LA FE CRISTIANA SE VIVE EN LA CARIDAD, SIRVIENDO CON ALEGRÍA Y SENCILLEZ: PALABRAS DE LEÓN XIV A LA CONFEDERACIÓN NACIONAL DE LAS MISERICORDIAS DE ITALIA (14/02/2026)

El Papa León XIV se reunió con miembros de la Confederación Nacional de las Misericordias de Italia en la Sala Clementina del Vaticano este 14 de febrero. En su discurso, recordó la historia centenaria de la Confederación, que tiene sus raíces en la espiritualidad, la caridad y la atención a las necesidades contemporáneas. El Santo Padre animó a los laicos a vivir la fe cristiana en actos de caridad que respondan a las necesidades de nuestro tiempo. Compartimos a continuación, el texto completo de us discurso, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Buenos días y bienvenidos.

Me alegra encontrarme con todos ustedes, en tan gran número, provenientes de distintas partes de Italia. Saludo a S.E. Mons. Franco Agostinelli, Corrector General, a los demás Obispos presentes, al Dr. Domenico Giani, Presidente Nacional de la Confederación, a los Correctores y a los representantes de las distintas sedes en Italia y en el extranjero.

Las Misericordias tienen una historia secular, que profundiza sus raíces en la edad medieval y encarna tres dimensiones importantes de la vida laical cristiana: la espiritualidad, la caridad y la atención a las necesidades de hoy.

Primero que nada, consideremos la espiritualidad. Desde sus inicios, su realidad asociativa ha tomado fuerza e inspiración en primer lugar de la vida de fe y la práctica sacramental de sus miembros. Así fue cuando, en la Florencia del siglo XIII, en un clima de guerra y luchas intestinas en las mismas comunidades civiles y eclesiales, gracias a la obra de figuras luminosas como San Pedro Mártir y Piero di Luca Borsi, algunos fieles laicos decidieron emprender un camino distinto, de devoción y servicio. Su ejemplo, quizá precisamente por su genuina sencillez, rápidamente contagia muchos, en la Península primero y después también en otros países, hasta llegar a Portugal y desde ahí a las Américas.

La semilla de la cual germinó y creció el gran árbol del que forman parte es, entonces, de naturaleza sacramental – se funda en el Bautismo – y, por tanto, moral y ascética. Esto implica para ustedes la tarea, para que la planta siga creciendo, de cultivar ante todo con gran compromiso la formación cristiana de sus asociados, a través de la oración, la catequesis, la fidelidad a los Sacramentos – especialmente a la Misa dominical, a la Confesión –, la coherencia moral de las decisiones y estilos de vida, según los valores del evangelio y la tradición a asociativa de la que dan testimonio sus Estatutos. Lo recordaba San Juan Pablo II a los miembros de su Confederación diciendo: «Con la asidua frecuencia a los Sacramentos se convertirán en testigos gozosos de auténtica existencia cristiana y serán sostenidos en sus pasos que siguen al Señor de la vida, el cual a través de ustedes quiere revelar al mundo de hoy, a los hombres de este tiempo, estupefacto e inquieto, el verdadero rostro de Dios, “rico en misericordia” (Ef 2, 4)» (Discurso a los miembros de la confederación de las misericordias de Italia, 14 de junio de 1986).

Bajo esta óptica es significativa la introducción entre ustedes de la figura de los Custodios de Misericordia, laicos que animan a los laicos; así como el nombre de “correctores”, con el cual designan a los Asistentes espirituales, vistos no como guías externos de la comunidad, sino como “co-rectores”, ayudantes, facilitadores y compañeros de viaje, cuyo ministerio se ejerce y se acoge en un clima de corresponsabilidad, de pertenencia afectiva, de comunión, en el que todos son protagonistas de un común esfuerzo de crecimiento en la perfección cristiana.

Y llegamos a la segunda dimensión: la caridad. Su historia da testimonio de qué una auténtica vida de fe no puede reducirse un espiritualismo desencarnado, sino que desemboca necesariamente en la sensibilidad por las necesidades de los demás y en el servicio generoso, sin reservas. Pienso en muchos de sus hermanos y hermanas, que han pagado en persona, incluso a un alto precio, la fidelidad a la tarea que se les asignó: a ellos se dirige nuestro grande gracias y nuestra oración.

Donde hay necesidad, las Misericordias están presentes, en las situaciones extraordinarias de emergencia, en los territorios de guerra, así como en los miles de servicios ocultos de solidaridad cotidiana, «para dar testimonio – lo dijo el Papa Francisco – del Evangelio de la caridad entre los enfermos, los ancianos, los discapacitados, los menores, los inmigrantes y los pobres» (Discurso de los grupos de las Misericordias y Fratres de Italia, 14 de junio 2014). A través de las Casas de Nosotros, los Almacenes solidarios, los Bancos de alimentos, la asistencia domiciliaria, los servicios de escucha y acompañamiento, ustedes se establecen con las personas relaciones de confianza y caminos de reintegración social, que se ubican más allá de la simple prestación de servicios, incluso calificados. No se limitan a “hacer para”, si no se comprometen a “caminar con”, reconociendo a los demás a hermanos y hermanas, cada uno con su dignidad e historia, a los cuales encontrar en la gratitud por el don recíproco y con los cuales caminar juntos en el camino de la santidad.

Y hay un último aspecto sobre el cual detenernos: la atención a las necesidades de hoy, que también les caracteriza. De hecho, gracias a una sólida base espiritual y comunitaria y al celo por el bien del prójimo, las misericordias son desde hace siglos, testigos de capacidad de adaptación y actualización, mostrando que hacer “juntos” y hacer “por amor” ayuda también a actuar de manera libre y creativa (cf. Francisco, Discurso a los miembros de la Caritas Italiana en el 50º aniversario de fundación, 26 de junio 2021). Son signo de ello las muchas y diversificadas actividades abrazadas por ustedes en cientos de años, según las necesidades del prójimo; así como la presencia, en esta sala, además de los hermanos y hermanas, también de los fratres, nacidos en tiempos recientes para promover la cultura del don a través de la donación de sangre, órganos y tejidos; y también de la “Pequeña misericordia”, en la que se aprende a vivir la caridad muy pronto, desde niños.

Muy queridas y queridos todos, los animo a seguir en su compromiso, como comunidad en la que se vive intensamente la fe y se practica la caridad. Busca en crecer en el espíritu y servir con alegría y sencillez, ajenos a toda lógica de poder, dedicados a la alabanza a Dios y al bien de quienes el Señor pone en su camino. Sean siempre mensajeros de esperanza, de caridad y de paz, como simboliza el Icono Jubilar que, con un largo camino, ha visitado tantas comunidades y que ahora se entrega a los hermanos y hermanas de Ucrania.

Les agradezco por lo que hacen, los recuerdo en la oración y de corazón les imparto a ustedes y a sus familias la bendición apostólica. Gracias.

Comentarios

Entradas populares