QUE SU INSIGNIA MÁS HERMOSA SEA UN CORAZÓN QUE SABE CUSTODIAR: HOMILÍA DE LEÓN XIV EN LA MISA CON MIEMBROS DE LA GENDARMERÍA VATICANA (03/10/2026)

Unos días después de la Fiesta de San Miguel Arcángel, su Santo Patrono, el Papa León XIV celebró este 3 de octubre por la tarde la Misa junto al cuerpo de la Gendarmería Vaticana, en la Gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos. En su homilía, el Santo Padre rindió homenaje a estos hombres que garantizan su protección y la del pequeño Estado, y recordó el sentido de su servicio. “Quien vela por los demás debe guardar primero en sí mismo la verdad, la justicia, la bondad y el respeto”, afirmó en su homilía, cuyo texto reproducimos a continuación, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas:

Estoy muy contento de celebrar para ustedes y con ustedes la Eucaristía, en ocasión de la Fiesta de su Patrono San Miguel Arcángel. Hace poco quince de ustedes pronunciaron su juramento. Este es el momento de la oración. En particular, ahora detengámonos brevemente a reflexionar sobre la palabra de Dios que hemos escuchado: ella nos ayuda a comprender qué significa servir, custodiar y proteger.

El profeta Isaías (5, 1-7) nos habló de la viña amada y cuidada con mucha atención. Es símbolo del amor de Dios por su pueblo. Dios ha hecho todo por su viña y espera de ella frutos buenos. Y el señor llama a todos sus hijos a trabajar en su viña, de manera que somos al mismo tiempo viña y trabajadores. Para ustedes, gendarmes, este servicio es una forma de ser trabajadores en la viña del Señor. A su cuidado se encomiendan lugares, ingresos, edificios, pero sobre todo personas. Un rasgo que es aparente al encontrarlos es precisamente el cuidado: es hermoso ver cómo miran al otro no como un problema a resolver, sino como una persona que hay que respetar y custodiar.

En el Evangelio (Mt 21, 33-43), la parábola de Jesús nos mostró un ejemplo negativo: los viñadores que, en el tiempo, han olvidado que la viña no les pertenece, sino que les ha sido encomendada para que cuiden de ella. Es una llamado de atención valiosa para quien vive un servicio: lo que recibimos es una responsabilidad que hay que custodiar con humildad y dedicación, que hay que vivir con discreción y sentido del deber. Sepan bien que la autoridad, a la luz del Evangelio, se expresa ante todo en la capacidad de custodiar, escuchar y acompañar, con equilibrio, firmeza y respeto.

Y después Jesús relata que el dueño de la viña manda a su propio hijo. Al centro de la parábola está este hijo, que representa a Cristo. Y al centro de su vida y de su servicio debe estar Él: Jesucristo. Aún antes que ser gendarmes, son hombres llamados a seguirlo. De Él aprendemos la fuerza que sabe hacerse mansedumbre, la vigilancia que nace de la confianza, la autoridad que camina junto con la humildad y la valentía de intervenir con corazón misericordioso.

En la segunda lectura San Pablo nos dijo: «No se angustien por nada, sino que en todas circunstancia hagan presentes a Dios sus peticiones» (Fil 4, 6). También esta es una palabra muy apropiada para su servicio. Habrá días tranquilos y días difíciles; momentos en los cuales será necesario decidir rápidamente; situaciones que traerán cansancio y preocupación. El gendarme no carga todo solo: hace oración, sabe confiar, sabe encontrar en Dios esa paz que le permite actuar con lucidez y con corazón sereno.

Y el Apóstol agrega: «Lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, digno de honor, lo que es virtud y merece alabanza, que este sea el objeto de sus pensamientos» (cf. Fil 4, 8). Allí está otro rasgo de su “kit de identidad”: un corazón y una mente educados para el bien. Antes que cualquier gesto externo está una mirada interior. Que custodia a los demás debe custodiar primero dentro de sí la verdad, la justicia, la bondad y el respeto. Custodiar a los demás pide un corazón custodiado por el Señor.

Su trabajo les pide ciertamente estar vigilantes, pero la Palabra de hoy los invita a algo aún más profundo: a velar con cuidado también de ustedes mismos. A custodiar el corazón, para que no se endurezca, sino que siempre sea dócil a Dios y atento a los demás; a custodiar la conciencia, para que siga guiándolos con rectitud; a custodiar la fraternidad entre ustedes, para que cada uno pueda sentirse acogido, apoyado y nunca solo. Porque un grupo se convierte realmente en “comunidad” cuando sus miembros cuidan unos de otros y aprenden a caminar juntos, apoyándose con sencillez y amor.

Concluyo también este año con un pensamiento de afecto y gratitud para sus familias. A los padres, a las mujeres, a los hijos, a las prometidas: gracias. Ustedes conocen los sacrificios, las ausencias, los horarios, las preocupaciones y también el peso de un servicio que no siempre es visible.

A quienes sirven desde hace muchos años y a los quince que hoy hicieron juramento, les digo: nunca olviden por quién y por qué eligieron servir. Sean hombres confiables, discretos, leales. Dejen que sea Jesús quien inspire su servicio. Que su insignia más hermosa sea un corazón que sabe custodiar.

Encomendemos todo esto a la Virgen. Que María, mujer del cuidado y la confianza, acompañe a sus familias y a cada uno de ustedes. Y a San Miguel Arcángel le pedimos estar junto a él en la vigilancia y la lucha contra todo mal. Que los proteja en su servicio y los ayude a permanecer fieles, para que el señor Jesús esté siempre en el centro de su vida, de su servicio y su corazón.

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