LA ESPERANZA NECESITA RESPUESTAS TANGIBLES Y URGENTES: PALABRAS DE LEÓN XIV A COMUNIDADES ITALIANAS AFECTADAS POR EL TERREMOTO DE 2016 (31/10/2026)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Excelencias, hermanos y hermanas, buenos días a todos. Bienvenidos.
Han pasado diez años desde la trágica secuencia de terremotos que impactó sus zonas. Se trató de eventos que provocaron cientos de víctimas, enormes daños y profundo dolor en comunidades enteras, que aún hoy llevan sus heridas.
Ante esta realidad quisiera, ante todo, ponerme con ustedes a la escucha de la Palabra de Dios, a partir de un texto que juega un papel importante en la Encíclica Magnifica humanitas (cf. n. 8). Se trata del libro de Nehemias, que relata el regreso del pueblo a una Jerusalén aún en ruinas después de la devastación realizada por los babilonios. Nehemias nos enseña un doble enfoque. Ante todo, el comunitario: la ciudad, de hecho, renace no por el trabajo de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo. Nehemias, además, nos sugiere que para reconstruir es necesario tener una visión. En casos tan dramáticos, no es suficiente alimentar buenas intenciones o confiarse en un voluntarismo desordenado. Para reconstruir es necesario adquirir una mirada capaz de captar en la ruina del proyecto de una casa y una ciudad. Es el don de una mirada profética que sepa captar más allá de los escombros algo que nadie ve todavía, una mirada que sepa discernir, dentro del mal actual, él bien que es posible y necesario realizar.
Los animo, entonces, a retomar el camino con esta doble perspectiva: por una parte, el enfoque sinodal para construir juntos; por otra, la visión profética, que a partir de la exigencia actual sabe mirar hacia delante y captar cuál es el bien común que hay que perseguir activamente.
Es así como actuaron los santos. Su tierra ha sido bendecida por la presencia de mujeres y hombres de Dios, que han sabido vivir estas dos dimensiones y cambiar históricamente el mal en bien. Pienso, por ejemplo, en Santa Rita de Cascia o en San Nicolás de Tolentino, que con la oración y el anuncio del Evangelio llevaron paz a las familias y comunidades devastadas por el odio y la violencia. Movido por la misma amplitud de miras, ya San Benito había sabido reformar y reconstruir la Iglesia y la sociedad a través de la oración y el trabajo, sentando las bases de lo que se convertiría en la Europa de hoy. Finalmente, 800 años de su Tránsito, recordemos a San Francisco de Asís. Frente al crucificado él escuchó la voz del Señor que le decía: “Ve y repara mi casa que, como ves, está totalmente en ruina” (Vida segunda de Tomás de Celano: FF 593). Se puso, entonces, a restaurar materialmente diversas iglesias pequeñas en la zona, comprendiendo posteriormente que la “casa” de la que hablaba el Señor era la Iglesia misma, que atravesaba en aquel periodo una profunda crisis espiritual.
El ejemplo de los santos nos recuerda que la esperanza, para que no permanezca como un simple deseo, necesita, ante todo, respuestas tangibles y urgentes. Por este motivo, a 10 años del sismo, es necesario comprometer todas las energías para que la reconstrucción material ocurra en el menor tiempo posible, con seguridad y de manera transparente. Además, la esperanza, para ser duradera, requiere perspectiva: debe identificar puntos de referencia que orienten el camino.
Al respecto, quisiera señalarles el ejemplo de otra figura bíblica involucrada en la reconstrucción de Jerusalén: el profeta Ageo. Viviendo poco antes del gobernador Nehemias, también él invitaba al pueblo a la reconstrucción. Como Nehemias, se dirigió a las autoridades religiosas y civiles y al pueblo de la ciudad, para que todos se sintieron responsables del renacimiento común. Su mensaje, sin embargo, es muy específico: Ageo invita al pueblo, preocupado por sus casas y necesidades individuales, a no olvidar aquel centro que representaba el corazón de la Ciudad santa, es decir el templo. No se puede comenzar de nuevo, de hecho, sin reconstruir primero lo que da sentido y fundamento a una comunidad. De otra forma todo permanece desunido y se desmorona. Se trata, entonces, de comenzar de nuevo desde el centro, de iniciar a partir de Dios, de las personas, del bien común, de las relaciones. Entonces nuestra esperanza estará fundada en la roca. Gracias.
Muy queridos todos, los animo a esta obra de reconstrucción con las palabras del mismo profeta Ageo: «Animo, pueblo todo del país, dice el señor, y ¡a trabajar, porque yo estoy con ustedes!» (Ag 2, 4)
Les agradezco por su visita e, invocando la intercesión de María Santísima y de sus santos patronos, bendigo de corazón a todos ustedes y a sus comunidades.

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