EL PAPA ADVIERTE SOBRE LOS RIESGOS DE LA IA EN LA EDUCACIÓN: PALABRAS DE LEÓN XIV A REPRESENTANTES DE COLEGIOS Y UNIVERSIDADES CATÓLICAS (03/06/2026)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Buenos días a todos ustedes y bienvenidos en esta mañana nublada y lluviosa en Roma. La luz brilla desde dentro este día.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Me alegra saludarlos durante el Seminario de 2026 en Roma de la Asociación de Colegios y Universidades Católicas. Como Presidentes y Rectores de estas Instituciones, confío en que su experiencia aquí en el corazón de la Iglesia servirá para fortalecer su fe y renovar su compromiso con la misión universal de la Iglesia. En particular, ya que están dedicados a la tarea de la educación, pido para que sus corazones estén aún más cautivados por la belleza de la verdad y la grandeza de la humanidad, creada por Dios y redimida por Cristo.
A la luz de la Carta Encíclica que publiqué recientemente, quisiera dirigirles algunas palabras referentes a la importancia decisiva de la educación católica en el mundo de hoy. Uno de los retos que el mundo de la educación está enfrentando actualmente es la creciente fragmentación del conocimiento. Mientras que es fácil encontrar personas que son expertos en un campo particular de estudio, muchos de estos individuos «luchan por encontrar una dirección en sus vidas, en parte debido a una incapacidad para conectar la información con un conocimiento más profundo o mantener un sentido de propósito» (Magnifica Humanitas, 146). A menudo carecen de una visión global de la realidad que sea capaz de unir no sólo los distintos campos del conocimiento, sino también los múltiples aspectos de la vida y los anhelos internos del corazón humano.
La educación católica tiene un papel particularmente significativo al respecto. Mientras que jóvenes hombres y mujeres vienen a sus colegios y universidades buscando estudiar un grado en específico, en ocasiones motivados por futuras perspectivas de trabajo, la de ustedes es la noble tarea de guiar ese deseo por el conocimiento de manera que también «aprendan a buscar y amar la verdad, reflexionen en el sentido de la vida y reconozcan la dignidad de cada persona» (ibid., 143). Esta no es una tarea fácil. Como bien lo saben, buscar la verdad requiere no sólo aprendizaje y guía, sino también un gran esfuerzo (cf. ibid., 139). A menos que la educación católica inculque en los estudiantes una verdadera pasión por la verdad – y no sólo la verdad intelectual, sino la Verdad que es Cristo mismo (cf. Jn 14, 6) – difícilmente podemos esperar personas deseosas de realizar el esfuerzo requerido para reconocer la verdad y adaptar su vida de acuerdo con ella. De hecho, las instituciones católicas están llamadas a ser un «ambiente vivo en el cual la visión cristiana permee cada disciplina y cada interacción» (Carta Apostólica, Trazando nuevos mapas de esperanza, 5. 2). Su autenticidad como verdaderos discípulos de Cristo ciertamente les permitirá transmitir el Evangelio vivo de tal manera que aquellos que les han sido encomendados puedan encontrar realmente al Señor y descubrir en la fe católica la visión unificadora que sólo la verdad puede proveer.
Desde una perspectiva más práctica o pedagógica, los recientes avances tecnológicos también plantean numerosos desafíos al mundo de la educación. El uso prolífico de la inteligencia artificial hace cada vez más difícil evaluar el trabajo de los estudiantes, pidiendo a los educadores adaptar sus métodos de forma creativa para asegurar la formación humana integral de aquellos a su cuidado, aún cuando esto, en ocasiones, implica más trabajo para los maestros. En este sentido, debemos estar dispuestos a invertir generosamente en la educación de las futuras generaciones. Es crucial que los y las jóvenes aprendan a relacionarse positivamente con nuevas tecnologías, mientras que al mismo tiempo desarrollen realmente sus capacidades y habilidades dadas por Dios para razonar, pensar de forma crítica y memorizar el conocimiento, preparándolos así para dar forma de manera responsable al mundo por venir (cf. Magnifica Humanitas, 145).
Queridos hermanos y hermanas, mientras que continúan realizando la misión evangelizadora de la Iglesia, es mi esperanza que los estudiantes siempre sean capaces de encontrar en sus Instituciones la sólida doctrina (cf. 2 Tim 4, 3) encomendada a la Iglesia que servirá como cimiento verdadero y duradero no sólo para sus vidas, sino para el futuro de la nación. A agradecerles por su presencia aquí y por su dedicación a la educación católica, de corazón imparto mi Bendición Apostólica, que con gusto extiendo a las personas, comunidades e instituciones que representan. Muchas gracias.

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