LAS MUJERES EN EL VATICANO, RIQUEZA QUE DEBE SER RECONOCIDA Y VALORADA CADA VEZ MÁS: PALABRAS DE LEÓN XIV A EMPLEADOS LAICOS DEL VATICANO (05/10/2026)

Con una invitación a mantener “despierta la atención sobre la centralidad insustituible de la persona humana y sobre la dignidad inalienable del trabajo”, inició su discurso el Papa León XIV este 5 de octubre, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, en una audiencia especial dedicada a la Asociación de Empleados Laicos del Vaticano (ADLV) y  a la Asociación de Mujeres en el Vaticano (D.VA). El Santo Padre destacó el papel del trabajo como un instrumento que acrecienta la dignidad humana y contribuye “al progreso de la sociedad y a la construcción del bien común”. Transcribimos a continuación el texto de su discurso, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra recibirlos, les agradezco por su visita y, aún más, por la dedicación y el espíritu de servicio con el que desarrolla su trabajo cotidiano en distintos organismos de la Sede Apostólica, colaborando, de esta forma, con el ministerio pastoral del Papa.

Ante los desafíos actuales planteados al mundo del trabajo, en particular por los desarrollos de la inteligencia artificial, es más que nunca decisivo mantener despierta la atención sobre la centralidad insustituible de la persona humana y sobre la dignidad inalienable del trabajo; éste, de hecho, «no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida. Es una exigencia inscrita en la condición humana, un camino ordinario hacia la madurez, el desarrollo y la realización personal». [1]

Mediante el trabajo «contribuimos al progreso de la sociedad y a la construcción del bien común, hacemos fructificar las capacidades recibidas, mejoramos y embellecemos el mundo, sostenemos a nuestras familias, entramos en relación de cooperación y aprendemos a construir juntos, en la escucha y el diálogo, algo que nadie podría realizar solo». [2]

Queridos amigos y queridas amigas, ustedes pertenecen a dos Asociaciones diferentes, pero que tienen en común el ambiente de trabajo, es decir el Vaticano. Mis predecesores, en sus enseñanzas dedicadas a la naturaleza del trabajo en la Sede Apostólica, pusieron en el centro dos conceptos de fundamental valor: el de comunidad y el de unidad, que son muy importantes también para mí.

En efecto, todos los que, de diversas formas y con distintas tareas, son llamados a colaborar con su trabajo en el ministerio del Papa constituyen una comunidad eclesial, partícipe, en espíritu de fe y de unidad, en la única y universal misión que el Señor Jesús encomendó al apóstol Pedro y a sus sucesores.

Con igual dignidad, todos contribuyen, cada uno en su propio papel y con el propio compromiso laboral, a la misma misión, manifestando dicha conciencia y responsabilidad ante todo «en la escrupulosa fidelidad a todas las tareas y deberes asignados, así como también en el celo, en la laboriosidad y el profesionalismo que deben distinguir a quien participa en las actividades de la misma Sede Apostólica». [3]

San Juan Pablo II reconoció que – cito – «para promover dicho espíritu […] podrán desarrollar una tarea válida de colaboración asociaciones de prestadores de trabajo, como la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos», precisando que «no responde a la Doctrina Social de la Iglesia la desviación de este tipo de organizaciones hacia el terreno de los conflictos o el enfrentamiento». [4]

La vía del diálogo, entonces, sigue siendo el camino maestro sobre el cual también yo los exhorto a caminar siempre, con confianza y creatividad, en la búsqueda común de solución adecuadas a los problemas que juntos debemos enfrentar y en la edificación cotidiana de nuestra comunidad de trabajo.

Lanzar nuevamente el diálogo, para todos los niveles es, de hecho, lo que, en mi primera encíclica, quise proponer a toda la Iglesia y a todas las mujeres y hombres de buena voluntad, como «parte integral de la vocación de la iglesia» [5], «instrumento principal de la convivencia entre las personas» [6], y «camino ordinario para enfrentar los conflictos» [7]. En particular, la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos se define, en el vigente “Marco normativo” que se refiere a ella, como «una estructura de diálogo de sus asociados con la Oficina del Trabajo de la Sede Apostólica».

Por su parte, la Asociación de Mujeres en el Vaticano puede contribuir a hacer crecer en nuestros ambientes el estilo de colaboración, de escucha recíproca, de atención a situaciones de dificultad. La presencia de las mujeres constituye una riqueza que debe reconocerse y valorarse cada vez más. Ellas aportan, además de una particular sensibilidad hacia las personas y las relaciones, también el conjunto de los talentos humanos, profesionales e intelectuales propios de la experiencia y el pensamiento femeninos. Sus capacidades, capacidad de discernimiento, creatividad y concreción incrementan la vida de las instituciones y contribuyen a adquirir una mirada más amplia sobre la realidad y los problemas que se encuentran.

Recorriendo juntos este camino, nos comprometeremos a construir cada vez más una comunidad de trabajo en donde las personas no sean usadas o utilizadas como peldaños, en donde nos ayudemos mutuamente, se reconozca a cada uno su valor y capacidad, evitando generar insatisfacciones y rencores [9].

Con estos sentimientos de aprecio y de confianza los bendigo cordialmente a ustedes, a sus seres queridos y a su trabajo. Gracias.


[1] Carta enc. Magnifica humanitas (15 mayo 2026), 149.

[2] ibid., 148.

[3] S. Juan Pablo II, Carta acerca del significado del trabajo prestado a la Sede Apostólica (20 noviembre 1982): AAS 75 (1983), p. 121.

[4] ibid., p. 123.

[5] Carta enc. Magnifica humanitas, 2.

[6] ibid., 219.

[7] ibid., 221.

[8] “Marco normativo de las relaciones entre la Oficina del Trabajo de la Sede Apostólica (ULSA) y la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos (ADLV)”, aprobado con la Disposición del Secretario de Estado (N. 343.814/A, del 16 de abril 1994).

[9] cf. Discurso a la Curia Romana para las felicitaciones navideñas (22 diciembre 2025).

Comentarios