DISPONER, ACOGER Y SALUDAR: PALABRAS DE LEÓN XIV A LOS GENTILHOMBRES Y SEDIARIOS PONTIFICIOS (01/02/2026)

Antes del Ángelus de este 1º de febrero, el Papa León XIV recibió en audiencia a los gentilhombres, encargados de antecámara y a los sediarios pontificios, para expresar su gratitud por el trabajo que desempeñan con espíritu de fidelidad al Santo Padre. El Sumo Pontífice resumió la misión de estos servidores en tres verbos: disponer, acoger y saludar. “La calidad de un encuentro, de hecho, comienza el cuidado que distingue sus preparativos, hasta en los más mínimos detalles”, afirmó el Papa en el mensaje que transcribimos a continuación, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz sea con ustedes.

Buenos días a todos, bienvenidos.

Muy queridos gentilhombres, asistentes de antecámara y sediarios:

Estoy particularmente contento por este encuentro, que – por una vez – está dedicado precisamente a ustedes, me permite decirles una palabra de agradecimiento y de ánimo. Saludo al Regente de la Prefectura de la Casa Pontificia, Mons. Leonardo Sapienza, y al Viceregente, el P. Edward Daleng, O.S.A., qué coordinan su servicio. A todos les expreso mi reconocimiento, sobre todo por el espíritu de fidelidad al Papa con el que lo desarrollan. Esta dedicación me acompaña y me ayuda cotidianamente en la misión apostólica, siendo de beneficio para todos aquellos a quienes encuentro en las visitas de Estado, en las audiencias, en las ocasiones más solemnes como en las más familiares. A este respecto, pienso que su trabajo puede ser bien sintetizado por tres verbos, que custodian su sentido y valor: disponer, acoger, saludar.

La calidad de un encuentro, de hecho, comienza por el cuidado que distingue sus preparativos, hasta en los más mínimos detalles. Muy rico en historia y arte, el espacio que habitamos pide al respecto un servicio igualmente atento como humilde. A la disposición de los ambientes sigue después la diligencia de los gestos de acogida y saludo para que sean nobles pero no pomposos, elegantes pero no sofisticados, de manera que comuniquen afabilidad a cualquiera. Ya sea un príncipe o un peregrino, un patriarca o un postulante, la preocupación del Sucesor de Pedro permanece idéntica hacia todos y amorosa para cada uno.

La sobria belleza que distingue al protocolo pontificio, se refleja en todos sus gestos. Pensando en la historia de quienes los han procedido, den testimonio de sus valores con una vida coherente, sabiendo bien que el servicio de honor requiere ciertamente una deontología peculiar, pero ante todo una fe sólida y, por tanto, un estilo espiritual marcado por la devoción hacia la Iglesia y el Papa. Que las acciones, la postura, las miradas de cada día sean siempre su espejo luminoso.

Al exhortarles a continuar con compromiso los distintos servicios en los que colaboran, cada uno según su propia tarea, confirmo mi reconocimiento hacia ustedes impartiendo la Bendición Apostólica, que con gusto extiendo a sus familiares y personas queridas. Gracias.

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