CRISTIANOS Y MUSULMANES JUNTOS POR LA PAZ EN UN MUNDO HERIDO: MENSAJE DEL DICASTERIO PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO A LOS MUSULMANES POR EL RAMADÁN (20/02/2026)
Queridos hermanos y hermanas musulmanes:
Es con gran alegría que me dirijo a ustedes con ocasión del mes del Ramadán, que culmina con la Fiesta de la Suspensión del Ayuno, Id Al-Fitr. Esta importante práctica anual me permite una oportunidad bienvenida para expresarles mi cercanía, solidaridad y respeto a ustedes, creyentes en Dios, “que es uno, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, el creador del cielo y la tierra, que también le ha hablado a la humanidad” (Concilio Vaticano II, Declaración Nostra aetate, 28 de octubre 1965, 3).
Este año, debido a una providencial convergencia de calendarios, los cristianos viven en este periodo de ayuno y devoción junto con ustedes durante el santo tiempo de Cuaresma, que guía a la Iglesia hacia la celebración de la Pascua. Durante este periodo espiritualmente intenso, buscamos seguir la voluntad de Dios más fielmente. Este viaje compartido nos permite reconocer nuestra fragilidad inherente y enfrentar las pruebas que pesan sobre nuestros corazones.
Cuando sufrimos pruebas – ya sea a nivel personal, familiar o institucional – a menudo creemos que entender sus causas revelará un camino cierto hacia delante. Sin embargo, frecuentemente descubrimos que la complejidad de esta situación es sobrepasa nuestra fuerza. En una época marcada por una sobrecarga de información, de narrativas y puntos de vista en competencia, nuestro discernimiento puede nublarse, en nuestro sufrimiento hacerse más agudo. En tales momentos, surge naturalmente una pregunta: ¿cómo podemos encontrar un camino para continuar? Desde una perspectiva meramente humana, la respuesta puede parecer ocultarse, dejándonos con un sentido de desamparo.
Es precisamente entonces cuando la tentación puede surgir para convertirse en desesperación o violencia. La desesperación puede parecer una respuesta honesta a un mundo roto, mientras que la violencia puede presentarse como un atajo hacia la justicia qué pasa por alto la paciencia requerida por la fe. Sin embargo, ninguna puede ser un camino aceptable para los creyentes. Un verdadero creyente mantiene su mirada fija en la Luz invisible que es Dios – el Todopoderoso, el Más Misericordioso, el Único Justo – que “gobierna a las naciones con justicia” (Sal 96, 10). Tal creyente lucha, con cada gramo de su fuerza, para vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios, porque sólo en Él se encuentran tanto la esperanza del mundo por venir como la paz tan profundamente deseada por todo corazón humano.
De hecho, nosotros – cristianos y musulmanes, junto con la gente de buena voluntad – estamos llamados a imaginar y a abrir nuevos caminos por los cuales la vida pueda ser renovada. Esta renovación es posible a través de la creatividad alimentada por la oración, la disciplina del ayuno que clarifica nuestra visión interior, y los actos concretos de caridad. “No se dejen vencer por el mal”, el Apóstol Pablo nos exhorta, “más bien venzan al mal con el bien” (Rom 12, 21).
Queridos hermanos y hermanas musulmanes, especialmente aquellos entre ustedes que luchan o sufren en el cuerpo o el espíritu debido a su sed de justicia, igualdad, dignidad y libertad: por favor estén seguros de mi cercanía espiritual y sepan que la Iglesia Católica se mantiene en solidaridad con ustedes. Estamos unidos no sólo por nuestra experiencia compartida de prueba, sino también por la sagrada tarea de restaurar la paz en nuestro mundo roto. Estamos realmente “todos en la misma barca” (Francisco, Carta enc. Fratelli tutti, 3 de octubre 2020, 30).
Paz – este es mi ferviente deseo para cada uno de ustedes, para sus familias y para las naciones en las que viven. No es el de una paz ilusoria o utópica, sino como el Papa León XIV enfatizó, el de una que nace de “desarmar el corazón, la mente y la vida” (mensaje para la 59ª Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero 2026). Dicha paz es un don recibido de Dios y alimentado por la desactivación de las hostilidades a través del diálogo, la práctica de la justicia y el aprecio del perdón. Que, a través de esta temporada compartida del Ramadán y la Cuaresma, nuestra transformación interior pueda convertirse en un catalizador para un mundo renovado, donde las armas de guerra den paso a la valentía de la paz.
Con estos sentimientos, pido al Todopoderoso que llene a cada uno de ustedes con su amor misericordioso y su consuelo divino.
Desde el Vaticano, 17 de febrero 2026
Cardenal George Jacob Koovakad
Prefecto
Mons. Indunil J.K. Kodithuwakku
Secretario

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