CRISTO NO DEBE CONVERTIRSE EN UNA “PALABRA AJENA” EN NUESTRO MUNDO: PALABRAS DE LEÓN XIV A DELEGACIÓN DE LA FEDERACIÓN LUTERANA MUNDIAL (01/10/2026)
“Nuestro mundo necesita el testimonio ecuménico de Cristo”, enfatizó el Papa León XIV esta mañana del 1º de octubre durante la audiencia a los representantes de la Federación Luterana Mundial, en la que invitó a regresar, “con profunda devoción”, a las “raíces comunes, a la fe de la Iglesia primitiva y los Padres de la Iglesia”. Transcribimos a continuación el texto de su discurso, traducido del inglés:
La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con ustedes (2 Cor 13, 13).
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Cordialmente les doy la Bienvenida a ustedes, representantes de la Federación Luterana Mundial. Extiendo un especial saludo al Presidente de la Federación Luterana Mundial. Gracias por sus amables palabras y por este regalo simbólico y hermoso. También saludo al Secretario General, el Rvdo. Burghardt, que se encuentra aquí. Renuevo mi gratitud por su presencia en el inicio de mi pontificado el año pasado.
Me complace que las relaciones entre luteranos y católicos hayan madurado tanto espiritual como teológicamente a través de las décadas. El diálogo internacional, ahora en su sexta fase, ha producido importante introspección. Un punto clave en el camino ecuménico fue, ciertamente, la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación. Sin embargo, los textos desarrollados de forma unida en años anteriores – sobre todo La Eucaristía, El Ministerio en la Iglesia y Caminos hacia la Comunidad – también merecen recordarse y ser recibidos cada vez de manera más profunda.
Hace cinco años, en su discurso a la Federación Luterana Mundial durante una audiencia privada, mi predecesor el Papa Francisco describió bellamente el significado del ecumenismo: «El ecumenismo no es un ejercicio de diplomacia eclesial sino un camino de gracia. Depende no de negociaciones humanas y acuerdos, sino de la gracia de Dios, que purifica las memorias y los corazones, supera actitudes de rigidez y dirige hacia una comunión renovada» (Discurso a la delegación de la Federación Luterana Mundial, 25 de junio 2021).
Una comunión renovada en la fe apostólica, en los sacramentos y en los ministerios es la meta de nuestro camino ecuménico de gracia, que recorremos juntos guiados por el Evangelio. En nuestro viaje común desde el conflicto hacia la comunión, hay momentos especiales. Como mencionó usted, el año 2030, que marca el 500º aniversario de la Confesión de Augsburgo, puede convertirse en uno de esos momentos compartidos: una profunda experiencia ecuménica que puede dar nueva energía y alegría a los pasos quedaremos hacia la unidad plena y visible.
Cuando la Confessio Augustana fue leída en Augsburgo el 25 de junio de 1530, la unidad de la Iglesia de Occidente estaba en peligro, pero aún no destruida. Los autores de la Confesión de Augsburgo – como mi predecesor San Juan Pablo II lo planteó – tenían la «intención de dar testimonio de su fe en la única, santa, católica y apostólica iglesia» (Discurso en ocasión del 450º aniversario de la Confessio Augustana, 25 de junio 1980). La Confesión de Augsburgo, tuvo como intención original ser un documento de reconciliación dentro de la Iglesia. Sólo después llegó a entenderse como un texto de confesionalización divisiva.
Mirando hacia el 2030, sería bueno si pudiéramos nuevamente lograr afirmar juntos el potencial ecuménico pre-confesional de la Confessio Augustana. Sinceramente apelo a todos los creyentes, y especialmente a los teólogos, a dirigir sus mentes hacia Cristo y el Evangelio. Volvamos, con profunda devoción, a nuestras raíces comunes, a la fe de la Iglesia primitiva y los Padres de la Iglesia, para redescubrir la herencia apostólica y pre-confesional que realmente nos une como hermanos y hermanas, hermanos y hermanas en Cristo.
Cristo no debe volverse una “palabra ajena” en nuestro mundo. Nuestro mundo necesita el testimonio ecuménico de Cristo que hace que se le conozca a través de sus vidas y acciones, porque sólo Cristo es la fuente viviente capaz de llenar las más profundas aspiraciones de la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, unidos en esta tarea ecuménica y misionera compartida, quisiera agradecerles una vez más por su visita. Renovemos nuestro compromiso por la unidad orando juntos ahora como el Señor nos enseñó.
Padre Nuestro… [recitado juntos].

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