QUE LA CARIDAD SEA LA FUENTE DE SU ORACIÓN, EL ALMA DE SU ACCIÓN: PALABRAS DE LEÓN XIV A LOS MIEMBROS DEL CÍRCULO DE SAN PEDRO (12/10/2026)
“Que la caridad sea siempre fuente de su oración, alma de su acción y expresión de su sacrificio espiritual”: con estas palabras, el Papa León XIV confió este 12 de octubre a los miembros del Círculo de San Pedro, recibidos en el Aula de las Bendiciones, una orientación para continuar su misión al servicio de los pobres y de las personas más vulnerables de Roma. En el primer encuentro con los miembros de esta benemérita Asociación, el Pontífice puso en el centro la caridad, capaz de armonizar los tres pilares de su carisma: oración, acción y sacrificio. Compartimos a continuación el texto de su mensaje, traducido del italiano:
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Muy queridos hermanos y hermanas, bienvenidos:
Me alegra mucho recibir por primera vez al Círculo de San Pedro. Agradezco de corazón al Presidente y a todos ustedes los socios hoy reunidos.
Desde 1869 su benemérita Asociación reúne, en nombre del Papa, a muchas personas necesitadas de nuestra amada ciudad de Roma, ofreciendo los alimentos que cotidianamente distribuyen, el asilo nocturno para personas sin morada fija, el alojamiento para las familias en dificultades y otros servicios. Es una obra encomiable, que realiza el mandamiento del Señor de una caridad que, en lo secreto, espera sólo de Dios su recompensa (cf. Mt 6, 3-4). Contribuyen a formar el rostro bello de la Iglesia, que da testimonio del Evangelio entre los pobres y los últimos. Gracias.
Reflexionando sobre los tres ejes de su carisma – oración, acción y sacrificio – quisiera entregarles hoy una palabra que las reúne en perfecta armonía: caridad.
En primer lugar, de hecho, la oración es el fundamento de la caridad. No es casualidad que la primera palabra de su lema refiera al vínculo con Dios. No se puede dar más que aquello que se ha recibido. Y la oración es precisamente, esa relación a través de la cual recibimos la misma caridad que estamos llamados a entregar. Los animo siempre a volver a la Palabra de Dios y a la oración como fuente inagotable de su dedicación.
La segunda palabra de su lema, “acción”, indica la perspectiva hacia la cual hay que dirigir el amor recibido por Dios. La oración, de hecho, se vuelve eficaz cuando tiende hacia el prójimo. La caritas generada por el Espíritu Santo es el amor de Dios derramado en nuestros corazones: un amor que se vuelve compromiso de vida y servicio. Este amor debe convertirse en meta, estilo y sentido de nuestro vivir.
El tercer eje en torno al cual gira su carisma, el sacrificio, remite, finalmente, al corazón de la caridad, indicándonos la manera con la cual vivir el equilibrio entre oración y acción. «Verdadero sacrificio – escribe San Agustín – es toda obra con la cual nos comprometemos para reunirnos en santa comunión con Dios. Por tanto, también el bien con el que se socorre al hombre, si no se realiza en relación con Dios, no es sacrificio. De hecho, si bien el sacrificio se realiza y ofrece por el hombre, es algo divino» (De Civitate Dei, X, 6). Al ofrecer su tiempo, su entusiasmo y también su cansancio en favor de los más pequeños, ustedes forman parte de la obra misma de Cristo, que nos amó y entregó su vida por nosotros. Unidos a su sacrificio, entonces, ya no somos nosotros los que vivimos, sino Cristo mismo vive en nosotros (cf. Gal 2, 20).
Muy queridos todos, que la caridad sea siempre fuente de su oración, alma de su acción, expresión de su sacrificio espiritual
Les agradezco por el Óbolo de San Pedro que hoy entregan como signo de su fidelidad y devoción al Santo Padre. Su devoción está siempre presente conmigo, porque llevo siempre el regalo que me hicieron en el momento de mi elección y les agradezco sinceramente. Éste sostiene – aquí hablo del Óbolo que hoy entregan – la preocupación del Obispo de Roma por esta ciudad y es, al mismo tiempo, ayuda para las exigencias de la Sede Apostólica en el servicio a toda la Iglesia.
Encomiendo al Círculo de San Pedro a la protección de la Virgen María, Salus Populi Romani, y bendigo de corazón a todos ustedes, a sus familias y a cuantos encuentran en su apostolado caritativo. Gracias.

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