CATEQUESIS DE LEÓN XIV: LA PALABRA DE DIOS DA VERDAD A LA VIDA, A MENUDO RODEADA DE PALABRAS VACÍAS (11/02/2026)

La Iglesia es el «lugar propio de la Sagrada Escritura», en el que florece su tarea, que es «dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios». Una Palabra que alimenta el camino de fe de cada uno, que impulsa a la Iglesia «más allá de sí misma», devolviendo la «verdad» a la vida, que de otro modo estaría sumergida en el ruido difuso de tantas «palabras vacías». Así lo afirmó el Papa León XIV en su catequesis de la Audiencia General de este 11 de febrero, en el Aula Pablo VI, ante unos 7,000 fieles de todo el mundo, dedicada una vez más a la Constitución conciliar Dei Verbum. Compartimos a continuación, el texto completo de su catequesis, traducido del italiano:

Los Documentos del Concilio Vaticano II
I. Constitución dogmática Dei Verbum 5. La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos:

En la catequesis de este día nos detendremos en el vínculo profundo y vital que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia, vínculo expresada por la Constitución conciliar Dei Verbum, en el capítulo sexto. La Iglesia es el lugar propio de la Sagrada Escritura. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios, y al pueblo de Dios está destinada. En la comunidad cristiana ella tiene, por así decirlo, su hábitat: en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra, de hecho, el espacio en el cual revelar su significado y manifestar su fuerza.

El Vaticano II recuerda que «la Iglesia siempre ha venerado las Sagradas Escrituras como lo ha hecho con el Cuerpo mismo del Señor, nunca dejando, sobre todo en la Sagrada Liturgia, de alimentarse con el pan de vida de la mesa ya sea de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo y de ofrecerlo a los fieles». Además, «junto con la Sagrada Tradición, siempre las ha considerado y las considera como la regla suprema de su fe» (Dei Verbum, 21).

La Iglesia nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas Escrituras. Después del Concilio, un momento muy importante a este respecto fue la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, en octubre de 2008. El Papa Benedicto XVI recogió sus frutos en la Exhortación postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), en donde afirma: «Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe hace evidente que la auténtica hermenéutica de la Biblia no puede existir más que en la fe eclesial, que tiene en el “sí” de María su paradigma. […] El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia» (n. 29).

En la comunidad eclesial la Escritura encuentra, entonces, el ámbito en el cual desarrollar su tarea peculiar y alcanzar su fin: dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios. «La ignorancia de la Escritura – de hecho – es ignorancia de Cristo» [1]. Esta célebre expresión de San Jerónimo nos recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura: conocer a Cristo y, a través de Él, entrar en relación con Dios, relación que puede ser entendida como una conversación, un diálogo. Y la Constitución Dei Verbum nos presentó la Revelación precisamente como un diálogo, en el que Dios habla a los hombres como a amigos (cf. DV, 2). Esto sucede cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración: entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros.

La Sagrada Escritura, confiada a la Iglesia y por ella custodiada y explicada, desempeña un papel activo: de hecho, con su eficacia y poder, sostiene y fortalece a la comunidad cristiana. Todos los fieles están llamados a abrevar de esta fuente, ante todo en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos. El amor por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar a quien desarrolla el ministerio de la Palabra: Obispos, presbíteros, diáconos, catequistas. Valioso es el trabajo de los exégetas y de cuantos practican las ciencias bíblicas; y central es el puesto de la Escritura para la Teología, que encuentra en la Palabra de Dios su fundamento y su alma.

Lo que la Iglesia ardientemente desea es que la Palabra de Dios pueda alcanzar a todos sus miembros y alimentar su camino de fe. Pero la Palabra de Dios empuja a la Iglesia también más allá de sí misma, la abre continuamente a la misión hacia todos. De hecho, vivimos rodeados de tantas palabras, pero ¡cuántas de ellas están vacías! A veces escuchamos también palabras sabias que, sin embargo, no tocan nuestro destino último. La Palabra de Dios, en cambio, viene al encuentro de nuestra sed de significado de verdad sobre nuestra vida. Esta es la única Palabra siempre nueva: revelándonos el misterio de Dios es inagotable, nunca deja de ofrecer sus riquezas.

Muy queridos todos, viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura está totalmente en relación con Jesucristo, y se experimenta que esta es la razón profunda de su valor y su poder. Cristo es la Palabra viva del Padre, el Verbo de Dios hecho carne. Todas las Escrituras anuncian su Persona y su presencia que salva, para cada uno de nosotros y para toda la humanidad. Abramos, entonces, el corazón y la mente para acoger este don, en la escuela de María, Madre de la Iglesia.


[1] S. Jerónimo, Comm. in Is., Prol.: PL 24, 17 B.

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