QUE QUIENES SUFREN ENCUENTREN LA PAZ EN LA CARIDAD DE DIOS, APLICADA EN LA VIDA: CARTA DE LEÓN XIV AL CARD. CZERNY, ENVIADO A LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO EN PERÚ (07/02/2026)
A Nuestro Venerable Hermano
Michael S.E.R. Cardenal Czerny, S.I.
Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral
Desde el momento en que el dios de la paz nos convocó y constituyó a la Sede de San Pedro, con todo el afecto del corazón y de la mente dirigimos Nuestra alma a la querida tierra de Perú, cuyos fieles, guiados por la piedad y el amor, buscan con confianza refugio bajo la protección de la Santa Virgen María. Nosotros mismos, de hecho, hace doce años, en la Catedral dedicada a Santa María madre de Dios fuimos elevados al sagrado orden del Episcopado para la Diócesis de Chiclayo tan querida para Nosotros y desde entonces incesantemente hemos encomendado sin cesar a la Santísima Virgen no sólo Nuestra misión apostólica, sino también el progreso en la fe cristiana del santo pueblo de Dios y ahora, de manera particular, de toda la Iglesia. Por providencia divina ocurrió que haya sido voluntad del Papa Francisco, de feliz memoria, que la 34ª Jornada Mundial del Enfermo fuera celebrada precisamente en esta tierra de Perú, para expresar con cada vez mayor intensidad la maternal preocupación de la Santísima Virgen María hacia todos aquellos que están afligidos por varios dolores y enfermedades; voluntad que Nosotros mismos recogimos con gratitud y, con la aprobación favorable de la Conferencia de Obispos de Perú, gustosamente confirmamos, disponiendo que la mencionada Jornada Mundial de 2026 tenga lugar y sea suavemente celebrada en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz, en la Diócesis de Chiclayo, donde también Nosotros en el pasado muchas veces invocamos en la oración la ayuda de Dios.
Por tanto, en dicha ocasión, en especial unión de oración con la Iglesia dispersa en todo el mundo por todos los fieles enfermos afectados por enfermedades, patologías o dolores, nosotros mismos pedimos humildemente que ellos, apoyados por dicha maternal intercesión, quieran ofrecer benignamente a Dios misericordioso por medio de María, por la paz de este mundo, todas las dificultades de su vida. Como, de hecho, de manera muy justa enseña San Agustín, inquieta está el alma humana y sólo en la inefable caridad de Dios y en su aplicación en la vida cotidiana y espiritual puede encontrar paz verdadera y duradera (cf. San Agustín, Confesiones, I, 1, 1).
En el deseo de cumplir, entonces, con espíritu vigilante el oficio de Pastor universal de la Iglesia, te hemos elegido a ti, Venerable Hermano Nuestro, en representación del Sucesor de Pedro con el fin de instruir con cuidado al pueblo reunido en la sabiduría del Evangelio y, en virtud de esta Carta, le declaramos nuestro enviado extraordinario al mencionado evento que se celebrará solemnemente el 11 del próximo mes de febrero, en la memoria litúrgica de la Santísima Virgen María de Lourdes. Presidirás los sagrados ritos en Nuestro nombre, llevando a los fieles cristianos ahí reunidos, y de entre ellos de manera especial a todos los enfermos, el consuelo y el ánimo de la consolación del Evangelio proveniente de la inefable comunión de Cristo, que prometió estar con nosotros en todas las circunstancias, todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20).
Te pedimos, finalmente, con especial afecto, Venerable Hermano Nuestro, que saludes afablemente a todos los hermanos en el Episcopado allí presentes, a las autoridades civiles, a los presbíteros, los diáconos y miembros de los Institutos de Vida Consagrada, así como a los fieles laicos y, sobre todo, a todos los enfermos y a quienes les asisten, mostrándoles Nuestra benevolencia: exhortamos a todos a dar testimonio de las virtudes teologales – fe, esperanza y caridad – y de humana y cristiana cercanía en las necesidades, cargando uno los pesos del otro y cumpliendo así la ley de Cristo (cf. Gal 6, 2) desde lo profundo del corazón.
Al encomendar tu misión, Venerable Hermano Nuestro, a la protección de la Santísima Virgen María de la Paz, te impartimos gustosamente Nuestra Bendición Apostólica, prenda de gracias celestiales, que deseamos se extienda a todos los participantes de esta Jornada Mundial del Enfermo.
Desde el Vaticano, 21 de enero de 2026, año primero de Nuestro Pontificado.
LEÓN PP. XIV

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