meta, unos con el deseo de participar de ella junto con los otros, unidos, en Él y entre otros, para siempre.

El Cardenal Camillo Ruini tuvo la gracia de conocer personalmente y trabajar con algunos grandes Santos de los tiempos recientes, como San Pablo VI y San Juan Pablo II. En particular, de su relación con el Papa Wojtyła del cual por muchos años fue colaborador, escribió: «En Juan Pablo II experimente tu presencia, Señor, pude tocar con mi mano la unión en la oración, lo inseparable de oración, vida y apostolado, la valentía de la fe que guía la historia, la capacidad de amar y de perdonar» (ibid). Considero que del ejemplo de unidad de vida del gran Pontífice el Cardenal supo tomar mucho, porque podemos encontrar también en el muchos de los rasgos con los que describe el Santo Papa; y pienso que dicha consonancia de sentimientos puede animarnos también en nuestro camino.

Como lema de su Episcopado, nuestro hermano había elegido una frase inspirada en el Evangelio de San Juan: Veritas liberabit nos, “La verdad nos hará libres” (cf. Jn 8, 32). Estas palabras resumen la profunda concepción de persona y de libertad que Cristo nos reveló y que la Iglesia enseña: estamos hechos para la verdad y para el bien, y sólo en ello encontramos unidad, paz y plena realización, en la vida terrenal y para la eternidad. Ellas nos recuerdan con claridad un mensaje particularmente significativo para nuestro tiempo, en el cual se puede estar desorientado por derivación relativistas y por visiones totalmente fluidas de la realidad y del hombre. Mirando la vida del Cardenal Ruini, como vivió y cómo dejó este mundo, podemos captar un signo de la fuerza y la solidez con la cual el hombre crece y madura cuando encuentra en la Verdad que viene de Dios el centro y el eje de su propia existencia.

Deseo, en conclusión, dirigir una palabra de agradecimiento a las personas que, como ya mencioné, acompañaron, coadyuvaron y apoyaron al Cardenal su trabajo, durante su servicio pastoral y especialmente en los años de la vejez y la enfermedad. En particular, quisiera agradecer a quien estuvo cerca de él hasta el final con devota dedicación. Que el Señor recompense a todos, le dé consuelo a los parientes y personas queridas, y le conceda el premio de su paz que no tiene fin.

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