EL DERECHO CANÓNICO DEBE REFLEJAR LA IMAGEN DE LA IGLESIA: PALABRAS DE LEÓN XIV A PARTICIPANTES EN CONGRESO INTERNACIONAL DE DERECHO CANÓNICO (23/10/2026)

Este 23 de octubre, el Papa León XIV recibió en audiencia, en la Sala Clementina, a los participantes en el Congreso Internacional con motivo del 150º aniversario de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana. El Pontífice les recordó que, «el derecho canónico debe tender siempre al bien sobrenatural de los fieles en lo individual y a la edificación de la comunión eclesial». Compartimos a continuación el texto de su discurso, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Eminencias, Excelencias, hermanos y hermanas:

Me alegra mucho dirigir mi saludo a ustedes, Rector Magnífico, Padre Decano, profesores y docentes, estudiantes y amigos, que participan en el congreso internacional con motivo del 150º aniversario de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana.

El 16 de agosto de 1876, por voluntad del Beato Pío IX, la Congregación para los Estudios disponía la institución de su Facultad. Ese fue el cumplimiento de una larga tradición de estudio y enseñanza del Derecho Canónico, que había acompañado la historia del Colegio Romano y de la Compañía de Jesús. La fecha en la cual celebramos el 150º aniversario representa, de hecho, una etapa fundamental de una historia iniciada hace siglos, gracias a la cual la enseñanza del Derecho Canónico ya había madurado una tradición científica propia, mediante el aporte de números figuras de maestros que dieron brillo a la Facultad y contribuyeron de manera relevante al desarrollo de la ciencia canónica. Ellos constituyen una especie de hilo ininterrumpido que une a las generaciones y que todavía hoy entrega una valiosa herencia científica y eclesial.

Esta Facultad, así como la Universidad en la cual está inserta, es una obra apostólica de la Compañía de Jesús. Ella participa, entonces, de la espiritualidad que tiene su fuente en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y que, entre sus rasgos característicos, tiene el que está sintetizado en la expresión: Non multa, sed multum. Importa, entonces, no el conocimiento de muchas cosas, sino penetrar profundamente en la realidad, comprenderla, interiorizarla. Así escribe San Ignacio: «No el mucho saber sacia y satisface el alma, sino el sentir y saborear las cosas interiormente» (cf. EE. SS., Anotaciones, 2, 4).

No sorprende, entonces, que esta actitud espiritual encuentre correspondencia en la forma en la cual su Facultad concibe la enseñanza del Derecho de la Iglesia. La finalidad, de hecho es, además de conocer las normas apropiadas para regular la vida eclesial, la de formar personas que tengan el sentido eclesial de lo iustum, adquirido mediante el estudio cuidado de las fuentes, de la tradición canonista y de los principios teológicos que iluminan la norma. Eso es posible cuando el estudio del Derecho Canónico ocurre a la luz del misterio de la Iglesia, así como es ilustrado por el Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Lumen gentium. Si es verdad, como escribió San Juan Pablo II en la Constitución apostólica Sacrae disciplinae leges (25 de enero 1983) con la cual promulgaba el Código de Derecho Canónico para la Iglesia Latina, que «es imposible traducir perfectamente en lenguaje “canónico” la imagen de la Iglesia», sin embargo, el Derecho Canónico debe reflejarla. Éste realiza un servicio esencial en el cuidado de la comunión eclesial y, por tanto, es «extremadamente necesario para la Iglesia» y tiene como su fin «crear tal orden en la sociedad eclesial que, al asignar la primacía al amor, a la gracia y al carisma, hace […] más realizable su desarrollo orgánico». El bien de la persona y de la comunidad eclesial, de hecho, no pueden existir independientemente uno del otro.

Por eso en el Programa de estudios de su Facultad se lee: «el Derecho de la Iglesia debe siempre tender al bien sobrenatural de los fieles en lo individual y a la edificación de la comunión eclesial». Los exhorto a obrar fielmente según dicha finalidad, es decir, para el bien sobrenatural de las personas, que se realiza persiguiendo la verdadera justicia, nunca separada en la iglesia de la verdad y la misericordia. San Agustín lo expresa con una fórmula muy querida para la tradición cristiana: «Ordinata dilectio est iustitia».

Quisiera, además, subrayar una característica de su identidad que se encuentra también en los Estatutos: la Facultad «reconoce su papel especial en el servicio a la misión petrina. Por ello, en la enseñanza es fiel al magisterio de la iglesia y da prioridad al servicio que sus profesores prestan a la Sede Apostólica». Los invito, por tanto, a proponer a sus estudiantes una experiencia viva de la Iglesia universal, que encuentra en el Obispo de Roma el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad (cf. Lumen gentium, 23).

Los y las estudiantes – clérigos, consagrados y laicos –, que llegan desde muchas partes del mundo para realizar sus estudios en Roma, deben poder experimentar, también a través de la vida universitaria, que la Iglesia es una comunión universal; y, una vez de regreso en sus Iglesias particulares, llevar consigo esta experiencia como una riqueza para compartir, poniéndole al servicio de sus comunidades.

Muy queridos todos, después de 150 años su Facultad puede mirar al futuro confiando en Dios y también en la gran herencia recibida. Así, siguiendo la huella de quienes les han precedido, podrán seguir dando esos frutos de doctrina, de ciencia y santidad de vida que el Señor y la Iglesia esperan de ustedes.

Que los acompañe en este camino la intercesión de María Santísima Speculum iustitiae, y mi bendición apostólica.

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