ME SIENTO BIENVENIDO ENTRE USTEDES: PALABRAS DE LEÓN XIV A LOS GRUPOS PASTORALES DE LA PARROQUIA SANTA MARÍA REINA DE LA PAZ (15/02/2026)

Tierra de sal y de historia, donde el aliento del mar acaricia los mármoles antiguos, tierra de santos y navegantes, donde las heridas de las bandas criminales encuentran cura en el trabajo de gente honesta, pobre en medios, pero rica en intenciones, Ostia acogió la tarde de este 15 de febrero al Papa León XIV, que en este territorio impregnado de la herencia espiritual de San Agustín y de su madre Santa Mónica, decidió iniciar la visita por su Diócesis. El Santo Padre sostuvo tres encuentros durante su visita pastoral a la Parroquia: con los niños y jóvenes, después con los enfermos y ancianos y finalmente con el Consejo Pastoral. Compartimos a continuación los distintos textos pronunciados en cada momento por el Santo Padre, traducidos del italiano:

Palabras del Santo Padre durante el encuentro con los jóvenes:

Muy bien, buenas tardes a todos:

Saben – creo – que esta es la primera visita a una parroquia de mi nueva Diócesis. Estoy muy contento de comenzar aquí, en Ostia. Además, en una Parroquia que lleva el hombre de Santa María Reina de la Paz, tan importante en este tiempo que estamos viviendo. El párroco me dice que les dé una palabra de esperanza: ¡la esperanza son ustedes! Y deben reconocer que, en su corazón, en su vida, en su juventud hay esperanza, para hoy y mañana. La esperanza comienza ya desde aquí, porque Jesús camina con nosotros; su madre María, Reina de la Paz, camina siempre con nosotros.

Estoy muy contento de estar aquí con ustedes esta tarde para encontrarme con ustedes, también con otros grupos de la parroquia, y para celebrar la Eucaristía, en donde todos nosotros renovamos nuestra fe en Cristo, que está siempre presente entre nosotros; que nos prometió que, cuando dos o tres se reúnen en su nombre, Jesús está presente. Jesús está vivo con nosotros y nos da esta esperanza de vivir en la paz, en el amor y en la amistad. Gracias a ustedes por estar aquí esta tarde, y esperemos que estos momentos que viviremos juntos sean realmente fuente de paz, de alegría, de felicidad para todos nosotros, para toda la comunidad de Ostia. ¡Muchas gracias!

Pidámosle a María, nuestra Madre, Su intercesión: que haya paz en nuestros corazones, que haya paz en nuestras familias, que el Señor bendiga a todos nuestras familias, a todas las familias de esta parroquia y que la paz realmente reine en medio de todos nosotros.

Digamos juntos: Dios te salve, María…

[Bendición]

Un saludo afectuoso a todos ustedes, al Vicario, al Cardenal Reina que nos acompaña esta tarde – quizás quiere decir una palabra – y también a Mons. Renato. Toda la iglesia está aquí con ustedes esta tarde. ¡Saludos!

Palabras del santo padre durante el encuentro con los enfermos y ancianos:

¡Gracias, gracias!

Entonces, al entrar varios de ustedes me dijeron una palabra bellísima y quiero comenzar con eso. Dijeron: “¡Bienvenido!”. Y debo decir que me siento realmente bienvenido entre ustedes. Gracias por este recibimiento. Este es uno de los muchos signos de una auténtica comunidad cristiana, una verdadera parroquia, donde todos nosotros aprendemos a decir “Bienvenido”, no sólo con la palabra, sino con el espíritu de acogida, de abrir la puerta y recibir a quien sea: católico, no católico, creyente, no creyente… ¡Que seamos siempre una comunidad acogedora! Y gracias a ustedes por este ejemplo.

Aquí frente a mí y también allá atrás está toda esta juventud, esta presencia también del deporte. Y como saben estamos viviendo en estos días en Milán y Cortina los Juegos Olímpicos. El deporte nos enseña mucho. Entonces a todos ustedes, felicidades. El deporte nos enseña a ser hermanos y hermanas, a dejar a un lado las diferencias y decir “todos nosotros queremos trabajar en equipo”, “queremos hacer parte de un grupo que deja las diferencias y busca siempre la meta”. Y entonces a todos ustedes: ¡felicidades por su participación y gracias también por haber venido!

Pero con la juventud también están nuestros hermanos y hermanas mayores, algunos discapacitados que tienen dificultades y ciertas formas de sufrimiento. Qué importante es su presencia. Queremos darles también a ustedes una palabra especial, una bendición especial, porque el Señor los acompaña y por medio de ustedes, de su vida, de su ejemplo, a nosotros nos enseñan mucho. Y es muy importante que estén aquí. ¡Gracias, gracias por esta presencia! El amado Papa Francisco muchas veces decía: los jóvenes tienen mucha energía y quieren correr delante de todos. Pero aquellos quizás más ancianos, los abuelos, las personas con dificultades no corren tanto, pero ellos tienen la sabiduría y la experiencia de la vida. Todos forman parte de esta familia parroquial y todos tienen algo que decir, que dar, que compartir. Por eso es muy importante que nos encontremos todos juntos de esta forma.

Sepan también que no sólo mis oraciones, sino las oraciones de toda la iglesia y de toda la comunidad cristiana los acompañan. ¡Que tengan la valentía de decirle sí al Señor! La vida de cada uno tiene un gran valor: si soy joven, si soy anciano, si tengo dificultades o no, la vida humana es un don de Dios. Gracias a ustedes por darnos ese testimonio.

Oremos al Señor para que, en esta visita, para que en estos momentos que compartimos, como todos los días, nos ayude con su Espíritu, con la vida, con el entusiasmo, con la fe y que seamos todos siempre signos de esperanza en nuestro mundo.

Digamos juntos a nuestra Madre: Dios te salve, María…

Que el Señor esté con ustedes. Que los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Antes de terminar este momento… Ustedes saben que el Papa es el Obispo de Roma, y entonces estoy muy contento de estar aquí. Sepan que esta parroquia en Ostia es la primera que visito después de mi elección como Obispo de Roma. ¡Gracias! Estoy muy contento también porque en Ostia hay raíces agustinas. Su parroquia es vecina de los Agustinos y también yo formo parte de esta familia. Pero el Papa cuida no sólo de su Diócesis, sino de toda la Iglesia y por tanto debemos la bendición, la gracia, de un Vicario, el Cardenal Baldo, que nos acompaña y quiero invitarlo a decir una palabra, porque él representa esto es cercanía que el Papa quiere tener con todos ustedes y con todas las parroquias de Roma. Gracias a ustedes y le doy la palabra al Cardenal Baldo. ¡Gracias!

Palabras del Santo Padre durante el encuentro con el Consejo Pastoral Parroquial:

Bien.

Gracias Eminencia, gracias por la presentación.

Ya desde hace unos pocos años, cuando era Obispo en una diócesis en Perú, cuando hacía las visitas a las parroquias, una de las cosas que siempre consideraba muy importante, era precisamente el encuentro – aunque fuera breve – con el Consejo Pastoral de la Parroquia y, si entendí bien, también está aquí, al menos una parte del Consejo Económico de la Parroquia. También ese es muy importante. Pero como decía el Cardenal Baldo, no es tanto lo que hacemos – aunque, sí, es importante lo que hacemos – sino lo que somos en la parroquia y para la parroquia. Y en este sentido quisiera comenzar con una sencilla palabra: oración o experiencia de fe.

Ser miembros de un Consejo en la Parroquia… el trabajo, hay mucho que hacer, nos preocupamos, viene el Papa: “¿Cómo nos organizamos?”, o está el Miércoles de Ceniza, está una actividad u otra, está en la fiesta parroquial… Muy bien. Pero, si no somos una comunidad de fe que vive y da testimonio de lo que significa ser discípulos de Jesús, hombres y mujeres de fe, entonces todas las actividades acaban finalmente un poco vacías, sin el verdadero sentido de ser católicos, cristianos, amigos de Jesús. Y entonces ante todo quisiera agradecerles por su disponibilidad. Sería muy fácil decir: “No, yo tengo otra reunión, un encuentro, un consejo, tengo mucho que hacer ya en casa, aquí y allá…”. Pero ustedes hacen realmente un sacrificio importante dando su tiempo para la vida de la parroquia y de la Iglesia.

Y además está el testimonio, también con estas prioridades que ya se han mencionado, tan importantes además en una zona de la ciudad que tiene sus dificultades. Y entonces, también allí, que la Parroquia sea un lugar donde las personas pueden venir, encontrar también la escuchan. Acabamos deben decir esta nueva sala que será un poco un lugar, un sitio en toda la prefectura que podrá servir para los jóvenes. Tener la iglesia abierta, tener actividades con los jóvenes, dar, hacer muchos esfuerzos por la pastoral juvenil. Todas estas cosas son verdaderamente valiosas y muy importantes, pero porque son actividades construidas sobre una experiencia de fe.

Es esto lo que la Iglesia quiere ser. Hemos hablado mucho de sinodalidad en estos años, de caminar juntos. Ustedes lo saben muy bien. Eso es lo que están haciendo. Y eso es lo que significa ser, formar parte de este Consejo Pastoral, ser ustedes mismos este testimonio, este modelo de vida cristiana.

Entonces yo les agradezco, estoy realmente contento de ver personas como ustedes, que se han comprometido para ayudarnos sólo al párroco, sino a la parroquia, a la comunidad de fieles. Los animo entonces también a salir, a buscar a otros. No a quedarse dentro de la iglesia y decir: “Está bien, los que vienen son suficientes”. Nunca es suficiente. Invitar, acoger, acompañar. Y en este sentido les deseo realmente la bendición del Señor. Que esta experiencia también para ustedes sea un tesoro y una experiencia de fe, de comunión, en la Iglesia, en la Diócesis de Roma. Muchas gracias.

Después vamos a la Misa. Por ahora podemos decir una oración juntos y pedir la bendición del Señor sobre ustedes, sobre sus familias y sobre todos sus trabajos.

Padre Nuestro…

[Bendición]

Muchas gracias a ustedes. Muchas felicidades.

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